El Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el megacohete con el que la Nasa espera que la humanidad vuelva a poner los pies en la Luna, tuvo en las últimas semanas su presentación oficial. Por primera vez, la gigantesca nave de 98 metros de altura y 5,75 millones de libras (unas 2.600 toneladas), pudo ser vista por los espectadores en la plataforma de lanzamiento en el Centro Espacial Kennedy, en Florida. El primer cohete lunar presente en este lugar desde que finalizaron los viajes al satélite natural hace 50 años.

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Solo su salida del edificio de ensamblaje de vehículos y su desplazamiento hacia la plataforma 39B, donde se le practican las pruebas finales antes de su lanzamiento con la misión Artemis I, fue catalogado por la agencia espacial estadounidense como un momento icónico para el SLS y la nave espacial Orión—que se ubica en la parte superior del lanzador—. “Este es un hito clave para la Nasa”, dijo Tom Whitmeyer, administrador asociado adjunto de Desarrollo de Sistemas de Exploración Común en la sede de la agencia en Washington. “Ahora en la plataforma, por primera vez, usaremos los sistemas integrados para practicar la cuenta regresiva y cargar el cohete con los propulsores que necesita para enviar a Orión en un viaje lunar, en preparación para el lanzamiento”.

La emoción de los funcionarios de la Nasa no es menor. Se trata de los primeros pasos para convertir en realidad las misiones Artemis, con las que esperan establecer una exploración a largo plazo en la Luna y de ahí embarcarse hacia el espacio profundo, con misiones humanas a Marte. El SLS, junto con la nave espacial Orión, la plataforma Gateway —una estación espacial que se mantendrá en la órbita lunar— y el sistema de aterrizaje humano serán la columna vertebral del programa, tecnología que están desarrollando para alcanzar un propósito digno de ciencia ficción.

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Integración de Orion en la parte superior del lanzador a la Luna

Integración de la nave espacial Orion sobre el cohete Space Launch System (SLS) en el Centro Espacial Kennedy de la Nasa en Florida. 

De acuerdo con la Nasa, el SLS será el único vehículo de lanzamiento que puede enviar a la nave Orión, a los astronautas y a los suministros a la Luna en una sola misión. Solo para Artemis I, el cohete deberá enviar más de 27 toneladas métricas al satélite natural y se espera que a medida que evolucione, y según las necesidades de los proyectos futuros, tendrá aún más poder y será capaz de elevar cargas útiles aún más pesadas a la órbita del satélite.

En esta primera fase no tripulada del programa se utilizará la configuración del Bloque 1 de la nave. Durante el lanzamiento y el ascenso, SLS producirá 8,8 millones de libras de empuje máximo, 15 por ciento más que el cohete Saturno V, usado en los programas Apolo, que pusieron por primera vez a los seres humanos en la Luna. Así, el SLS lanzará una nave espacial Orión sin tripulación a una órbita de 64.000 kilómetros más allá de la Luna, o 450.000 kilómetros más allá de la Tierra, más lejos de lo que jamás haya volado ninguna nave espacial construida para humanos. Una primera misión destinada a demostrar el rendimiento de todos los equipos antes de un vuelo tripulado.

Un viaje con dudas

No es un cohete reutilizable, se lanza con la mínima capacidad inicial del Saturno V, y tiene una serie de modularidades que permiten agregarle más etapas y detalles.

Sin embargo, el camino de la Nasa hacia la Luna no ha estado libre de tropiezos. Por un lado, pese a la emoción que ha mostrado en los últimos días la Nasa alrededor de su nuevo cohete, entre los expertos en el tema aeroespacial los reparos persisten. A diferencia de la tecnología reutilizable que nos hemos acostumbrado a ver con los cohetes de SpaceX, el megacohete lunar de la agencia espacial no lo es. Una característica poco funcional para una misión cuyos lanzamientos se han estimado en un costo de 4.100 millones de dólares (unos 15 billones de pesos) por cada uno.

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Snoopy como indicador de gravedad cero.

Snoopy como indicador de gravedad cero de Artemis I.

Foto:

2021 Peanuts Worldwide LLC/Nasa

Según explica Juan Francisco Puerta, magíster en Ingeniería de Sistemas Espaciales de la Universidad de Southampton en el Reino Unido y profesor de la Universidad de Antioquia, el desarrollo conceptual de este cohete viene del Programa Constellation, con el que se quería diseñar el reemplazo del transbordador espacial, por eso la idea era desarrollar un cohete con igual o mayor capacidad que el Saturno V, con la tecnología existente en ese momento. Un panorama en el que no habían aparecido aún los privados que han probado ser capaces de desarrollar tecnología más funcional y sostenible.

