Virginidad: así evitaban ser descubiertas las mujeres en la Edad Media – Gente – Cultura


La Edad Media, dada entre los siglos V y XV, fue una época dura para el género femenino, ya que no tenían un rol importante en la sociedad. La mujer solo era vista para suplir las tareas de la casa como cocinar, asear, planchar y cuidar a los niños, pero en temas políticos o económicos, no había cabida para las señoras o señoritas.

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De igual manera, la virginidad de las mujeres se consideraba una virtud que las hacía pulcras y dignas. De hecho, las féminas eran vistas como mercancía fresca cuando no habían tenido ningún tipo de relaciones sexuales, ya que en el matrimonio este hecho era calificado como una virtud.

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La virginidad, una regla de oro para la mujer en el matrimonio

Según la investigadora Kathleen Coyne Kelly en el libro ‘Performing Virginity and Testing Chastity in the Middle Ages’ (2000), el método más seguro para garantizar la paternidad era la virginidad.

Para que un niño fuera visto como heredero legítimo, la única prueba contundente era que el hombre se acostara con una novia virgen.

La sexualidad de una mujer, en la Edad Media, era considerada una virtud en el lecho matrimonial.

Según Coyne, en la Edad Media, la manera más obvia y efectiva de confirmar y evidenciar que una mujer realmente era virgen consistía en inspeccionar el himen, una membrana delgada, la cual cubre con frecuencia gran parte de la abertura de la vagina. Ello siempre resultó infalible.

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Así que cuando una joven, señora o señorita ya había tenido sexo antes de contraer matrimonio, debía mentir o fingir que era virgen para no ser discriminadas ni apartadas.

Sin embargo, los métodos no eran para nada sencillos, por el contrario, eran dolorosos y perturbadores como poner sanguijuelas en su vagina.

¿Sanguijuelas dentro de la vagina?

Una de las técnicas más usadas para que una mujer se hiciera pasar por virgen, según relata el libro mencionado con anterioridad, era introducir sanguijuelas en la vagina, ya que cuando estos animales se encontraban en el interior de esta parte del cuerpo, mordían y provocaban una hemorragia o una costra que se abría en el momento de ser penetrada.

De este modo, la sangre que salía de la zona íntima era una prueba que le aseguraba al esposo que su mujer sí era virgen.

Himen roto, ¿doloroso?

Cuando una mujer ya había perdido su virginidad, también acudían a un método incómodo y doloroso, como lo era la reparación del himen roto, ¿cómo funcionaba?

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El proceso se realizaba mediante la fumigación, la cual consistía en preparar una mezcla de sustancias herbáceas con mal olor. Luego de ello, el vapor se utilizaba para reparar el himen roto, según el libro.

La magia de un libro de pociones

La Celestina, de Francisco Rojas, un ejemplo de renovar la virginidad.

‘La Trótula’ era el recetario medieval utilizado para la ginecología y la salud de las mujeres. Este ofrecía recetas extrañas usadas en la Edad Media para que una mujer pudiera restablecer su virginidad, de acuerdo con Coyne.

Al parecer, dicho texto fue uno de los más influyentes de la medicina femenina más influyente de la Europa medieval, cuyas pociones estaban hechas con clara de huevo, flores y hierbas.

Los procedimientos eran diferentes; uno de esos se basaba en tomar las claras de los huevos y mezclarlas con la misma agua en las que se hayan hervido las hierbas.

Por otro lado, se conoció otra de las recetas escritas en dicho libro: colocaban un paño de lino nuevo mojado en la vagina tres veces al día.

Intestinos de palomas, otra forma de ocultar que una mujer no era virgen

Suena asqueroso y repulsivo, pero los intestinos de las palomas fueron uno de los métodos más comunes para ayudar a una mujer a que no fuera descubierta en el momento del encuentro sexual con su esposo.

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El cirujano italiano Guilielmus de Saliceto escribió en uno de sus libros que poner el intestino de una paloma relleno de sangre en la vagina lograba crear el efecto de dejar una mancha de sangre mientras se estaban teniendo relaciones sexuales.

Las mujeres debían realizarse un baño caliente en sus genitales y frotarse con ungüentos especiales. Después de ello, debían colocar un intestino de paloma lleno de sangre en la vulva, que es la parte que rodea y constituye la abertura externa de la vagina. Al lograr dicho movimiento, el intestino se rompía y la sangre que brotaba engañaba al esposo.

La voluptuosidad, una manera de ser descubierta

Para aquella época, muchos fueron creyentes de que era posible evaluar la pureza de una mujer por su aspecto, dado que los hombres aseguraban que unos senos grandes indicaban que la fémina tenía una notable experiencia sexual.

Así que, para que las mujeres pudieran esconder sus voluptuosidades, existían numerosas recetas basadas en ingredientes con propiedades refrescantes y tensoras. Eso evitaba que los pechos crecieran con facilidad.

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