Carlos Vives / Cumbiana II: ‘No quería ser famoso, quería ser Colombiano’ – Música y Libros – Cultura



Carlos Vives parece estar en todas partes. Lo vemos en Puerto Rico cantando al lado de Ricky Martin (Canción bonita) o en Estados Unidos, de gira llevando consigo a los artistas que conformaron la generación del ‘tropipop’. Lo oímos en la banda sonora de Encanto o en el dúo reciente que hizo con Camilo, un últimatum amoroso tropical, llamado Baloncito viejo, que se encaramó en las listas musicales del último mes.

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Vives es una fuente de ideas en todas direcciones, pero no se desvía de su discurso de colombianidad ni de la exploración en la música local. Aún no se olvida esa idea suya de que Valledupar podía ser una especie de “Disneylandia del vallenato”. Y tiene una fundación -Tras la Perla- para ayudar a su Santa Marta natal.

Esta semana lanza su nuevo álbum, Cumbiana II (en el que sentó su primera canción rock protesta, al lado de Fito Páez) y a la vez que habla de sobre las conexiones entre músicas y nos recuerda que su magia se dio al pegarse a los patrones de la cumbia con instrumentos del rock, está pendiente de dar a conocer los nuevos platos del Gaira Cumbia House, donde quiere hacer algo equivalente a lo que hizo en música: pegarse a las sazones caribeñas, pacíficas, andinas y amazónicas colombianas y traerlas a platos contemporáneos.Y aún le queda tiempo para producir a otros e idear más música. Dicen en Gaira Cumbia House que se le ocurren tantas ideas al tiempo que es difícil seguirle el paso.

Sin embargo, esta semana, Vives se concentra en Cumbiana II. De este álbum ya hemos oído varios adelantos: Currambera, la canción dedicada a la mujer barranquillera que lanzó para el cumpleaños de Shakira, o Besos en cualquier horario, junto con Mau y Ricky y su hija Lucy. Pero hay mucho más, dúos con Pedro Capó, El Cholo Valderrama o Milly Quesada. De esto, habló con EL TIEMPO.

¿Por qué era necesario un Cumbiana II y no otro álbum con un nuevo nombre?

Al final, sigo construyendo canciones con bases nuestras que pueden conectar mundos. Hago la canción con Fito, pero no es exactamente una copia del rock argentino, sino una canción inspirada en ese rock, pero la hechura es usando patrones nuestros que conectan con los de ellos. Se ve como algo improbable: la conexión de dos mundos que se veían diferentes. Entonces, oyes la introducción de Babel,que suena como diez arhuacos tocando gaitas, y entra Fito con su piano y nada suena prestado.

Esa ha sido su trabajo con la música, unir, conectar…

En estos años he aprendido a conocer un mundo más unid a través de la música. Un mundo que en la industria está desconectado, pero unido en la música por historia, por herencia, por mestizajes similares e historias paralelas que pasaron en ríos como el Mississippi y el Magdalena o el Guadalquivir. La música me enseño a verme como colombiano en otras partes del mundo y a ver en España, Alemania, Bolivia o México, lo que Colombia tiene del mundo. Al final, es lo que aparece en la música. Por eso, cuando un músico colombiano emigra, encuentra trabajo con facilidad, porque sabe tocar salsa, puede tocar mexicano, americano, tango, cumbia, porque queriendo o no queriendo, somos un cruce de caminos.

¿Donde se unen el rock argentino y el sonido colombiano?

Cuando oigo algo que puede ser anglo o afroantillano, siempre encuentro un patrón cumbiero del que me pego, con el que puedo acercarme. Entiendo que Colombia es ese cruce caminos, el mestizaje porque tiene un pie en los andes, otro en el Caribe, otro en el Pacífico. Por eso podemos entendernos. Es lo que me ha enseñado a hacer vallenatos, a meterme en ese mundo, pero el vallenato me mostró un mundo más conectado.

Su dúo con Fito, evoca sus comienzos con influencia de Charly García y el rock en español.

