Patricia Ariza, ministra de Cultura, de Petro: ‘Seguiré siendo una artista’ – Arte y Teatro – Cultura



En la primera década del siglo XXI, Patricia Ariza, la próxima ministra de Cultura, volvió a ver su vida en peligro. Era una superviviente de las matanzas de los años 80 que prácticamente dejaron sin integrantes a la Unión Patriótica. Había logrado mantener vivo el Teatro La Candelaria y los crímenes políticos parecían cosa del pasado, pero hubo un expediente –que se hizo público– que la señalaba de “posible subversiva al servicio de las guerrillas” y de “hippie y nadaísta”.

Más de 300 artistas firmaron una carta de respaldo rechazando los señalamientos. Ella, a pesar de todo, no pensó en exiliarse. En una entrevista con El Espectador, dijo sin miedo: “Este es mi país y voy a pelear mi derecho a vivir aquí, a pensar y a crear como quiero. Ese derecho no me lo quitan”.

Ariza (Vélez, Santander, 1948) fue una de las fundadoras de la Unión Patriótica y vio el asesinato de más de 4.000 militantes y de sus dos candidatos presidenciales. En esos años, en el que La Candelaria era allanada y solo encontraban fusiles de madera hechos para las obras teatrales, tuvo que llevar un chaleco antibalas sobre su cuerpo, un cuerpo formado en las tablas del teatro, formado para el arte y no para la guerra.

(Siga leyendo: Galeón San José: ‘Gobierno Santos abrió perspectivas científicas’).

En ‘El libro de los abrazos’, el uruguayo Eduardo Galeano narró un episodio de su vida: “El chaleco era triste y feo. Un día, Patricia le cosió unas cuantas lentejuelas, y otro día le bordó unas flores de colores, flores bajando como en lluvia sobre los pechos, y así el chaleco fue por ella alegrado y alindado, y mal que bien pudo acostumbrarse a llevarlo siempre puesto, y ya ni en el escenario se lo sacaba. Cuando Patricia viajó fuera de Colombia, para actuar en teatros europeos, ofreció su chaleco antibalas a un campesino llamado Julio Cañón, alcalde del pueblo de Vistahermosa, ya le habían matado a toda la familia, a modo de advertencia, pero él se negó a usar ese chaleco florido: ‘Yo no me pongo cosas de mujeres’, dijo. Con una tijera, Patricia le arrancó los brillitos y los colores, y entonces el hombre aceptó. Esa noche lo acribillaron con el chaleco puesto”.

Ariza es artista, pero su vena política siempre ha estado ahí. Su papá, Marco Aurelio Ariza, era un santandereano profundamente apasionado y creyente en sus causas políticas. “Tuvo una pasión gaitanista increíble, y me pasó esa enseñanza por las causas justas, por la paz”, dice. Y ella ha sido política en el arte, en el teatro, en sus poemas, en el trabajo con víctimas del conflicto, con exintegrantes de las Farc.

Ahora llega al Ministerio de Cultura, que tiene a su cargo muchos temas: arte, teatro, danza, música, cine, patrimonio oral e inmaterial, moda, gastronomía, bebida con denominación de origen (viche) y cuidar y revitalizar las tradiciones.

Su hogar es el barrio La Candelaria, en el teatro que fundó con el maestro Santiago García, que fue su pareja y padre de Catalina, la hija de ambos, y la Corporación Colombiana de Teatro, su otra ‘hija’. Además, es directora de dos festivales: Alternativo y Mujeres en Escena por la Paz. Ha escrito y dirigido varias obras, entre ellas ‘Mujeres desplazándose’ y ‘Camilo vive’, y ha ganado múltiples premios nacionales e internacionales.

Su familia se trasladó de Vélez, Santander, a Bogotá, cuando era una niña y después de pasar por varios colegios e irse a Medellín un tiempo, ingresó a la Universidad Nacional a estudiar Historia del Arte. Pero su vida tenía mucho más. Fue nadaísta; fue alumna de Marta Traba en los Andes. En la Nacional conoció al maestro Santiago García gracias a la obra ‘Galileo Galilei,’ y entre los dos –como artistas, amantes y obreros– construyeron sobre un potrero uno de los principales referentes del teatro colombiano: el Teatro La Candelaria, en 1966.

(Lea también: Cecilia Vicuña: la estrella del arte que expone en Bogotá).

¿Qué le dijo el presidente electo cuando le ofreció el ministerio?

Que para él son muy importantes el arte y la cultura y pasamos a un cambio. Tenemos la oportunidad de darle más a este país. En los últimos tiempos la cultura ha sido valorada, pero la pandemia lo cambió todo. Las salas de teatro estuvieron cerradas más de un año. Fue muy duro. Hubo incluso espacios que cerraron para siempre; otros sobrevivieron, mostrando su fuerza indestructible. El arte es muy importante para la vida y este gobierno potencia la vida. Y la vida y la cultura deben ser el alma de este fundamento.

¿De dónde viene su amor por el arte?

Yo nací en Vélez, Santander, pero no viví allí. Nos vinimos para Bogotá, buscando un mejor futuro por esas violencias de país. Mi papá tocaba bandola y tiple. Era un pueblerino ilustrado que escribía acrósticos y de él tengo la sensibilidad por la cultura. Además, era artesano, carpintero, tallador, y aprendí a aserrar y a cortar. También, los nombres de algunos utensilios, como el villamarquín, es un oficio que tiene nombres de herramientas hermosos. De mi mamá, Lucrecia Flórez, tengo el tesón más grande para no dejar nada empezado. Ella fue la que más impulsó venirnos a Bogotá, en su empeño por salir adelante.

¿Cómo conoció a Santiago García?

