Luis Pino: ‘Chávez podría tener varios enfoques: ángel y demonio’ – Cultura


En el 2009, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, mandó a buscar al mejor cuatrista de su país para que le enseñara las virtudes de ese instrumento a Andrea Bocelli, el famoso tenor italiano que lo visitaba en Palacio.

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Luis Pino en BOCAS

La edición #118 está en circulación a partir del domingo 26 de junio de 2022

El escogido fue Luis Pino, un experto de 28 años a quien el comandante había conocido por anteriores presentaciones en diferentes lugares de Venezuela y a quien ese encuentro le dio un giro a su vida de 180 grados.

Con toda la formalidad del caso, en el salón de ceremonias del Palacio de Miraflores, Pino le explicó al famoso tenor italiano los vericuetos del cuatro, algunas generalidades de la música popular venezolana y de cómo su instrumento es la base de la música llanera. “Le conté que el cuatro es el instrumento nacional, el espíritu de identidad y el soporte del sonido tradicional de Venezuela”, recuerda Pino. Como corresponde, la reunión fue grabada y retratada por la gente de Presidencia.

Pino se fue a su casa a dormir, apagó su celular y, al día siguiente, cuando prendió su móvil, se dio cuenta de que algo extraordinario le había sucedido. Era la tapa de un par de diarios de circulación nacional: él, en el centro de la foto, a su izquierda, Chávez y a su derecha, Bocelli. De la misma manera, apareció en varios noticieros de televisión de su país. En cuestión de minutos se había hecho famoso en su país.

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Había aparecido en la primera página de un periódico nacional en donde estoy en un momento jocoso con Chávez, a la izquierda y Bocelli, a la derecha”

No solo la mitad de sus conocidos lo llamaron para felicitarlo –y la otra mitad para insultarlo–, sino que, desde entonces, se convirtió en una suerte de embajador del cuatro venezolano para el mundo. “Viví en carne propia la absurda división política de mi país, cuando lo mío era solo la música”, aclara Pino.

Tiempo después, quisieron repetir la misma historia con Plácido Domingo, pero algo salió mal en Miraflores. Con todo, el gobierno de Chávez conservó a Pino dentro de su sistema y fue así como el ya reconocido cuatrista recorrió Latinoamérica y Europa demostrando las posibilidades de su instrumento. Incluso, el chavismo le ayudó a comprar una casa para su mamá.

Sin embargo, poco después del fallecimiento de Chávez, comenzó a cansarse de las injusticias del modelo bolivariano, además de que estaba harto de no conseguir medicinas para su familia. Fue en el 2017 que todo cambió. Por cuenta de la muerte del violinista Armando Cañizales, un joven de 17 años que fue asesinado en una manifestación antigubernamental a manos de la policía antidisturbios, Pino decidió salir a la calle y marchar en contra del gobierno de Maduro. Ese acto simbólico, que también reseñaron los medios, lo alejó de la institucionalidad, precisamente por lo cual, por falta de trabajo, salió de su país.

Luis Pino en BOCAS

Luis Pino se encuentra con el músico Andrea Bocelli por invitación de Hugo Chávez.

Semanas antes de estallar la pandemia mundial, Pino llegó a visitar a su hermano en Colombia. Decretaron una cuarentena detrás de otra y él quedó atrapado en Bogotá viviendo una especie de ‘exilio viral’. Para sostenerse, solo pudo dar clases de cuatro por internet.

Poco tenía por hacer en Venezuela, y Colombia, poco a poco, le empezó a sonreír. En Yopal, Casanare, abrió un nuevo camino: por un lado, viene adelantando el proyecto ‘Sembrando Joropo’ y, por otro, está trabajando un disco con el cantante y bandolista colombiano Clemente Mérida.

El eco de su fama llegó a oídos de un grande. El mes pasado, Carlos Vives lo invitó a hacer parte de su álbum Cumbiana II, específicamente en la canción Patria, en la que Pino hace un increíble solo de cuatro. Esta es la historia de un músico muy talentoso que representa, en sí mismo, un pedazo de la reciente historia venezolana.