Claro. Acuérdate: venía de Pequeños gigantes, de grabar las primeras baladas. Luego, Gallito Ramírez me llevó a Puerto Rico a ser galán de telenovelas. Grabé baladas y oía rock en español y cuando volví al vallenato, un mundo que estaba en mi infancia. Entonces, fue llegar al interior de esta música para entender la mezcla que tenía. Ya sabía que iba a hacer música moderna, que no iba a copiar el rock en español o las baladas en inglés, que iba a partir de patrones nuestros. El vallenato se hizo realmente popular cuando un músico cartagenero, que le decían Calilla, puso un bajo eléctrico y lo hizo radial, porque antes ni se bailaba. El día en que ese bajista lo hizo, no cogió ninguno de los ritmos foráneos, sino que se pegó al sonido de la percusión vallenata. Y fue lo que nosotros hicimos: aplicar a las guitarras eléctricas del rock y otros instrumentos roqueros, los patrones cumbieros y nació el pop colombiano, desde todos los frentes que hoy tiene, hasta el hip hop. Todo parte de usar esos instrumentos para progresar lo nuestro. Así que mi pensamiento siguió siendo roquero, pero sabía que el rock mío no iba a ser el de Charly García ni el de Fito, sino el mío con la tropicalidad caribe.

Babel tiene una letra que se acerca bastante a la canción protesta, ¿por qué?

Primero, porque le hago un homenaje al rock argentino para tratar de conectar nuestros sonidos. Hay patrones cumbieros, de los que llamo “el rock de mi pueblo”, está esa intro de gaita, como de Los Gaiteros de San Jacinto, pero me conectan con todo ese cuento del tango y el rock argentino. Para mí tienen importancia esas conexiones, son la manera de mostrar que no estamos tan lejos. Y la temática es ‘Babel’: Nadie se quiere entender. Creo que lo pensamos todos y decimos: “Oiga, ¿cuándo vamos a ponernos de acuerdo’”. La canción nace de conocer la historia de Colombia. Y no contaba con la suerte de que Fito iba a estar. Pero, cuando el presidente de Sony se la mostró a y a él le encantó y puso su parte, con el piano, fue hermoso, una super oportunidad, además está el cariño con el que él hace las cosas.

¿Qué fue lo mejor de ese encuentro?

Encontrar las cosas que nos conectaban. Al final, le dije que íbamos a poner algo de la Costa Caribe y del Río Grande de la Magdalena, le dejaba a Fito unos mensajes técnicos, y un día él me contestó un audio que puse al final. Decía:”Voy a meter algo del río de La Plata y de una costa de aquí, al final no se va a saber si es de una costa u otra. Al final, estamos haciendo un nuevo continente”. Qué bonito: es verdad, la música ha inventado un nuevo continente.

¿Qué me dice de Montaña solitaria, con Chocquibtown?

Increíblemente, todavía encuentras gente que no sabe que en el Caribe Colombiano hay una montaña con picos nevados. Una vez, hablando con alguien, me dijo: ‘¿Esa montaña en qué cordillera está?’ Y le respondí: “No, es una montaña solitaria”. Eso se me quedó y lo guardé pensando en hacer una canción llamada así. Tiene una línea melódica larga, como de esas baladas italianas que cantábamos, y quise algo más urbano. Entonces invitamos a Chocquibtown, a sumarse al lenguaje de la tierra, de la selva. Y Goyo habla de las panteras y se mete en la película de la diversidad de las selvas colombianas y de la Sierra Nevada. Quedé feliz porque la canción enfrenta diferente el tema de la sierra.

Goyo también tiene su frase poderosa: dice que puede ser de cualquier raza, que escojan la que quiera…

“Pida usted la que quiera”, está diciendo que es Colombia y que puede ser de cualquier raza. Llama la atención a que esencialmente somos eso, una verdadera diversidad de una riqueza impresionante. Por eso es que a Colombia le cabe el mundo, por ser América, África, España, porque llegaron sirio-libaneses, alemanes, franceses y los acordeones.

¿Qué tan acompañado se siente en el mensaje de la colombianidad como riqueza?

Me siento muy acompañado. Dentro del pop colombiano hay una generación que se crío conmigo, pero con Buitrago, porque en su casa les dieron vallenato y les dieron cumbia. Ese sonido impacta dentro del pop y dentro del rock. Tienen una cosa propia que hace que sus canciones sean más originales que la copia de la copia. En lo que hacen Camilo, Sebastián Yatra o Morat, la colombianidad es un factor importante de su éxito. Ellos me hacen sentir que estoy en el origen de todo, me invitan, me quieren. Mau y Ricky, son venezolanos, pero tienen referencias musicales del país. Entonces vienen y hacemos algo. Ellos son de una generación que vive con menos prejuicios y más conectados con lo que les gusta del mundo, pero a la vez saben que tienen la colombianidad como fuente inagotable de creatividad.

¿Habrá una Cumbiana III?

