El cartel de los sapos: Helena Mallarino habla de su personaje y su carrera – Cine y Tv – Cultura



El patio de recreo, el principal lugar de juegos de Helena Mallarino y sus hermanos María Angélica y Víctor en su niñez, era el Teatro Colón de Bogotá. “La oficina de mi papá”, recuerda.

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Víctor Mallarino, su padre, fue abogado y escritor y parte de un selecto grupo de los grandes hombres del teatro y la televisión de Colombia. Fue uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Arte Dramático (Enad) y un pionero de la televisión nacional, con programas como ‘Candilejas’ y ‘Hogar, dulce hogar’.

En ese gigante Teatro Colón, el juego de escondidas incluía a Carlos Benjumena, Frank Ramírez, Eduardo Vidal, hermano de Benjumea, Delfina Guido y Consuelo Luzardo, que eran alumnos de su papá.

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Había mucho espacio para esconderse: camerinos, debajo de las sillas, sitios ocultos en los pasillos, los palcos. Era una vida de sueño que los Mallarino tuvieron y que los llevó al arte, porque su mamá, la española Asita Madarriaga, que pudo llegar a Colombia en la Guerra Civil Española gracias a que un tío conocía a Eduardo Santos, fue alumna de Federico García Lorca y de Alejandro Casona. Fue directora teatral y de capítulos de Hogar, dulce hogar, la serie costumbrista que antecedió a ‘Yo y tú’. Y actuó en varios musicales de María Cecilia Botero.

También era una gran declamadora y contadora de historias. En algunas entrevistas, Helena Mallarino ha contado que no eran pocos sus amigos que iban a su casa no a verla a ella, sino a oír las narraciones de su mamá.

“Ella ayudaba a mi papá a hacer las escenografías de las obras”, dice Helena, la menor del clan, nacida en Bogotá en 1953 y que empezó a actuar profesionalmente a los 17 años.

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Su carrera en la televisión ha sido larga y fructífera. De niña, con sus hermanos y sus vecinas, las González, montaban obras teatrales que les presentaban a sus padres.

Tenían experiencia de sobra. “Yo acompañaba a mi papá a sus clases y aprendía mucho, nunca me aburrí, que recuerde”, sigue. Pero sus inicios no fueron por pasión al arte sino para buscar el dinero extra que necesitaba para matricularse en arquitectura, la carrera que la apasionaba.

“Sin embargo, cuando estaba actuando en esa primera producción me dije que lo que a mí me gustaba era esto y no me tenía por qué ir a otros lados”, recuerda. Había aprendido con su papá, no solo técnicas actorales sino de voz, a escoger buenas lecturas, y tanto ella como sus hermanos se formaron en la academia.

Hoy, Helena Mallarino es Marlén de Villegas en la serie de Caracol ‘El cartel de los sapos: el origen’, la mamá de Leonardo y Emanuel, los hermanos Villegas, los narcotraficantes que, en la ficción, pusieron en jaque el Valle del Cauca y el país con sus guerras y sus drogas. El personaje de Mallarino siempre quiso que sus hijos no perdieran el camino, pero, definitivamente, más allá de su buen ejemplo, ellos prefirieron la delincuencia.

“Cuando me ofrecieron el personaje, pensé ‘otra cosa de carteles’, pero luego empecé a ver que aunque sí hablaba de narcotráfico, también iba a las relaciones familiares, al amor de esa madre por sus hijos y su necesidad de decirles que tenían que dejar la delincuencia”.

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La actriz agrega que hizo una larga investigación sobre ese tipo de mamás y vio que muchas de ellas les pedían a sus hijos precisamente eso: salirse del mal negocio. “Y aunque ellos querían hacerlo, por amor a esas madres, ya estaban muy enredados”.

Su personaje es la matriarca de un grupo en el que muchos quieren cambiar sus vidas. “No lo logran, le mienten y Marlén les cree, y por eso para ella es tan difícil cuando está frente a la realidad, cuando ya no se puede esconder nada”.

Helana Mallarino se enfrentó con la normalización del narcotráfico en ciudades como Medellín y Cali: delincuencia, asesinatos, desquicie, horror, bombas… “Marcó mucho a nuestra sociedad y la sigue marcando. Y más en la mujer: su uso, el exceso de cirugías plásticas para verse de otra manera, su cosificación. Y en ese mundo la única que no está en esa cosificación es la matriarca, pero es la víctima del engaño y la que saca fuerzas para seguir adelante cuando ve que todo se derrumba”.

