Paisa, hincha del Nacional, pelo alborotado, tres tatuajes, dos hijos, dos perros y una esposa. Así es Federico Gutiérrez, a quien en su ciudad y departamento –y ahora en el país– todos conocen como Fico. Habla el candidato del Equipo por Colombia –que dice no tener partido– sobre su niñez en Belén Alameda (Medellín), sus padres, su señora, su primera vez con la marihuana, su peluquera Isa, sus tiempos como asesor de seguridad y su paso por la Alcaldía de Medellín. También aclaró sus posiciones sobre Francia Márquez, Álvaro Uribe, Iván Duque, César Gaviria, Germán Vargas Lleras, Rodolfo Hernández, Sergio Fajardo, Daniel Quintero y Gustavo Petro, particularmente sobre el episodio de La Picota.

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PORTADA BOCAS ABRIL-MAYO 2022

La edición 116 de la Revista BOCAS estará en circulación a partir del domingo 24 de abril de 2022

PORTADA BOCAS ABRIL-MAYO 2022 (pequeño)

La edición 116 de la Revista BOCAS estará en circulación a partir del domingo 24 de abril de 2022

Es el único colombiano al que, preocupándole la seguridad, no le importaría que se le llevaran los retrovisores del carro. Es difícil ponerlo a mirar para atrás, porque dice que se le dañó el dispensador de culpas hacia el pasado. “Vamos pa’lante”, con algunas variaciones, es, sin duda, la frase que mejor define a este hombre delgado, de jeans apretados (casi stretch) y tenis –con coloridas medias– al que no se le conocen corbatas.

Pelo alborotado, tres tatuajes, dos hijos, dos perros y una esposa que dice aborrecer la política. Adora los animales, pero practica el toreo: capotea con elegancia cualquier intento de que se lo matricule en el uribismo. Pero ahí está su vida, algo de oficio profesional y muchas fotos para confirmar que le tiene aprecio a un expresidente que, asegura, ni por las curvas le va a decir qué es lo que tiene que hacer cuando llegue al Palacio de Nariño. No tiene partido. Ni en el pelo, ni en la política.

Lo que sí tiene es pinta del amigo de barrio que uno se encuentra veinte años después y sigue siendo callejero, desparpajado y descomplicado. Paisa que no es finquero. Hincha del Nacional que aborrece las barras cuando pasan de la cancha a la agresión. Ganador en una consulta que lo puso en las grandes ligas por la Presidencia con un equipo de asesores estrecho, como sus jeans, al que le ha tocado sumar algunos expertos extra. A ellos les pide que se ganen el respeto a pulso y sin maltratar a “mi gente”.

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Él mismo está lidiando con all stars de su coalición y, más recientemente, con muestras de efervescencia pública a las que no estaba acostumbrado. Cruce usted la calle con él y en la otra esquina habrá personas, celular en mano, desesperadas por un selfi, un apretón de manos o una sonrisa de este hijo de vecino tornado en celebridad gracias al escenario de la polarización.

Todo el mundo le dice Fico, que es una especie de efectiva marca política, aunque sus contradictores insistan en que se llama Federico y que así debe aparecer en la papelería electoral del 29 de mayo, día en que, en la vieja Italia, la Liga Lombarda se enfrentaba al emperador Federico I. “Díganme como les plazca, Fico o Federico”, señala. “¡Pero voten por mí!”.

Tiene claro que la del 29 será una batalla de modelos y hoy, encuestas en mano, cree que la va a ganar en primera vuelta. De Gustavo Petro, a quien suele referirse como “ese señor”, le molesta que destile amargura y, por eso, ha tenido la osadía de echarle mano a la política del amor de su contendor para decir que quien va a gobernar con amor es él y no “ese señor”. Este señor comienza en BOCAS por la ruta que sostiene haber elegido: la del amor.

Federico Gutiérrez

Federico Gutiérrez es Ingeniero Civil de la Universidad de Medellín

En un país especializado en odiar, hablemos de sus amores. ¿Cuáles son?
Mis dos grandes amores son mis hijos, Emilio, de 13 años, y Pedro, de 11. Y los llevo a donde voy aquí, en mis brazos.

