Historias del cosmos: viaje a los orígenes – Ciencia – Vida



El trasegar de los seres humanos a lo largo de la historia ha estado acompañado de un sinnúmero de preguntas y respuestas, con muchas más de las primeras. La ciencia ha sido la mejor aliada para llegar a algunas de las respuestas en torno a la naturaleza y de los procesos que en ella ocurren, cambiando nuestra manera de concebirla y entenderla.

De la época en donde nos creíamos el centro del universo, pasamos a la revolución personificada en Galileo y sus observaciones telescópicas y, posteriormente, las de generaciones y generaciones de estudiosos del cosmos, que nos desengañaron a través de sus descubrimientos, y pusieron a nuestro planeta como uno más, situado en los suburbios de una galaxia modesta.

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Desde los telescopios de madera y cuero construidos por Galileo a comienzos del siglo XVII, hasta el sofisticado telescopio espacial James Webb (JWST) que incluye oro entre sus materiales de construcción y que hoy nos emociona con sus primeras imágenes, muchas cosas han cambiado. La que se sigue manteniendo intacta durante más de cuatro siglos, exactamente 413 años, es la capacidad para no dejar de sorprendernos.

Sabemos que nos encontramos frente a un nuevo camino que estará plagado de descubrimientos y en donde una vez más un instrumento que concentra rayos de luz será el gran protagonista. Ni en sus mejores sueños hubiera imaginado Galileo que un telescopio estaría situado a una distancia cuatro veces más lejos que la que nos separa de la Luna, apuntando a los confines del universo, con la capacidad para captar la débil luz que lleva viajando más de trece mil millones de años, y que nos llega de los primeros objetos que existieron y eventos que sucedieron en el universo. Es un viaje a nuestros orígenes cósmicos.

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Entre más distante está un objeto, más joven es cuando lo observamos, debido a que su luz ha tardado más tiempo en llegar a nuestros instrumentos. Al estar el universo expandiéndose, a medida que la luz viaja se “estira”; a esto los astrónomos lo denominan desplazamiento hacia el rojo, lo que significa que el tamaño o longitud de onda de la luz aumenta. Por esta razón los objetos más distantes son más fáciles de ver en el rango infrarrojo, con longitud de onda más larga que el visible. Si de observar el universo temprano hablamos, podemos decir, parafraseando a el Principito, que lo esencial es invisible a los ojos.

El JWST está diseñado para captarla radiación infrarroja y, por eso, nos permite tener información sobre los primeros momentos del universo, para hacer el viaje al pasado más sorprendente que jamás hayamos hecho. Hoy colocamos en nuestro álbum cósmico, la foto de nuestros antepasados.

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SANTIAGO VARGAS
Ph. D. en Astrofísica
Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional



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