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¿Por qué el encuentro con Andrea Bocelli le cambió la vida? ¿Cómo se dio ese momento?
[Risas] Me llamó el maestro José Antonio Naranjo, flautista, compositor y fundador de la agrupación El Cuarteto. Él me recomendó la misión de acompañar el encuentro del presidente Chávez con el cantante lírico Andrea Bocelli. Para hacer corto el cuento, después de una conversa muy amena me tocó explicarle a Bocelli acerca del cuatro, de la música popular venezolana y de cómo el cuatro la soporta. Lo curioso es que después de este evento, al día siguiente, al prender el móvil, tenía una cantidad importante de mensajes de texto y de voz. Resulta que había aparecido en la primera página de un periódico nacional en donde estoy en un momento jocoso con Chávez a la izquierda y Bocelli a la derecha. Esta imagen causó sensaciones de todo tipo: algunas felicitándome por dicho acontecimiento y otros no tan amables. En el caso de mi familia, algunos reaccionaron con cartas y reflexiones, entendibles, por supuesto, pero al final, el tiempo, el cuatro y la música me ubicaron en episodios que procuro usar en pro de un crecimiento interno.

¿Es cierto que Chávez sabía mucho de joropo?
Chávez tuvo un amor entrañable por el suelo que lo vio nacer. Era un conocedor de la música llanera y del gremio. Se sabía el poema completo de Florentino y el diablo, de Alberto Arvelo Torrealba, por ejemplo.

¿Podría decirse que Chávez lo adoptó en Palacio?
[Risas] ¡No! Fueron situaciones que se dieron desde la institucionalidad. Me llamaban porque siempre ha habido solvencia en la profesión de la música y el instrumento. Desde ahí, y gracias al cuatro, he conocido el mundo, personalidades y sobre todo he podido consolidar una carrera como cuatrista.

¿Cómo era Chávez?
¡Carajo! Podría tener varios enfoques: ángel y demonio. Pero, sin lugar a dudas, un carisma indiscutible, de mucha audacia; lo demás está suficientemente ilustrado.

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Luis Pino nació en Caracas en 1981.

Luego quisieron repetir la misma historia con Plácido Domingo, pero algo salió mal. ¿Cómo le fue con el tenor español?
Por ser el cuatro en Venezuela un símbolo patrio, y la experiencia con Bocelli ya había sido buena, entiendo que quisieron repetirla. Y nuevamente fui a cumplir con la explicación y exposición del cuatro. Pero, como siempre, las variables aparecen. Esperaba a que me llamaran para entrar al salón donde sería la reunión y eso nunca ocurrió. De pronto se abrió la puerta del despacho y salió Chávez conversando seriamente con Plácido Domingo. El maestro Domingo me extendió la mano y el presidente me preguntó: “¿Qué haces aquí?”. Yo le respondí: “Vine a hablarle al maestro sobre el cuatro”. “No, tranquilo, ya va saliendo. ¡Acompáñame!”, me dijo el presidente. Fuimos hasta la puerta de salida y lo despedimos. Luego supe que Plácido Domingo había recriminado a Chávez por el tema político con Estados Unidos, por lo cual, y por supuesto, no hubo exposición de cuatro [risas].

Vamos a los inicios. ¿Quién le enseñó a tocar cuatro?
Luisa Pino, mi madre, me enseñó a tocarlo y lo reforcé en el preescolar con los profesores Mariangela Romero y David de los Reyes, ambos músicos.

¿Quiénes fueron sus maestros del cuatro?
Después de esos años de infancia y del acompañamiento de mi madre, en días de la adolescencia, siendo de Caracas, nos trasladamos a la Ciudad de Coro, estado Falcón [occidente de Venezuela]. Ahí ingresé a los talleres de la Estudiantina Juvenil Falcón, en donde recibí clases de música con la profesora Yolanda Molina y Luis Castro. En este momento ya tenía la firme decisión de dedicarme por completo a la música. Ya a los 14 años tuve mi primera intervención como solista del cuatro en un aniversario de la Estudiantina Juvenil Falcón. En el 94, conocí a Raúl Delgado Estévez, amigo de mi madre de la infancia, para ese entonces director del Orfeón Universitario de la UCV (Patrimonio Artístico de la Nación) y fundador de la agrupación El Cuarteto. Este encuentro generó mi primer cambio de 180 grados en mi vida; de la mano de Raúl conocí a dos grandes referencias que marcarían unos caminos puntuales: el maestro Cheo Hurtado, fundador del Ensamble Gurrufío y de La Siembra del Cuatro, del cual aprendí directamente el estilo y técnicas del cuatro. Posteriormente conocí a Miguel Ángel Bosch, integrante de la Agrupación Serenata Guayanesa, músico, compositor y productor musical.

