Este martes, en la sede del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en Palmira, Valle del Cauca, abrirá sus puertas una de las más modernas infraestructuras construidas en el país, que albergará el banco de germoplasma de esa entidad, al que llamaron ‘Semillas del Futuro’.

Este banco custodiará las colecciones de semillas de yuca, forrajes tropicales y fríjol más completas del mundo, resultado del acopio que por más de cinco décadas han hecho los científicos que trabajan allí, así como de las comunidades campesinas e indígenas, y otras minorías étnicas que aportaron muestras de las que han utilizado para su alimentación. De hecho, es parte del patrimonio de la alimentación mundial, sin la cual la humanidad no podría tener los nutrientes que demandan a través de la alimentación: son 29 cultivos de importancia.

Las demás partes de dicho patrimonio están almacenadas en otros 15 bancos de germoplasma de los centros de investigación del llamado Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), que funcionan en varios países del mundo, así como en otros proyectos locales de investigación agrícola y hasta en las propias fincas de los cultivadores.

Valga anotar que las semillas guardadas no son propiedad del CIAT ni del Grupo Consultivo, sino de la humanidad misma, que puede disponer de ellas cuando las requieran, como son los grupos de investigación en mejoramiento genético, los estudiantes interesados en hacer sus investigaciones o las propias comunidades.

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Esto último, precisamente, ha sido una de las misiones cumplidas por el CIAT: la devastación del huracán Mitch, el genocidio de Ruanda y los bombardeos sobre Siria, hechos que han acabado con su patrimonio genético local, han hecho que estos países hayan recurrido al CIAT para recuperar en su totalidad dicho patrimonio. Para eso sirven los bancos de germoplasma.

Por su parte, los investigadores en mejoramiento genético de plantas tienen como máxima que ‘un solo gen oculto en una rara variedad de cultivo podría marcar la diferencia entre una cosecha robusta y una calamidad agrícola ocasionada por el cambio climático. Una sola variedad de cultivo preservada podría generar millones de dólares en beneficios económicos para los agricultores más vulnerables del mundo’.

Desde su creación, este banco ha distribuido más de medio millón de muestras, acopiadas en 141 países, a 160 estados”, dijo Joe Tohme, director de Mejoramiento de Cultivos del CIAT, quien contó algunos detalles de este nuevo proyecto.

En el banco de germoplasma reposa la colección de materiales de fríjol, yuca y forrajes tropicales. Estos materiales se distribuyen a países solicitantes.

En el banco de germoplasma reposa la colección de materiales de fríjol, yuca y forrajes tropicales. Estos materiales se distribuyen a países solicitantes.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

¿Cuántos bancos de germoplasma nuevos se han construido o modernizado en este siglo?

El último que conozco es el de Guadalajara (México), muy moderno, que tiene guardadas muchas colecciones mexicanas, pues este es un país megadiverso en especies como el maíz o el fríjol.

¿Qué contiene este nuevo banco de germoplasma?

La colección global de fríjol, yuca y forrajes tropicales, custodiadas bajo el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura; se trata, entonces de colecciones globales de acceso público.

La importancia de estas es la magnitud y la cobertura de cada una. En el caso del fríjol, son 36.000 accesiones, de yuca 6.000 y, en cuanto a los forrajes, 17.000 accesiones.

Cuando hablo de accesiones se trata de muestras individuales, algunas son silvestres y otros son materiales que fueron usados durante siglos por campesinos; se trata de colecciones únicas con las que se cuenta la historia global de un cultivo y permiten utilizarlas para solucionar problemas actuales y del futuro, como enfrentar el cambio climático, condiciones de suelos y productividad.

En el banco de germoplasma se analiza la calidad del fríjol.

En el banco de germoplasma se analiza la calidad del fríjol.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

¿Esos grupos poblacionales que cuidaron el material genético, y que ahora guarda el CIAT en este banco, recibirán por ello algún tipo de compensación?

Esta colección, como mencioné, se custodia bajo las consideraciones del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, de la FAO. Ahora hay un mecanismo de beneficio, pues dicho Tratado hace un llamado para proteger los conocimientos tradicionales de estos agricultores, aumentar su participación en los procesos de adopción de decisiones nacionales y garantizar que compartan los beneficios procedentes del uso de estos recursos.

Siendo sí la respuesta, ¿qué pasa con esas comunidades que entregaron sus materiales genéticos si en algún momento los vuelvan a necesitar?

