Los representantes de Colombia en las 63 embajadas y 104 consulados, en los últimos 20 años –desde el primer mandato de Álvaro Uribe hasta el actual gobierno de Iván Duque– han sido designados, en su gran mayoría, bajo la figura de libre nombramiento y remoción.

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Según información entregada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, en lo que respecta a la selección de los embajadores, desde el 2002 el país ha contado con 432 funcionarios al frente de estas casas diplomáticas, de los cuales 362 fueron vinculados a través del libre nombramiento. Esto corresponde al 84 por ciento del total. Solo 15 por ciento, es decir, 64 embajadores, ha sido de carrera, y el 1 por ciento (7 funcionarios) no registra su vinculación.

Contradictoriamente, la sentencia 292 del 2001 de la Corte Constitucional reglamentó un mínimo de embajadores de carrera del 20 por ciento. Ordenó, además, que esta fuera la base y que en los años siguientes ascendiera de manera progresiva “a medida en que se presentaran las vacantes”. Sin embargo, no ha sido así.

Los gobiernos se han encargado de cumplir con la norma, sin presentar mayores avances en cuanto a la consolidación de una nómina con un nivel más alto de preparación.

Según el presidente de la Asociación de Diplomáticos de Carrera, el embajador Diego Felipe Cadena, “los gobiernos se han encargado de cumplir con la norma, sin presentar mayores avances en cuanto a la consolidación de una nómina con un nivel más alto de preparación y, por ende, una política exterior unificada”.

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Precisamente, la diferencia entre las designaciones de carrera y las de libre nombramiento radica en la trayectoria y capacitación de los funcionarios. Mientras a los primeros se les exige una serie de requisitos que avalan sus conocimientos en relaciones exteriores, los segundos no deben ser expertos en esta materia ni tener experiencia previa en cargos diplomáticos.

Comparativa regional

Este desbalance se ha mantenido intacto en Colombia, a diferencia de otros países de la región, donde hay un mayor equilibrio e, incluso, casi la totalidad de embajadores y diplomáticos son funcionarios de carrera.

“En Brasil y Chile, por ejemplo –por costumbre, no por ley–, la totalidad de sus embajadores son de carrera, salvo unos casos específicos que no superan el cinco o diez por ciento de la nómina. En Perú, por su parte, aunque se establece que el 80 por ciento de los embajadores debe ser de carrera, prácticamente el 100 por ciento tiene este nombramiento”, informa el presidente de la asociación.

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En estos modelos, como en Colombia, se le da la libertad al presidente de seleccionar los diplomáticos. Sin embargo, se prioriza a quienes tienen la formación para serlo, y, “en caso de tener compromisos de gobernabilidad, asegura el embajador Cadena, escoge a quienes estando en carrera son más afines a su mandato”. Este hecho, añade, “tiene mayor mérito, pues, al fin y al cabo, es gente que sabe”.

Preparación académica

En efecto, un diplomático de carrera inicia exclusivamente en la categoría de tercer secretario de Relaciones Exteriores y luego de un año de prueba y tres de experiencia logra ascender a las demás categorías del escalafón: segundo secretario (4 años), primer secretario (4 años), consejero (4 años), ministro consejero (4 años), ministro plenipotenciario (5 años), hasta llegar a embajador después de 25 años.

Esta jerarquía actualmente está conformada por 786 cargos, con asignaciones salariales bastante elevadas comparadas con la nómina del Ejecutivo. Un embajador recibe de sueldo más prima especial, por ejemplo, 41 millones de pesos. Un ministro plenipotenciario, 32 millones, y un consejero, 27 millones. Sin embargo, pese a que el ascenso escalonado es obligatorio para los funcionarios de carrera, no lo es para los de libre nombramiento, quienes son designados en cualquier nivel sin cumplir con la trayectoria.

La evidencia comprueba una tendencia, que es un secreto a voces, de que los gobiernos usan el Ministerio de Exteriores para pagar favores políticos o de campaña.

Pero no solo en los puestos de servicio diplomático en el exterior se evidencia este desequilibrio en las designaciones. Los cargos de la planta interna del Ministerio de Exteriores, es decir, las direcciones temáticas, también son ocupados por personas de la total confianza del gobierno. Actualmente, los funcionarios de carrera son el 32 por ciento en esta cartera, que es el corazón de la diplomacia. Desde allí se formula la política exterior del país y se envía instrucciones a los embajadores en todo el mundo.

Solo en enero, justo antes de entrar en vigor la ley de garantías, hubo 12 nombramientos.