¿Es cierto que fue serenatero?
No fui, soy serenatero [risas]. Es de las experiencias más hermosas de la música y del gremio, aprender desde el oficio, enterarse de la vida, las relaciones humanas y cómo la música de algún modo influye en algunos momentos.

Luis Pino en BOCAS

Luis Pino se convirtió en embajador de la música llanera venezolana durante el gobierno de Chávez.

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¿Cómo fue que empezó a ser productor a los 18 años?
La producción musical comenzó de la mano de Miguel Ángel Bosch, sin lugar a dudas, uno de los productores artísticos más importantes de la música tradicional en Venezuela. Con él y Vicky Pláter aprendí el maravilloso oficio de la producción, lo que está detrás del artista para brindarle al público una propuesta seria. Un trabajo minucioso de horas, meses e incluso años.

En el 2000 comenzaron sus giras internacionales. ¿Qué recuerda de eso?
En el año 99, en un concierto con el maestro Cheo Hurtado y Juan García (cuatrista), para el Festival Internacional de la Guitarra, Cheo me presentó a Claudia Calderón, pianista colombiana, quien contó con un trabajo muy serio de investigación acerca del joropo llanero. Claudia me invitó a participar en una gira internacional. Visitamos México, en donde tuvimos un par de conciertos en el Palacio de Bellas Artes y recuerdo un viaje ida por vuelta a un Festival Folklórico en Veracruz. Luego vinimos a Colombia, en donde tocamos en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. En esa oportunidad tuve el placer de conocer al expresidente Belisario Betancur. Ahí comenzó la etapa de viajes y recorrer el mundo.

¿Cómo fue su historia con el escritor Álvaro Mutis en México?
En ese primer viaje con Claudia y el equipo musical, se dio una tertulia en la casa de algún amigo colombiano en común en el D. F. Allá había un piano y ahí fue el encuentro con Mutis, un gran amigo del músico Roberto Koch. Fue increíble; me sacaba de mi ignorancia, me daba datos musicales sensacionales. Fue una noche de compartir, escuchar historias, libar y hacer música.

¿Cuál fue su primer disco?
Desde el alma, la hice con un grupo entrañable de amigos, bajo la dirección de David Carpio y con la grabación y mezcla de Rafael Rondón, ingeniero de sonido muy querido por el gremio. También participaron Alberto Requena, Rafael ‘el Pollo’ Brito y el maestro guitarrista y compositor Aquiles Báez.

¿Cuál es la mejor anécdota de su primera gira en Europa?
Anécdotas muchas, pero recuerdo una en particular. Llegando al aeropuerto de Barajas, íbamos una delegación importante de muestra tradicional y llevamos una imagen de San Antonio, a la cual, por revisión migratoria, querían descabezar para ver qué llevaba adentro. Todos protestamos y los productores buscaron una mejor manera de que requisaran al Santo. En ese mismo orden, en Chile sí nos rompieron unas maracas, ya que para entrar, en ese momento, estaba prohibido, según dijeron, entrar con semillas. ¡Se imaginará lo que es conseguir unas maracas en Chile que funcionen!

¿Cómo fue la producción de La ruta del cuatro y A los cuatro vientos?
Dos producciones de la vida. La ruta del cuatro fue una motivación de informar acerca del instrumento, bajo el patrocinio de Petrobras-Venezuela. No fue solo un disco, sino un libro explicando las distintas rutas del cuatro en Venezuela y por qué es el Instrumento Nacional. En el caso de A los cuatro vientos, fue un sueño, un disco con mis amigos y referencias musicales Serenata Guayanesa, Luis Julio Toro, Ismael Querales, y experimentar con algunas ideas sonoras en las que trabajamos David Carpio y este servidor.

Luis Pino en BOCAS

Hoy vive en Colombia –en Yopal–, donde adelanta el proyecto ‘Sembrando Joropo’. 