Ahí los veo. ¿Cuándo se hizo tatuar sus nombres?
Por allá, cuando estaba terminando la Alcaldía, en el 2019, llegué un día a la casa y los niños me preguntaron si tenía tatuajes. “No, mis amores, tatuajes no tengo”, les dije. “¿Y te harías uno?”, me preguntaron en coro. Muy en son de comentario simpático les contesté que sí, que en cada brazo me iba a tatuar el nombre de uno de ellos. Al otro día, llegué a la casa y ellos fueron a preguntarme si ya me había hecho los tatuajes. Dos días después, otro “¿papá, ya te hiciste el tatuaje?”. Y, como en los chistes largos, pasaron los meses y ellos insista e insista.

¡Muy incumplido!
Es que la Alcaldía no dejaba un minuto libre. Pero apenas terminé, como en la segunda semana de ese enero, que uno queda, después de ese ritmo tan bravo, mirando pa´l techo, me levanté un día y me fui a hacerme los tatuajes. Llamé a Andy, un buen amigo que se dedica a eso, y me tatué, según lo prometido. Los niños, dichosos.

¿Tiene más tatuajes?
Tengo este otro.

¿Esas son las puntas de flecha del rango de sargento?
¡No, hombre! El día en que me hice el de los niños, Andy me preguntó si quería algún otro. Vi este, me gustó y le pedí que me lo hiciera, porque estaba seguro de que jamás iba a volver a estar en esas. Las tres flechas representan mis reglas de vida: perseverancia, constancia y disciplina. Y he debido tatuarme la cuarta, por convicción.

¿No le habrá faltado, además, la de terquedad?

No, no soy terco: soy soñador. Y es lo que siempre les digo a mis hijos y a los jóvenes, que no dejen que nadie les arrebate los sueños. La vida es una lucha por lo que uno quiere. Vengo de una familia de clase media, nada adinerada y cero metida en política. Mis papás eran del Eje Cafetero. Mi mamá, Amparo, pereirana, se murió de cáncer en el cerebro. Un cáncer que se la llevó rapidito, en el 2015, cuando comenzaba la campaña por la Alcaldía de Medellín. Era mi soporte completo y para mí fue un guarapazo durísimo. Teníamos esperanzas en una cirugía, después de la que quedó postrada en cama, decayó y murió en cuestión de meses.

¿Cómo muere su papá?
Se llamaba Hernán, era de Armenia, y también se me murió de cáncer, cuando estaba terminando la Alcaldía. Doloroso. Fue un intervalo corto entre los dos totazos y no eran tan viejos, apenas pasaditos de los setenta años. Cada uno por su lado había llegado en la juventud a Medellín, a estudiar con mucho esfuerzo y, ya trabajando, en una firma que se llamaba Solingral, es que se conocen. Mi papá, ingeniero civil; mi mamá, delineante de arquitectura. Se casaron y nos tuvieron a Cata, a Juli y a mí. Cata, la mayor; Juli, la menor, y yo, el de la mitad. ¡El del sánduche! Cada una casada, con familia; somos muy unidos. Y a los tres nos dejaron la herencia más valiosa, la educación. Por eso creo que en la vida la gente necesita amor, formación con valores y oportunidades.

En tiempos ya idos, había amor, pero también chancleta…
Nunca jamás recibí un golpe de mi papá o de mi mamá. Amorosos y firmes, pero sin correa. El castigo físico y la violencia intrafamiliar son uno de los problemas capitales que tiene este país. Y a eso súmele la violencia contra la mujer. Creer que un chancletazo todo lo arregla es ignorar que solo reproduce violencia. Parte de eso fue la inspiración para que, siendo alcalde, mi esposa, Márgara, liderara un programa que se llamó “Tejiendo hogares”, muy centrado en un principio: vivimos invirtiendo mucho de las fachadas para afuera… que los parques, que las escuelas, que los centros de salud, que los sistemas de transporte. Y lo clave también es invertir de las fachadas para adentro, en la gente y las familias. Lo hizo alrededor del concepto de la disciplina positiva, que es darles a los padres herramientas de crianza para levantar a los hijos con disciplina y amor. ¡Es que los hijos no vienen con manual debajo del brazo!