“Cuando el programa comenzó no existía SpaceX, a raíz del éxito que esta empresa ha tenido y que hoy en día estamos ad portas de que lancen su megacohete con el Starship, ese es el gran problema que tiene el SLS y la lucha en la que están. No es un cohete reutilizable, se lanza con la mínima capacidad inicial del Saturno V, y tiene una serie de modularidades que permiten agregarle más etapas y detalles, dependiendo de si son misiones tripuladas o no, y tendrá más capacidad. Bajo esa premisa posiblemente sea el cohete más poderoso, pero su punto débil es la funcionalidad”, manifiesta el ingeniero.

Una opinión similar tiene Daniel Posada, candidato a doctor en ingeniería aeroespacial de la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, en Estados Unidos. “Starship, el megacohete de SpaceX, realmente es más potente que el SLS. Sin embargo, es muy bonito ver que desarrollaron este cohete, que es la evolución del Saturno V pero que ha tenido un desarrollo muy complejo; siempre han estado por encima del presupuesto y, con miras a la tecnología reusable, todavía le falta esa parte”.

Para Posada, a pesar de esto, el SLS cuenta con detalles que lo hacen icónico, al combinar muchos elementos de la carrera espacial del pasado.

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“Por ejemplo, tiene el tanque anaranjado, el que usaban para el transbordador; los cohetes que tiene al lado son motores de combustible sólido, también usados en el transbordador; trae mucha adaptación al desarrollo que se hizo para misiones previas, actualizado para las nuevas”, comenta el experto.

Pero es claro en plantear, al igual que Puerta, que la rentabilidad para el programa con este tipo de tecnología sigue siendo un obstáculo difícil de superar.

Los retrasos

Artemis

La nave espacial Orion colocada sobre el cohete lunar del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), completando el ensamblaje para la prueba de vuelo Artemis I en el Centro Espacial Kennedy.

En un principio la agencia espacial estadounidense había planteado, durante el gobierno de Donald Trump, que el programa Artemis, que lleva el nombre de la hermana gemela de Apolo, comenzaría a enviar misiones robóticas en el 2021, algo que no pasó en parte por la pandemia, además de los líos presupuestales en el desarrollo del cohete y de otros detalles, como el del diseño de los trajes que llevarán los nuevos astronautas, entre ellos la primera mujer y la primera persona afroamericana que irán a la Luna.

En el cronograma inicial se había planteado que seguirían las misiones tripuladas de Artemis II que orbitarían la Luna en el 2023, un plazo que en un principio se pospuso hasta el 2024, luego al 2025, y se estima que no podrá realizarse hasta por lo menos el 2026 debido a los costos de lanzamiento, que han sido calificados como insostenibles.

Al menos eso fue lo que dio a entender a inicios de marzo el inspector general de la agencia espacial estadounidense, Paul Martin, durante una audiencia del Subcomité de Aeronáutica y Espacio de la Cámara de Representantes de Estados Unidos: “Dado el tiempo necesario para desarrollar y probar el sistema de aterrizaje humano y los trajes espaciales de la próxima generación de la Nasa, estimamos que la fecha para un aterrizaje lunar tripulado probablemente se retrase hasta 2026, como muy pronto”, mencionó Martin.

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Por ahora, se espera que, una vez se completen las pruebas finales del SLS, a mediados de este año por fin arranque Artemis I. Se proyecta que esta misión dure de cuatro a seis semanas en las que Orión permanecerá en el espacio más tiempo que cualquier nave para astronautas sin acoplarse a una estación espacial, orbitando alrededor de la Luna para luego regresar a casa.

Según explica el ingeniero Posada, en este primer vuelo todos los componentes irán exactamente preparados y probados como si fueran a llevar personas. “Principalmente el reto más grande es la cápsula Orión, que se supone va a llevar a los astronautas, por eso la intención con este largo trayecto es probar que en caso de que haya problemas o se requiera la supervivencia de los astronautas por varios días en este tipo de trayectoria tan compleja, la nave sea capaz de sobrevivir en este entorno, además de los sistemas de control para verificar que sigan la trayectoria de manera correcta, garantizando un seguro regreso”, detalla.

Si se completa este viaje, aun quedan muchos detalles por afinar para volver a ver de nuevo huellas humanas en la Luna. Pero la Nasa es optimista. El miércoles de la semana pasada Bill Nelson, administrador de la agencia espacial, dijo que están planeando un aterrizaje humano en la Luna por año durante una década más o menos en preparación para las misiones humanas iniciales a Marte a finales de la década de 2030 o 2040.

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Para conseguirlo, además de su alianza actual con SpaceX para el desarrollo del sistema de aterrizaje humano, la agencia espacial anunció la semana pasada que planea crear oportunidades adicionales para que las empresas comerciales presenten otras propuestas de módulo de aterrizaje lunar capaces de transportarlos entre la órbita y la superficie lunar para misiones más allá de Artemis III.

Un esfuerzo que, de acuerdo con la Nasa, está destinado a maximizar el apoyo a la competencia y que abunden los servicios para garantizar que el sueño lunar pueda convertirse en una realidad.

ALEJANDRA LÓPEZ PLAZAS
REDACTORA DE CIENCIA@TiempodeCiencia

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