En Colombia crecen más de la mitad de las plantas alimenticias del mundo – Ciencia – Vida


Es un hecho ampliamente conocido que Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del planeta. Además de una gran variedad de animales e insectos, el territorio nacional alberga alrededor del 10 por ciento de la diversidad vegetal mundial.

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Esto incluye también a unas 3.805 especies de plantas comestibles, de acuerdo con un grupo de investigadores del Real Jardín Botánico de Kew (Kew Gardens), en Londres.

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Los científicos se dieron a la tarea de rastrear la información disponible sobre especies que tienen presencia en nuestro país y sobre las que históricamente se han reportado usos para el consumo humano en bebidas, alimentos, condimentos e insumos de la industria alimentaria.

La cifra de 3.805 especies de plantas comestibles, aunque es impresionante por sí sola, cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que en el mundo se han identificado 7.039 especies de este tipo. De esta manera, solo en Colombia habitan más de la mitad de plantas en las que la humanidad ha encontrado una fuente de alimento.

Este recurso convierte al país en un reservorio global de plantas comestibles para la humanidad. Sobre él los investigadores de Kew decidieron hacer un cuidadoso rastreo de los lugares dónde se encuentran estas plantas, cuáles son las más importantes, cuántas son nativas y cuántas de ellas estamos usando realmente.

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La respuesta a estos interrogantes hacen parte de un artículo que fue publicado en mayo de este año en la revista Scientific Reports y que tiene entre sus autores a la estudiante de maestría Benedetta Gori, la doctora Tiziana Uliana, ecóloga de plantas, y al doctor Mauricio Diazgranados, investigador líder dentro del equipo de Usos sostenibles, semillas y soluciones y que encabeza una iniciativa llamada Soluciones basadas en naturaleza de Kew Gardens.

Árbol de Guaímaro

Árbol de Guaímaro, una de las plantas identificadas.

Entre los hallazgos destacados de la investigación está que la mayoría (73,8 por ciento) de las 3.805 especies de plantas comestibles son nativas; 146 especies (3,8 por ciento) son endémicas de Colombia, es decir que solo se encuentran en nuestro país; que los departamentos de Antioquia, Boyacá, Meta y Cundinamarca reportan la mayor cantidad de especies de plantas comestibles; y que aún hay muchos vacíos de conocimiento que persisten sobre la flora comestible en el Cesar, Sucre, Atlántico, Vichada y Guainía.

Además, de las más de 3.000 especies comestibles que tienen presencia en el país, solo 198 las venden y comen actualmente los colombianos. El resto, en su mayoría plantas silvestres y semidomesticadas, son ignoradas y subutilizadas, según le explicó a EL TIEMPO el doctor Diazgranados. Muchas de ellas representan un potencial enorme y no sabemos siquiera cómo comerlas, un ejemplo son las 1.348 especies que no tienen usos comestibles reportados en Colombia, sino en otros países donde poblaciones humanas sí los han incluido dentro de su dieta y gastronomía.

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Especies que desaparecen

Cerca del 94 por ciento ha sido destruido, entonces es muy importante la protección del guáimaro como especie sombrilla del bosque seco tropical

Alguna vez en un viaje a otra región de Colombia, ¿se ha encontrado con una fruta o nuez o con un tubérculo desconocido y exótico? Puede que la nuez del guáimaro sea uno de esos productos extraños para la mayor parte del país y una de las más de 3.600 especies que no utilizamos lo suficiente.

Estas semillas, que solían ser un alimento básico para la cultura indígena prehispánica de los yukpa, se pueden comer crudas, hervidas, tostadas o hechas harina. Gracias a sus grandes propiedades nutricionales se pueden utilizar como un ingrediente que mejora la calidad dietética de platos tradicionales como las arepas, las empanadas, sopas y enyucados, de acuerdo con los expertos de Kew.

Por esta razón, el árbol que las produce –el guáimaro (Brosimum alicastrum Sw.)– es una de las especies identificadas como prioritarias para recuperar. Esta variedad, silvestre y comestible, pertenece a la familia Moraceae, que es nativa de los bosques secos tropicales colombianos, el ecosistema más amenazado en el país.

“Cerca del 94 por ciento ha sido destruido, entonces es muy importante la protección del guáimaro como especie sombrilla del bosque seco tropical”, explica.
Pero el proyecto va más allá del diagnóstico y está promoviendo la revitalización del guáimaro en regiones como la serranía del Perijá, a través, por ejemplo, del establecimiento de una instalación comunitaria para el procesamiento de las semillas en harina y la creación de una Red de Cadena de Valor que permita formar conexiones entre la comunidad local y los pequeños negocios en todo el país.

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Plato con guaímaro en Celele

Plato servido en Restaurante Celele (Cartagena), elaborado con especies comestibles colombianas desatendidas y subutilizadas, entre ellas Guáimaro.

Foto:

Mauricio Diazgranados/RBG Kew.

“Hay unos pocos restaurantes que están comenzando a mezclar la harina del guáimaro con la de trigo para hacer tortas y postres. Uno en Cartagena, Celele, ofrece platos hechos con harina de estas semillas. Si uno quiere usarlo y consumirlo hay que proteger el árbol. Ese es un ejemplo clave de cómo es necesaria la protección de la especie, que además implica la conservación de ese bosque”, detalla el experto.