Volvamos a la política de su país. ¿Cómo lidió con su condición de músico de cara al resquebrajamiento social en Venezuela?
Hubo y ha habido momentos de mucha dificultad. Recuerdo que viajé a Europa en el 2016 y cuando volví, volteé la maleta sobre una cama que estaba llena de medicinas para mi madre, porque no había medicamento en Venezuela. Eso, simplemente, por reseñar un momento real de adversidad. Sin embargo, en mi corazón siento que toda esta situacion hará de Venezuela una nación mucho más fortalecida. Definitivamente, ya hay un aprendizaje de todo esto.

¿Cómo fue su relación con las embajadas?
Muchos viajes, exposición de la música y de la cultura. No puedo negar que el gobierno de Chávez realzó, dignificó y visibilizó al cultor popular. Una de sus medidas fue crear delegaciones culturales de todos los ámbitos que viajaban por cuenta del Ministerio de Relaciones Exteriores. Sin embargo, en el cuerpo diplomático no había un entendimiento absoluto de lo que ocurría, en algunos casos había una condición de poder, de “¡yo soy el embajador!”. Y alguna vez, con unos vasos dilatadores, como le digo al whisky, a algún delegado de la misión diplomática le dije: “No eres nada; te llama el presidente y te sacan del cargo. Los embajadores de una nación somos los que hacemos el arte y mostramos las virtudes del país. Así que, mientras yo esté en una tarima tocando y el cuatro suene, el embajador soy yo”. De igual forma hubo representantes entendidos y con sensibilidad hecha diplomacia que coincidían con este enfoque.

¿Cómo vivió la muerte de Chávez?
Un momento muy duro desde la emoción de un pueblo que lo seguía, de los que estuvimos cerca y de muchos que creímos equivocadamente en ese modelo, en esa estructura. Sin lugar a dudas, ese ser que ya no estaba levantó una estructura y, por ende, el duelo fue inevitable. El presidente de la nación que había gobernado había muerto y fue celebrado por un sector de la nación, reacción que desde mi sentir de entonces fue detestable, aunque logré entenderla después, así como la tristeza insoslayable de quienes lo amaron como mandatario y de quienes fueron parte de su equipo.

¿En qué momento comenzó su ruptura con el chavismo?

Fue difícil porque ese gobierno me ayudó a comprarle la casa a mi mamá. Pero también fue como esa relación que no te atreves a dejar, que te jode, pero sigues ahí. Venía quebrándose mi espacio de comodidad, hasta que sucedieron los hechos del 2017. Todo en mí cambió en una manifestación antigubernamental con el asesinato de un violinista del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela [Armando Cañizales, joven de 17 años]. Hasta ahí llegué. Decidí desvincularme del espacio gubernamental. No estar más en las actividades, cumplir con los compromisos pendientes y recomenzar desde otros espacios.

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¿Fue difícil fijar una posición desde ese pequeño lugar de privilegio que usted tenía?
Mi relación, vista desde ese momento, entró en un vicio. Hice desde lo que en aquel momento consideré. Crecí como músico, conocí gente especial dedicada y comprometida, experiencias artísticas, licencias y oportunidades desde ese marco. Pero no podía hacerme el de la vista gorda sobre todas las deficiencias solo porque había un proceso cultural. Debo decir que todo lo tocado fue honesto, nada en falsedad. Cada centavo fue trabajado y, sobre todo, mostré y expresé a través del cuatro la música de mi país. Fue un profundo compromiso con mi nación y con nuestra identidad cultural.

¿Por qué terminó viviendo en Colombia?
Vine a encontrarme con mi hermano que vive en Australia desde hace 14 años, y hace dos años planificamos un encuentro familiar que se dio en Barranquilla. De ahí, fui a Bogotá, el plan era estar unos días, entonces, se me ocurrió hacer la ‘Siembra del Cuatro’ en Colombia, de una forma más contundente. A los días de estar planificando, llegó la pandemia. Finalmente, eso me llevó a tomar varias decisiones en el momento, entre ellas quedarme en Colombia una buena temporada porque tampoco había mucho que hacer en Venezuela. Allá, ya todo estaba deteriorado.

¿Cómo se ganó la vida durante la pandemia en Colombia?
Volví a la enseñanza. Me atreví a las clases virtuales y empezó la gente a interesarse. Eso hizo que retomara la enseñanza, ahora de una manera más estructurada, en el modo virtual. Valga la publicidad, les invito a conocer más acerca del cuatro.

