Luis Cassiani toma un paso de distancia, se concentra, mira la barrera, la ve amplia, pero no imbatible. Su especialidad son los tiros libres. Y los desafíos. Así que se tiene fe. Suena el pito. Luis apoya las muletas con firmeza sobre el césped. Su cuerpo, tras un brinquito, va de atrás hacia delante, como columpiado para impactar el balón con furia, con la poderosa pierna derecha, no la zurda porque esta está ausente, y la pelota va como un proyectil hacia un ángulo y es golazo, y Cassiani mira al cielo, como conmovido, pega un grito y le agradece a Dios por tenerlo ahí, haciendo goles como antes, jugando al fútbol como antes, feliz porque integra la Selección Colombia de amputados que clasificó al Mundial de Turquía, el segundo al que él asistirá: otro sueño, como los de antes.

“Estamos saltando en una pierna”, bromea Cassiani cuando la clasificación ya es un hecho. Y su voz es toda alegría, toda emoción. No hay señal de abatimiento. No hay asomo de inferioridad. Cassiani salta sobre la pierna derecha, que es una pierna fortalecida como de hierro, aunque no es de hierro. Una pierna como si fueran dos piernas. Una pierna que tira balonazos que terminan en golazos. Y es que una pierna es una pierna. Con ella le anotó de tiro libre a Uruguay y a Ecuador en el Sudamericano clasificatorio al Mundial de Turquía, en el que Colombia se fue creciendo para lograr los resultados y el cupo anhelado, luchado, sufrido. Cassiani y sus compañeros lograron una hazaña. Y van por más.

Cassiani tiene 27 años, nació en Barranquilla, lleva la camiseta 10 de Colombia. Es el volante creativo y uno de los dos capitanes de la Selección. Una de las figuras entre tantas figuras. ¿Que si se siente James o Falcao? No, él se siente Luis Díaz, es al que admira. También al Pibe Valderrama, a Ronaldinho, sus íconos son esos, los talentosos, como él, que en la cancha tira pases de gol con facilidad. Es un arte que pulía antes y no lo ha olvidado ahora. “Me gusta el regate de Messi y la disciplina de Cristiano Ronaldo, uno intenta aprenderles a ellos”, dice.

Es un hombre fornido. Pesa 77 kilogramos, quiere quedarse en 70. Algunos le dicen la Roca, como al famoso luchador y actor de cine estadounidense. Otros lo llaman sencillamente la Bestia, desde que jugó un partido contra Brasil y sus rivales lo comparaban con el exjugador brasileño Julio Baptista, al que así le decían por su potencia y su remate. Cassiani se siente orgulloso de sus apodos. Pero insiste en que lo suyo no solo es la fuerza y la potencia, sino su dominio del balón, su precisión. Ah, y déjenle un tiro libre y ya lo verán…

El duro despertar

Selección Colombia de amputados

Luis Cassiani, en acción con la Selección.

Foto:

Gobernación del Atlántico

Cassiani iba de parrillero en una moto aquel día del 2011 cuando se le atravesó la fatalidad. Un hueco, un simple hueco, eso fue suficiente, una caída, la peor caída, un accidente y el vuelco de la vida cuando esta recién empezaba, 16 añitos. Los sueños quedaron estancados por unas horas, mientras estaba inconsciente. Cuando Cassiani despertó en la cama del hospital, notó de inmediato que algo faltaba: faltaba la pierna izquierda, la misma con la que también hacía goles de tiro libre en el club Llantería Muñoz, en Barranquilla, donde jugaba y donde se proyectaba para llegar a ser profesional e irse jugar en un equipo grande, esos eran sus sueños. Entonces se percató, un pestañeo para comprobar que no estaba dormido, que no era una pesadilla, y sí, ya estaba amputado. Y, sin embargo, Cassiani, que dice que es ambidiestro, no se derrumbó.

Quienes lo conocen se sorprendieron de ver su fortaleza mental. Se levantó como quien se levanta sobre ambas piernas, lleno de coraje, buscando una revancha que en este caso era la vida misma. “La realidad era otra, pero siempre estuve carismático, aferrado a la vida espiritual, porque creo en Dios. Él fue mi psicólogo. He sido una persona resiliente, he renacido de la adversidad”, asegura hoy, y su acento tan costeño.

Y ahí estaba de nuevo, recorriendo las canchas, metiéndose en los picados, y qué importaba que la gente lo mirara diferente. “Me dijeron loco, que cómo iba a jugar, que era el único en muletas… Pero yo les decía que los que innovamos siempre tenemos que estar preparados para que nos traten de locos, porque nos diferenciamos de los demás… Mi familia quedó anonadada de ver cómo afronté las cosas. Creer en Dios me llenó de fortaleza…”, dice Cassiani, que siguió adelante con todos sus proyectos: hoy es técnico en gestión comercial y tecnólogo en gestión empresarial egresado del Sena. Lidera una fundación llamada Campeones sin Límites, que trabaja con víctimas de minas y deportistas en condición de discapacidad.

Además, se dio a la tarea de investigar cómo se estructura el fútbol de amputados en otros países, empezó a reunir jugadores que por diferentes razones habían perdido una extremidad y empezó a darle vida a esta Selección. Sus sueños habían sufrido una variación, pero eran casi los mismos: llegar a la Selección, vestir la camiseta ‘10’, hacer goles de tiro libre y clasificar a otro Mundial.

El camino hacia el Mundial

Selección Colombia de amputados

Selección Colombia de amputados fue uno de los cuatro equipos clasificados.