Cuando me ofrecieron el personaje, pensé ‘otra cosa de carteles’, pero luego vi que aunque sí hablaba de narcotráfico, también iba a las relaciones familiares, al amor de esa madre por sus hijo

El personaje de Marlén de Villegas llevó a Mallarino a las décadas del 70 y los 80 del siglo pasado, a la cultura vallecaucana con sus dichos y su filosofía de la vida. En medio del caos de su hogar, donde además terminaban reunidas esposas y exesposas porque era su norma, y donde además se vivía una guerra alrededor, el refugio de esta mujer, en una casa custodiada todo el tiempo, era la religión.

“Seguimos en ese mundo y lastimosamente el narcotráfico tiñó la sociedad de sangre y de dinero fácil. Ahora no son solo los carteles de aquí. Ya entraron los extranjeros. Antes se sabía quiénes eran, hoy no. Eso ha llevado sus tentáculos a políticos que están mucho más metidos de lo que quieren aceptar”, agrega.

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En su larga carrera de más de medio siglo, Helena Mallarino ha actuado en producciones como ‘La tía Julia y el escribidor’, ‘La tregua’, ‘Don Chinche’, ‘El hijo de Ruth’, ‘San Tropel’, ‘Leche’, ‘La maldición del paraíso’, y más recientemente en ‘Distrito salvaje’.

Pero uno de sus personajes más recordados es el de Ana Frank, que hizo para la serie de Caracol ‘El diario de Ana Frank’, a principios de los años 70, y en la que estuvo, entre otros, con Dora Cadavid, Alí Humar y María Cecilia Botero, con la historia de la niña judía que deja su diario como legado antes de morir en un campo de concentración.

Ese personaje fue maravilloso porque soy hija de una exiliada de la Guerra Civil, una mujer perseguida que se libró de ser asesinada tres veces. Tenía todo que ver conmigo”, dice.

Seguimos en ese mundo y lastimosamente el narcotráfico tiñó la sociedad de sangre y de dinero fácil. Ahora no son solo los carteles de aquí. Ya entraron los extranjeros

Varias veces ha visitado España recorriendo los pasos y los lugares en lo que su mamá tuvo que vivir esos momentos tan dolorosos. “Voy con frecuencia, especialmente a Madrid y Canarias, donde vive la familia. Somos muy unidos a pesar de la gran distancia”.

Recuerda, además, que cuando murió su mamá, encontraron guardadas muchas cartas de esos momentos de la guerra y está trabajando un proyecto con esos documentos.

“Siento una enorme admiración por las familias que han vivido guerras y desplazamientos. Y duele saber que Colombia, en otros momentos, no fue tan solidario con las personas que necesitaban huir, como sí lo hicieron Venezuela y México. Mi abuelo llegó vivo aquí de milagro con su familia. Tuvo suerte gracias a los contactos de mi tío”.

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De la televisión que ha hecho, siente nostalgia de los años 80. “Es la época que más añoro porque se hacían producciones de muy alto nivel. Las telenovelas llegaban de la literatura, se hacían con mucho cuidado, porque no teníamos una industria de cine y quienes trabajamos en esa época añoramos esas cosas. Ensayábamos mucho, se grababa con calma, la competencia era diferente”.

Agrega que esa mística “se ha perdido un poco, aunque hay cosas interesantes. Luego de mucho trabajo, por varias décadas, la telenovela colombiana se volvió un producto importante, con un sello diferente, pero luego se hizo un cambio y no se valoraron tantas cosas”.

Hoy, aunque no hay tanto trabajo, dice que cuando se despierta todos los días “no me imagino otra forma de vivir que no sea en el arte. Es maravilloso ser personas que no somos. Mi trabajo me ha permitido tener diferentes personalidades y transmitir experiencias y emociones. Es darle además una sensación y vivir otras vidas por tiempos”.

Con su mejor amiga, María Cecilia Botero, a la que considera una hermana de la vida, también está haciendo proyectos, que no cuenta, pero que ya van caminando. Lo importante, dice, es crear.

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