Expertos señalan que el problema del desbalance histórico entre los diplomáticos de carrera y los de libre nombramiento es la falta de una política internacional de Estado, transversal a los intereses de los gobiernos de turno.

Así mismo, el nombramiento de personas de la política o de otros ámbitos pasa facturas diplomáticas. Muestra de ello son varios embajadores y cónsules los que se han caído por escándalos relacionados que nada tienen que ver con asuntos de Cancillería.

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“La evidencia comprueba una tendencia, que es un secreto a voces, de que los gobiernos utilizan el Ministerio de Exteriores para pagar favores políticos o de campaña”, asegura el internacionalista y docente universitario Mauricio Jaramillo Jassir.

“Esto tiene efectos muy nocivos en el relacionamiento internacional, entre ellos salidas en falso o diplomáticos con agenda propia que transmiten una imagen equivocada de lo que el país necesita e improvisan en asuntos de vital importancia”, agrega.

Con esta teoría concuerda el presidente de la Asociación de Diplomáticos de Carrera, quien agrega que la falta de un plan institucional que rija la política exterior colombiana pasa factura en temas del funcionamiento interno.

“Las relaciones internacionales determinan ámbitos como la apertura a nuevos mercados, que impacta la economía, o la defensa de Colombia ante las cortes y el respeto de su soberanía, con resultados directos sobre su población. Por esto, mal manejadas, pueden desencadenar consecuencias desastrosas”, puntualiza el embajador.

La realidad y lo ideal

Actualmente, el gobierno de Iván Duque cuenta con el 22 por ciento de diplomáticos de carrera, entre embajadores y funcionarios del servicio consular. Aunque en 2019 intentó elevar la cifra al 30 por ciento, en los últimos años hubo un retroceso y las designaciones por libre nombramiento acapararon la mayoría de estas plazas.

Lo ideal, señalan los analistas, sería tener una diplomacia en la que todos los funcionarios, incluidos los embajadores, fueran de carrera. Tal como sucede en los países vecinos. No obstante, por ahora la tarea debe ser buscar equilibrio y sistemas de complementación.

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“La prioridad es encontrar una visión alterna a los diferentes gobiernos y no responder únicamente a situaciones eventuales de acuerdo con los intereses de los dirigentes de turno”, concluye el embajador Cadena.

Con información de la Unidad de Datos

Respuesta de la Cancillería

¿Qué se ha hecho desde el Ministerio de Relaciones Exteriores para impulsar el nombramiento meritocrático de sus funcionarios?

Como premisa de vida, creo en los méritos y en la carrera de excelencia de los funcionarios. El servicio público debería tener siempre a los mejores. Los cargos del Estado no son para pagar favores a nadie.

Marta Lucía Ramírez

Marta Lucía Ramírez, vicepresidente y canciller colombiana

Foto:

Prensa Cancillería

Por eso he procurado que los nombramientos de la Cancillería respondan a esos criterios. Desde mi llegada al Ministerio de Relaciones Exteriores he promovido a los funcionarios de carrera diplomática y, en lo que de mí dependa, así lo seguiré haciendo hasta el final.

¿Se ha promovido la carrera diplomática dentro de la cartera?

Queremos un servicio exterior idóneo, altamente preparado, que pueda defender y sacar adelante los intereses estratégicos y desafíos de la política exterior colombiana y que a la vez tenga el estímulo de saber que su excelencia les garantizará representar al país en los escenarios internacionales. Por ello, hemos hecho el concurso de ingreso a la carrera diplomática en 12 ciudades del país, ampliando la cobertura y permitiendo la conformación de un cuerpo diplomático multicultural y diverso que represente a todas nuestras regiones.

En la actualidad tenemos designados 17 embajadores de la carrera diplomática y consular como jefes de misión y embajador alterno. También tenemos en el servicio exterior varios embajadores que, aunque no son de carrera, brillan por su eficiencia y calidad en la representación de nuestro país.

¿Adelantan un plan de política exterior unificado? Si es así, ¿de qué forma lo hacen?

La Cancillería tiene una organización que permite articular de manera clara y eficiente la ejecución de la política exterior, que es y debe ser una política de Estado. Acá no se deben defender privilegios partidistas ni amiguismos. Desde el despacho se imparten a todo el servicio exterior las directrices del Presidente y las metas del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022. Me siento muy optimista del trabajo que estamos adelantando para posicionar la diplomacia científica, económica, ambiental y cultural de Colombia.

SARA VALENTINA QUEVEDO, CON LA UNIDAD DE DATOS DE EL TIEMPO
Redacción EL TIEMPO



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