Son Luis Cassiani, Candelario Donado, José Suárez, Jesús Moreno, Jairo Meza, el portero Alfonso Visbal – que ataja sin un brazo–, Pedro Pilonieta, Jerry Herrera, Jorge Tovar, Humberto Rochel, Julián García, Árnol Sepúveda y el DT Lesis Ibáñez, quienes se prepararon para clasificar al Mundial de Turquía, en el Sudamericano disputado en Salgar, cerca de Barranquilla. Un Sudamericano de futbolistas amputados.

Siete contra siete. Dos tiempos de 25 minutos. Cancha de 80 por 40 metros. Muletas, que en realidad se llaman bastones canadienses y van a la altura del antebrazo, para los jugadores de campo, que han perdido una extremidad inferior. Esos bastones son como una extensión de los brazos porque la pelota no se puede tocar con ellos. La fuerza, la pericia, el remate y la destreza –como dice Cassiani– son de la pierna, mientras que el portero, al que le falta una extremidad superior, también intenta ser el héroe.

El comienzo de Colombia fue adverso en el campeonato: empate contra Chile 2-2, perdió contra Brasil, 1-0, perdió contra Argentina, 2-1, la eliminación asomaba peligrosamente. Pero el equipo se levantó del suelo. Cassiani les habló mucho a los jugadores, les habló como líder, de aquello del coraje, de aquello del ímpetu, de aquello de los sueños y las metas. El partido clave fue contra Uruguay, porque una derrota los dejaba afuera, y ese día lograron un agónico empate 1-1, faltaban 5 minutos cuando llegó el gol de tiro libre de Cassiani, que cuando anotó levantó las manos al cielo y gritó con todas las fuerzas, un grito que le salía de las entrañas, un grito coreado por su propia alma: “¡Gracias, Dios!”. Para Cassiani ese es hasta el momento el mejor gol de su carrera, por el significado. “Nos devolvió la ilusión de clasificar”, dice ahora, orgulloso.

Colombia estaba realmente de pie. Luego venció a Ecuador 3-0 y ese día Cassiani hizo otra de las suyas, otro golazo de tiro libre, fue cuando tiró las muletas lejos, dio seis salticos y se arrodilló sobre la rodilla derecha, como entre feliz y nostálgico, mientras recibía abrazos por montones. Ya en el partido definitivo, la victoria fue contundente, un 6-0 contra Perú, ya Cassiani no anotó, pero sus compañeros asumieron el protagonismo: Candelario anotó en tres oportunidades, los demás goles fueron de Suárez, Moreno y Meza, este último, para que no quede duda de que aquí sobra talento, fue gol olímpico. Colombia llegó a 8 puntos y logró el cuarto cupo al Mundial, que se jugará en octubre. Así que los jugadores siguen saltando de felicidad. “Cada uno puso su granito de arena, su esfuerzo para que esto se hiciera realidad”, dice Cassiani.

El después

seleccion Colombia de amputados

La Selección entona el himno nacional.

Foto:

Indeportes Atlántico

Cassiani se entrena a diario. 200 abdominales. 200 flexiones de pecho. Entrena su pierna. Entrena sus tiros libres. Entrena su mente, que también toca. Antes del accidente sentía que tenía la proyección para jugar en Europa, después del accidente aún cree que puede irse al exterior, otra vez, más lejos, porque ya estuvo en la liga de Costa Rica, de donde regresó durante la pandemia. Piensa que el Mundial de Turquía puede ser su trampolín, quiere quedarse a jugar en esa liga unas cuantas temporadas. Tiene experiencia. Ya ha estado con la Selección de amputados en el Mundial de México 2018, en la Copa América 2015 y en una Copa Confederaciones. Cassiani no tiene barreras más allá de las que se le ponen por delante en los tiros libres.

Yo empecé a valorar más, enfocando como prioridad lo que uno se traza en la vida. Tengo una frase que es que cuando uno tiene disposición y voluntad consigue lo que quiere

Luis Cassiani quiere ser ejemplo. Quiere transmitir su mensaje, ese de que no hay imposibles, ese de que lo que uno se propone se puede lograr, ese de que se puede salir de las adversidades. Que lo diga él, en sus palabras: “Nunca se afanen, creo que a veces las pruebas hacen parte del propósito, y al final Dios siempre nos recompensa… Yo empecé a valorar más, enfocando como prioridad lo que uno se traza en la vida. Tengo una frase que es que cuando uno tiene disposición y voluntad consigue lo que quiere”.

La siguiente meta de Cassiani y de esta Selección es que se conforme la liga profesional, como en Uruguay, como en Brasil, como en Argentina. Cassiani cree que con la clasificación al Mundial y el apoyo que ya han recibido de la Gobernación del Atlántico, más actores se van a unir para potenciar esta modalidad. “Nos estamos dando a conocer y demostrando que tenemos muchos deportistas capacitados. Estamos invitando a todos los que se quieran sumar a ver si podemos estructurar la liga”, dice.

Cassiani y los demás iban a ser invitados al partido de la Selección Colombia este jueves contra Bolivia, en la eliminatoria al Mundial de Catar.

–Y si pudiera hablar con James, Díaz y los demás, ¿qué les diría?
–Que no pierdan la fe, que a veces las pruebas hacen parte del propósito, que confíen en sus capacidades y en Dios, porque él lo hace posible.

Cassiani es una prueba de ello. Se ha levantado sobre la pierna derecha para hacer posible lo que parece imposible. Para derrumbar barreras, como quien hace de su vida un tremendo gol de tiro libre.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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