El guáimaro es un árbol que, en sus cerca de 40 metros de altura, tiene una gran importancia para la protección de suelos y cuerpos de agua, y proporciona alimento para la vida silvestre. Hoy, debido a la ganadería extensiva, la minería del carbón y la siembra de palma africana para la extracción de aceite, se estima que solo queda el cinco por ciento de la cubierta forestal original en la que crece esta planta. Así que, como dice la campaña de los científicos de Kew, hay que “comerlo para salvarlo”.

Casos similares ocurren con especies de palmas, como la del naidí, como se le conoce al açaí en el Pacífico colombiano, que ya se empieza a ver con mayor frecuencia en restaurantes, pero que debe fortalecer su presencia en los mercados; la vainilla, proveniente de varias especies de orquídeas que crecen en nuestro país y que podrían aprovecharse para producir y comercializar una esencia de marca colombiana; las pasifloras —la familia del maracuyá y la granadilla—, de las que pese a su gran variedad solo son ampliamente reconocidas tres variedades: tubérculos andinos como los cubios, las chuguas o el yacón que, explica Diazgranados, han perdido progresivamente protagonismo en la dieta desde la colonización.

“Una de las grandes lecciones es que Colombia tiene una riqueza enorme en plantas comestibles, pero la gastronomía no lo refleja; de hecho, está supremamente atrasada y hay un potencial enorme para desarrollarla”, afirma el experto.

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Un fenómeno que ocurre también a nivel global: según la FAO, solo 15 plantas de cultivo contribuyen con el 90 por ciento de la ingesta de energía de la humanidad.

En Colombia, de acuerdo con los expertos de Kew, durante las últimas décadas el consumo de plantas nativas ha disminuido sustancialmente a favor de cultivos comerciales de alto rendimiento, como maíz, trigo y arroz. Una dependencia que conduce a una falta de diversidad en las dietas, deja al sistema alimentario vulnerable al cambio climático y también resulta en la pérdida de alimentos culturalmente significativos. Un hecho que buscan combatir los botánicos.

En busca de plantas útiles

Desde la llegada del doctor Diazgranados a Kew Gardens, en 2016, se ha abierto en la institución una línea de trabajos en Colombia para apoyar las iniciativas del proyecto estratégico de nación, Colombia BIO, un programa que buscaba fomentar el conocimiento profundo de territorios colombianos antes no explorados, en convenio con entidades con experiencia en investigación científica. La última revisión sobre las plantas alimenticias hace parte de ese camino emprendido hace seis años.

“Lanzamos un programa que se llamó Kew Colombia Bio y en él ya hemos realizado 15 proyectos con una inversión aproximada de 5,5 millones de libras (unos 28.000 millones de pesos colombianos), involucrando a más de 150 investigadores, tanto del Reino Unido como de Colombia”, detalla Diazgranados. En dicho proyecto se ha escalado desde proyectos pequeños en regiones estratégicas del país, como Boyacá, hasta proyectos de alcance nacional, como el lanzamiento en el 2018 de un portal que recopila la información de todas las plantas que hay en el país (ColPlanta) —con cerca de 150.000 nombres científicos y perfiles para unas 27.400 especies de plantas—, financiado con recursos del British Council.

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El siguiente objetivo que se trazaron los investigadores fue aportar para que Colombia pueda seguir un camino de desarrollo sostenible, respondiendo a los cambios generados después de la firma del acuerdo de paz, que podrían convertirse tanto en amenazas —como el aumento que se ha visto en la deforestación— como oportunidades. “Propuse en el 2019 un proyecto que se llamó Plantas y hongos útiles de Colombia y el objetivo era desarrollar vías para mejorar la contribución de la naturaleza a la sociedad colombiana mediante el aumento, la consolidación y la accesibilidad de ese conocimiento sobre plantas y hongos útiles para el beneficio de toda la comunidad en el país”, comenta el doctor Diazgranados.

Adicionalmente, la iniciativa buscaba promover un mercado para especies nativas subutilizadas y sus productos de alto valor, aportando al desarrollo de la bioeconomía en el país. Un campo que, según el experto, aún sigue rezagado. “Colombia por más de que es el segundo país más biodiverso del mundo, no ha sabido hasta ahora aprovechar esos recursos, cuando podrían ser su principal fuente de ingresos. Por supuesto, teniendo en cuenta la protección de la naturaleza”, asegura Diazgranados.

ColPlanta fue complementado con el portal Colfungi, que reúne a los hongos con aplicaciones útiles, y con un tercer portal, la Red de ingredientes útiles de Colombia, una plataforma que busca crear una red de cadenas de valor sostenibles usando la diversidad de plantas y hongos de Colombia y sus productos de alto valor. En él se quiere incentivar la conexión entre empresas, comunidades locales y clientes interesados en aprovechar y promover el uso de estos recursos naturales.

Con la intención de seguir ampliando el conocimiento de la gran riqueza que esconden las especies vegetales del país, los investigadores ahora adelantan un trabajo similar al de plantas alimenticias con otros grupos como las de uso medicinal, las que tienen potencial insecticida y las de efectos psicoactivos, un potencia que puede ser empleado para el desarrollo de productos farmacéuticos enfocados en tratar enfermedades del sistema nervioso central.

ALEJANDRA LÓPEZ PLAZAS
REDACTORA DE CIENCIA
@TiempodeCiencia

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