Tenemos varios ejemplos de este caso. Algunos son resultado de tragedias, como la sucedida en Ruanda cuando, como consecuencia del genocidio, perdió toda su colección de fríjol. También hemos enviando materiales a otros países como Ecuador y México; de hecho, Daniel Debouck, quien fue el Director de Recursos Genéticos, organizó provisiones de la colección según los países de origen y así, en caso de requerirlas, podemos hacer entrega inmediata.

¿Qué relación tiene este banco con su similar, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard?

La de Svalbard es una iniciativa global que permite depositar el material genético para salvarlo en caso de crisis o pérdidas; a este, por ejemplo, el CIAT aportó toda su colección de fríjol y forrajes.

La diferencia entre la bóveda de Svalbard y los bancos de semillas del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) es que el de Noruega no es para distribuir, es para salvaguardar el patrimonio genético de la humanidad de todo tipo de contingencias catastróficas.

Por ejemplo, en los últimos años, debido a la guerra en Siria, se perdió una parte de las colecciones del banco de germoplasma de ese país, manejado por el ICARDA, por lo que la Bóveda de Svalbard devolvió el material a dicho centro y así se repuso lo perdido.

En cambio, el del CIAT, ‘Semillas del Futuro’, será para estudiar y distribuir las colecciones.

Desde su creación, este banco ha distribuido más de medio millón de muestras, acopiadas en 141 países, a 160 estados

¿El banco de ICARDA fue destruido totalmente?

Tuvieron muchas dificultades y, como se sabe, el trabajo hay que hacerlo de forma permanente; las colecciones hay que mantenerlas y si no se hace el trabajo de reproducción en períodos específicos se pierde la capacidad de germinar. Lo importante es que esa colección estaba duplicada.

En el caso del CIAT, la colección de fríjol está duplicada tanto en Svalbard como en el centro hermano que es el Cimmyt, en México. En el caso de la yuca, tenemos un acuerdo con otra institución para enviar una parte de la colección in vitro, con el fin de salvaguardarla para casos como incidentes ambientales o físicos.

Tangiblemente, ¿cómo se beneficia Colombia de tener el banco acá?

De tener acceso inmediato a las colecciones. Las estamos caracterizando bajo los ambientes locales; por ejemplo, en el caso de fríjol, una parte está en reproducción en diferentes partes del Valle del Cauca, desde Palmira hasta Tenerife, zona donde tenemos más conocimiento de la adaptación de diferentes materiales que permiten utilizarse en trabajos de mejoramiento para beneficio de los agricultores colombianos.
En el caso de la yuca es algo similar, y varios materiales del banco ya fueron liberados para su cultivo en Colombia; para el caso de los forrajes hay casos similares

Joe Tohme

Joe Tohme, director de Mejoramiento de Cultivos del CIAT.

Foto:

Comunicaciones del IICA

¿El banco de germoplasma tiene la capacidad de recibir grupos de investigación en mejoramiento genético o estudiantes de pregrado en carreras afines con la agricultura para darles instrucción sobre esos temas?

Tenemos una trayectoria de varias décadas. Muchos estudiantes de pregrado y de doctorado de las universidades Nacional de Palmira, Medellín y Bogotá, del Valle, Los Andes y la Javeriana han hecho sus tesis sobre asuntos del banco.

Es parte de la filosofía del banco de semillas y la mantendremos sobre tres líneas: mejorar la conservación dentro de un edificio (infraestructura) sostenible; segundo, la caracterización de este banco utilizando distintas herramientas que van de la parte fenotípica a la parte genética; y, tercero, fortalecer la investigación.

Estamos convencidos del talento que existe en Colombia, capacitaremos la próxima generación de expertos de recursos genéticos.

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¿Qué limitaciones tiene el germoplasma que preserva este banco y qué no se puede hacer con esas semillas?
Todo debe manejarse de acuerdo con lo establecido en el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO; por ejemplo, si hay intenciones de comercialización. De todos modos, los beneficios que pudieran lograrse regresarían no solo al CIAT, sino a todo el sistema global.

¿De quién es la propiedad intelectual de esos materiales genéticos?

El CIAT es el custodio de las colecciones, pero no su propietario y, como lo anoté, está regido por el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO.

¿Quién financió este proyecto?

Un poco más del 60 por ciento de la inversión salió de los fondos propios del CIAT, y recibimos una contribución de 3 millones de dólares del Gobierno colombiano, en el 2017, como parte de la celebración de los 50 años de la presencia de esta institución en el país. También recibimos recursos de financiamiento de los gobiernos de Inglaterra y Alemania, de la Fundación Santodomingo y otra de Estados Unidos.

JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
Asesor de Comunicaciones del IICA
Para EL TIEMPO



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