No. Pero hay cinco canciones importantes que no están en Cumbiana II, pero estarán en una edición de luxe. Eso vendrá. Pero después, sueño con algo que se llame Clásicos de Cumbiana, que son las cumbias viejas, hechas nuevas.

Hablando de cumbia, no es casual en énfasis mayor en las gaitas de este álbum…

Lo que hacemos con las gaitas es más grande que lo de antes. El crecimiento de Mayte (Montero) con la gaita es increíble. Nos volvimos locos grabando tres, cuatro, cinco canales. En Cumbiana empezamos a grabar más gaitas, más locuras. Aquí, suena como una especie de filarmónica de la selva, como si los Gaiteros de San Jacinto se volvieran roqueros o algo así.

De unos años para acá, Egidio Cuadrado ha tenido el apoyo en el acordeón de Christian Camilo Peña…

A mi compadre Egidio lo tengo que cuidar mucho. Mi compadre tiene sus ritmos, entonces Christian Camilo aporta otros ritmos. Cuando mi compadre tiene que descansar, nos vamos turnando. Hay un show donde mi compadre hace una parte y Christian, otra. En otros, por el desgaste de los viajes, prefiero que Egidio se quede en la finca tranquilo. Toca reservarlo un poquito. A él le dio muy duro el covid, me lo ha dejado sin aire. Y poco a poco vamos recobrando, vamos trabajando. A veces toca solo en Gaira Cumbia House, para que no pierda el ritmo y no se me quede sin tocar. Es espectacular lo que hace en Gaira, porque la gente viene a verlo de manera muy especial. Así vamos, voy cuidando a mi gente.

Y también a sus “hijos adoptivos” del tropipop, usted lleva años proponiendo una revaloración de este movimiento.

Cuando aparecimos, pelados de bandas de los colegios de todas partes del país, se conectaron con este pop nuevo que nacía de las raíces vallenatas y cumbieras. A mí me dijeron que lo mío no iba a funcionar y cuando funcionó dijeron que fue por ser Carlos Vives. Y cuando le funcionó a otros, no lo aceptaron. Mucha gente hizo campaña contra eso. ¿Salir en campaña en contra de una cosa tan bonita, tan natural? Era una música con mensajes rumberos, pero eran mensajes bonitos y sanos. ¿Cómo pudo haber segmentos de radio y de periodismo que querían destruirlos? Hubo managers que cogieron las bandas y las desarmaron, les quitaron el sombrero vueltiao y el acordéon. Pasó el tiempo y muchos de esos artistas me vinieron, se preguntaban por qué les cerraron las puertas. Les decía: “Al final, lo importante es lo que hacemos aquí”. No soy un artista que sueña con irse, no me volví importante porque logré irme. Mi país no me reconoce porque me fui, sino porque trabajé para una cosa nuestra y con ella me hice internacional. Les decía: “Yo no quería ser famoso, quería ser colombiano”. No quería irme porque quería ser de aquí, sonar aquí y prestar servicio aquí. Así que no me vengan con carretas de que el que se va es el que triunfa. Así que los tengo en mi propio sello, con el apoyo de Sony, porque es lo que tengo que hacer. Que dicen que es de otra época, no me importa, pero si queremos nuevas generaciones fuertes, tenemos que apoyar las viejas generaciones.

Y a todas las músicas. En su álbum hay un bambuco, en compañía de Katie James, En la selva…

Katie es la irlandesa que canta bambucos. Ella acostumbra a presentarse sola con su guitarra y su voz. Y yo decía, ahora llego con esta manada de locos metiéndole guitarras eléctricas, era como meterla a rocanrolear esos bambucos…

¿Le aterra mirar hacia atrás y ver todo lo que ha hecho?

No, esto es una bendición. Ese camino que escogimos hace tiempo, de trabajar con nuestra música es lo que nos ha conectado más con el mundo, es una belleza.

¿Se arrepiente de algo?

¡Noombe, no! Dios escribe sobre renglones torcidos algunas cosas de la vida. Hemos pasado momentos alegres y difíciles como todos. Estoy agradecido con la vida y la oportunidad de seguir trabajando. ¿Qué más puedo pedir?

Da la sensación de que tiene tanto por decir que no le alcanzarían ni cinco Cumbianas…

También yo lo creo. Es tanto lo que hemos visto de este país y lo que somos. No me imagino en otro lado. Volvería a nacer en esta tierra. Si vuelvo a nacer, vuelvo a nacer aquí.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACCIÓN DE CULITURA
@Lilangmartin



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