Yo me había ido a Medellín en los años 60, como nadaísta, y a mi regreso, en lo que mi familia definió como un rescate, entré a la Universidad Nacional. Santiago apareció y el teatro me ganó.

(No deje de leer: Positivo balance de la Zoombasta para el Museo Nacional de Colombia).

¿Qué dijo su familia?

Fue muy duro. Tenían la esperanza de que terminara la universidad. Para ellos, al principio, el teatro no era significativo en la vida social del país, pero con el maestro tuve el privilegio de recibir las primeras lecciones de teatro viéndolo dirigir y concentrando todas las energías en ello. Luego lo ayudé a fundar La Candelaria, pero seguí estudiando y fui discípula de Marta Traba en la Universidad de los Andes.

¿Cuál fue la mayor enseñanza que le dejó Santiago García en el teatro?

Que construir una obra es un trabajo sistemático de laboratorio, de creación permanente. Que hay que ensayar todos los días para así ensayar la vida. Para Santiago, la necesidad de arte era como el aire, pero también salirse de la zona de confort. Si hoy terminábamos una obra, mañana empezábamos otra. Él y Enrique Buenaventura nos enseñaron que no basta crear, hay que investigar mucho. Nos enseñaron el privilegio de ejercer la libertad teatral siendo responsables de lo que decimos en escena.

¿Qué opina del teatro colombiano?

Es un gran teatro, reconocido en el mundo, por sus actores y su dramaturgia. Ahora hay un gran fenómeno de mujeres llegando como dramaturgas y directoras, creando salas.

Ahora está en el empalme, pero de su conocimiento como gestora y creadora, ¿qué cosas buenas tiene el ministerio?

En teatro ha habido voluntad y se han construido muchas cosas: políticas y salas concertadas, entre otras. Y siento que se ha hecho bastante. Pero es necesario hacer cambios: ligar la cultura a la paz, la enseñanza, hacer sinergias con otros ministerios, como el de educación, para una verdadera explosión. Necesitamos que los niños y jóvenes vean teatro y cine, vayan a conciertos, eso contribuye enormemente a una sociedad sensible socialmente, que valore la estética, la creación, la vida.

(Lea también: Fallece a los 97 años el británico Peter Brook, leyenda del teatro).

Muchas de esas cosas las ha hecho usted sin ser ministra.

Sí, trabajando con desplazados y desplazadas, víctimas de la violencia, exintegrantes de las Farc; formando grupos, montando obras, desengatillando ese imaginario de violencia; cambiando culturas de guerra por unas de paz, sin estigmatizar, sino contribuyendo a erradicar las formas de racismo, una de nuestras más grandes tragedias; o de machismo y de la violencia contra las mujeres.

¿Cómo siente que se ha recibido su nombramiento?

Llevo muy pocos días y con muchas carreras, pero siento que hay un plebiscito alrededor de mi nombre, por lo que represento como artista. La gente cree importante que una colega esté en el ministerio. Estoy abrumada con la confianza que están depositando en mí las personas de las regiones, donde he trabajado tanto. Eso es gratificante. Aunque debo decir que estoy un poco nerviosa por la responsabilidad.

Para usted la memoria es muy importante. ¿Cómo la aplicará en el ministerio?

Un país no puede meter la historia de sus acontecimientos, así sean dolorosos, debajo de la alfombra. Queremos un futuro de paz, de vida sabrosa con memoria de lo que nos ha sucedido para poder superarlo. La memoria es importante para comprender las causas de la violencia.

¿Y durante los desplazamientos se ha perdido la memoria?

Sí, pero de todas maneras ellos traen su riqueza cultural y en Bogotá se ha dado un gran crisol, enriqueciendo la cultura local.

El Ministerio de Cultura también tiene a su cargo la industria de la moda.

Sí, y es una de las expresiones más valiosas que tenemos. Y otro aspecto que he visto muy potencializado en este empalme es la red de bibliotecas. Habrá cosas para cambiar, pero en esta relación de recibir el cargo la escucha de ambas partes ha sido muy importante y valiosa, y lo agradezco mucho.

¿La economía naranja sigue en este gobierno que empieza?

Hay cosas valiosas. En el mundo existen las industrias culturales y las economías creativas. El país ya tiene alivios tributarios para que las empresas privadas inviertan en cultura sin que todo se reduzca a economía naranja. Vamos a tratar de hacer más alianzas con empresas privadas, tomar lo bueno que hay y transformar algunas leyes.

(Le puede interesar: Muere Peter Brook, famoso director de teatro, a los 97 años

¿Se ha hablado en el empalme del galeón San José?

Sí, está en la mesa como un gran tema. También el patrimonio de la Humanidad de las murallas y las construcciones de Cartagena.

Cecilia Vicuña, artista chilena cuya obra se expone en el Banco de la República, es su amiga, ¿verdad?

Es una de las artistas más importantes del mundo. Hace poco estuve en Nueva York y tenía cuatro exposiciones en simultánea. La conocí cuando llegó a Colombia como exiliada. Hacíamos peñas de canción social con Pablus Gallinazus y Ana y Jaime. Tuve dos cuadros de ella, uno se perdió en tantos trasteos y el otro está en la colección del Banco. Nos volvimos a ver no hace mucho y fue maravilloso redescubrirnos.

¿Ahora, como ministra, dejará el teatro?

No, seguiré siendo artista, no voy a abandonar mi práctica ni mi poesía.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
CULTURA
EL TIEMPO

Más noticias 

– Aventuras colombianas de capa y espada

– La española Cristina de Middel, nueva presidenta de la agencia Magnum

– ‘Moon Phases’, la primera exhibición de arte que será instalada en la Luna

– ¿Quiere ver la obra de Banksy? Le contamos cuánto vale ir a su exposición



Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published.