Historias del Cosmos: Cazando mariposas en el Sol – Ciencia – Vida



Habían pasado 24 años desde que le fue denegada a la astrónoma y matemática Annie Russell su nominación para vincularse a la sociedad astronómica más importante de su tiempo, cuando finalmente es aceptada en la Real Sociedad Astronómica.

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La prestigiosa institución, con sede en Londres, fue fundada en 1820, pero solo en 1916 daba espacio a las mujeres, y Annie era una de las diez que ingresaron ese año y que abrían el camino a cientos de científicas que trabajaron en situación de desigualdad y afrontando innumerables obstáculos en su vocación científica por el hecho de ser mujeres.

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Entrar en esta sociedad era para Annie un justo reconocimiento a muchos años de dedicación al trabajo científico, algo que supo cultivar desde pequeña.

Habiendo nacido en Irlanda del Norte en 1868, Annie se destacó en el colegio por su excelencia académica, lo que le permitió obtener una beca para realizar estudios de matemáticas en la reconocida Universidad de Cambridge. Allí obtuvo los mejores resultados de su promoción, pero no pudo obtener su grado académico debido a las políticas universitarias de la época en torno a las mujeres.

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Su nombre empezó a ser reconocido cuando se unió a las “damas calculistas”, un grupo de mujeres que fueron contratadas en el Real Observatorio de Greenwich para realizar cálculos astronómicos. Las condiciones laborales no eran las mejores: con un salario mínimo que apenas le alcanzaba para vivir, Annie pudo allí mostrar todo su potencial. Durante su primer año, el número de observaciones que hizo en el departamento de heliofísica, donde registraba la posición y el tamaño de manchas solares, superaba en siete veces la cantidad anual de las cuatro décadas anteriores.

Sin embargo, tuvo que abandonar el observatorio por un motivo que una vez más evidencia la extrema situación de las mujeres, quienes no podían ejercer cargos públicos si estaban casadas. Annie se había casado con Edward Maunder, el astrónomo jefe del departamento, dedicando tiempo a cuidar de los cinco hijos del matrimonio anterior de Maunder, lo cual no fue impedimento para que continuara trabajando arduamente en astronomía y se convirtiera en una experta mundial en fotografía solar. Diseñó una cámara gran angular para poder capturar como nunca antes las emisiones proveniente de la corona del Sol, que se extienden como gigantescas lenguas miles de kilómetros sobre la superficie de la estrella. Realizó un extenso catálogo de grupos de manchas solares y descubrió el llamado diagrama de la mariposa, que refleja los patrones en que aparecen y migran las manchas sobre la superficie del Sol a lo largo del tiempo, que se visualiza como alas de mariposas.

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Más conocida como Annie Maunder, tras adoptar el apellido de su esposo, el trabajo de esta mujer fue determinante para establecer un período de baja actividad solar entre 1645 y 1715, cuando prácticamente no hubo manchas solares, denominado mínimo de Maunder, que hoy sigue despertando interés en la comunidad científica. Su legado es tan brillante como el Sol que siempre tuvo en la mira de sus telescopios.

SANTIAGO VARGAS
Ph. D. en Astrofísica Observatorio Astronómico 
de la Universidad Nacional



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