Ford Nucleon: La historia del auto nuclear que nunca se fabricó – Ciencia – Vida


En una época turbulenta, permeada por la carrera espacial, las innovaciones en todos los campos de la ingeniería no se hicieron esperar. 

Después de haber probado la fuerza de la energía nuclear con las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en el epílogo de la Segunda Guerra Mundial, la industria empezaba a verla como una alternativa al petróleo. 

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Alimentando la potencia de los cohetes y misiles, era natural que la industria automovilística se animara a probar y Ford tomó la delantera presentando al mundo al Ford Nucleon. 

El diseño del automóvil era particular y dividía el carro en dos partes: la primera era el coche en sí, con el bastidor, ejes y la cabina; y la segunda era el bloque de propulsión, y que contenía el pequeño reactor nuclear, el moderador, el sistema de control, el sistema de refrigeración, el blindaje y los elementos de seguridad.

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La idea era que el reactor de fisión de uranio enriquecido calentaría el agua hasta convertirla en vapor. Con ese vapor se daría impulso a dos turbinas, una encargada de generar el torque al automóvil, y la otra sería utilizada para la parte eléctrica.

Dos convertidores de torque gestionarían esta energía mientras el vapor volvía a su estado líquido tras pasar por un sistema enfriador, o por lo menos ese era el plan para que el auto nuclear funcionara. 

Promo Ford Nucleon
Foto:

elcofresito.blogspot.com

Más allá de un diseño futurista y atractivo para la venta, su autonomía era el principal atractivo para el mercado de los automóviles.

Ford estimaba que el vehículo podría funcionar por unos 8.000 kilómetros antes de tener que detenerse por un nuevo núcleo.

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Así, el Ford Nucleon sería un carro con energía limpia, segura y menos ruidoso que los autos de combustión interna, populares en ese entonces en Estados Unidos. 

En ese momento lo único que detuvo al prototipo de ser un vehículo real que circulara por las calles, como si no significara un gran riesgo, fue la falta de desarrollo para crear reactores nucleares más pequeños. 

La dificultad para lograr ese objetivo y que los materiales requeridos fueran lo suficientemente livianos como para permitir el movimiento del vehículo salvaron a la humanidad de un mundo con pequeñas bombas atómicas circulando en las calles. 

REDACCIÓN VIDA. 

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