¿Y por qué terminó viviendo en Yopal?
Fui a Yopal por algunas personas cercanas, enlaces que hicieron posible que me moviera. En Yopal estuve en uno de los programas más importantes desde la cultura, financiado por Ecopetrol en Casanare, ‘Sembrando Joropo’, dirigido por Sandra Saavedra, dedicado a la formación de niños y jóvenes en el ámbito de la música y la danza tradicional de la región. A partir de esa experiencia, conociendo otras estructuras, llegué a Laura Miranda, directora de la Fundación Cunaguaro, y a Alejandro Olaya, director de la Fundación Palmarito. Con ellos estamos desarrollando la segunda fase del programa ‘Río Cravo Sur Vital’ con los niños de la región, haciendo equipo de trabajo con el maestro y compositor Carlos Cesar ‘Cachi’ Ortegón y con la fotógrafa e investigadora Juanita Escobar.

¿Cómo inició su colaboración con Clemente Mérida, un gran cultor de la música llanera en Colombia?

A Clemente lo conozco por Andrés Leal, el productor musical que me invitó a escucharlo. A partir de ahí fue una amistad a primera vista. Clemente es un gigante cultor popular, un tremendo bandolista y un gran corazón cubierto de bondad. Un ser químicamente puro.

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Carlos Vives lo incluyó en su trabajo ‘Patria’.

¿Y cómo llegó a Carlos Vives?
Un día recibí la llamada de Andrés Leal, productor el disco Cumbiana I, y me comentó que había por ahí un tema que Carlos Vives había grabado. Ese tema fue otra de las razones por las cuales sigo atado a Casanare. En Yopal escuché el tema y empecé a fantasear con mi cuatro. En ese mismo momento estábamos diseñando la producción de Clemente y decidimos hacer algunas tomas con él que dieran un finiquito al desarrollo de la canción. Y así fue. Eso se lo pasamos a Andrés y él más adelante me llamó y me dijo: “Aquí está el tema. ¡Lo logramos!”. La canción se llama Patria, una colaboración de Carlos Vives con el Cholo Valderrama, Clemente Mérida y yo en el cuatro. Está en el álbum Cumbiana II.

Se ha hecho viral un video de la canción que plantea un encuentro con Carlos Vives en el Parque Virrey de Bogotá. ¿Cómo fue eso?

Cualquiera creería que estaba todo preparado, pero no fue así. Carlos y Claudia Elena, su señora, prepararon un concepto excelso de presentación. Tomaron la Santafé de Bogotá, como me gusta llamarle, y pararon una historia de canciones y encuentros. Y ahí, justamente, aparece don Carlos Vives con su honestidad y su calidez. Y ahí mismo nos conocimos y nos quisimos para siempre, como suele ser desde la música.

¿Cuál es su situación como venezolano en Colombia?
La situación legal ya está resuelta, gracias a Dios. Finalmente salió el Permiso de Protección Temporal. Este permiso le ha permitido a toda la población venezolana que se encuentra en Colombia legalizarse y avanzar desde esta Nación.

¿Piensa volver a Venezuela?
Siempre. Ya con la situación migratoria resuelta en Colombia puedo regresar a Venezuela. Y en este momento, en donde la Nación se va reponiendo, hay que vincularse con el proceso. Yo no salí de Venezuela por gusto, fue una circunstancia y he crecido en todos los aspectos. Pero el costo emocional ha sido alto, estar lejos de mi madre y de mi pareja ha sido doloroso. Hay que volver al amor de la casa y, siempre, del país.

Portada BOCAS

El actor Tom Cruise es la portada de la edición #118 de la Revista BOCAS.

PORTADA BOCAS 118

El actor Tom Cruise es la portada de la edición #118 de la Revista BOCAS.

Gracias por leernos.
Entrevista por Mauricio Silva
Editor de la Revista BOCAS
Fotos: Pablo Salgado
Edición #119 Junio-Julio 2022

Le recomendamos otra entrevista de nuestra edición #118: Entrevista de BOCAS con la expresidenta del órgano que redactó la Constitución Chilena: Elisa Loncon.



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