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La izquierda nos ha vendido un rollo equívoco de que las libertades, la salud, la educación, el medio ambiente y el sentido social no existen en la derecha. Y la gente se creyó esa fábula

¿Se casaron estando usted ya en la política?
Claro, era concejal. Ella es muy discreta y de bajo perfil, es ingeniera administrativa de la Escuela de Ingeniería de Antioquia. El noviazgo duró tres años, cuando ella todavía estaba en el colegio, en once, y yo arrancando la universidad. Terminamos, pasamos seis años separados y volvimos por una razón sencilla: ella es el amor de mi vida.

¿Por qué terminaron?
¡Me echó! ¡Cosas injustas de la vida!

¿Cuántas novias alcanzó a tener en esos seis años?
Poquitas, tres o cuatro, y deje así, porque a todas las aprecio, y las tuve porque siempre he sido amiguero y de pasar bueno con la gente.

¿Cómo fue la reconciliación?
Nos encontramos una noche en un bar de El Poblado, en Medellín, estando cada uno con sus amigos. “Si algún día me caso, tiene que ser con Márgara”. Me repetía siempre eso. No fue fácil, pero sabía lo que quería y estuve ahí, encima, retacando y retacando, hasta que se dio. Estuvimos otros tres años de novios y nos casamos.

¿Ella se plantea con entusiasmo o con pavor el llegar a ser primera dama?
A ella no le gusta la política, pero está firme a mi lado, siempre con la idea de servir. Su prioridad es la familia.

¿A usted sí le gusta la política?

Sí, pero no la politiquería. Desarrollé un liderazgo desde joven, luego continué en la universidad y llegué a consejero municipal de la Juventud, en 1999. Entré al Concejo en el 2003 y después me candidaticé a la Alcaldía, pero me ganó Aníbal Gaviria. Y luché y luché, y llegué a ser alcalde, sin dejar de ser papá.

¡Me va a decir que iba a las reuniones de padres de familia del colegio siendo alcalde!
Usted suele estar bien informado, pero aquí sí lo vi mal. Como alcalde, no falté ni a una reunión de padres de familia del colegio de los niños, el Montessori. Me “pelé” presencialmente solo a una entrega de notas, porque estaba en Corea del Sur, en una reunión del Banco Interamericano de Desarrollo, pero participé vía Facetime.

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Federico Gutiérrez

Tiene una Especialización en Alta Gerencia de la Universidad de Medellin y otra en Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Cuando un alcalde va a esas reuniones, ¿le reclama todo el mundo por las cosas de la ciudad?
Ni un alcalde, ni un presidente pueden dárselas de seres superiores. Uno nunca puede permitirse el lujo de dejar de ser uno. Fico siempre va a ser Fico. Y siempre era yo en esas reuniones, pero, oiga, ¡qué problema para los papás que no iban!, porque las esposas los cogían y, “mire, el alcalde sí tiene tiempo para las reuniones de los muchachos y usted no”. Y los papás me decían, “hombre, Fico, nos jodiste”. Ahí he estado siempre en los partidos de fútbol o de baloncesto de ellos. Todo es delegable, menos los hijos.

¿De pelado usted fue callejero?
De niño viví en Belén Alameda, un barrio de Medellín en el que uno metía guayos en la mochila y se iba en bicicleta a buscar un parque donde estuvieran jugando fútbol para patear balón con los vecinos. ¡Cómo me gocé la vida de barrio!

¿Probó “algo” en esa época?
No, era todo muy sano. Ya estando en la universidad probé la marihuana, pero no era lo mío. Siquiera no me gustó, porque les tengo miedo a las drogas. He visto a las drogas destruir familias. Y al alcohol, que hay que saberlo manejar. A veces me tomo un aguardiente Antioqueño, que probé cuando era el viejo Tapa Roja, pero no me le niego a un tequilita o a un whisky. Soy un colombiano común y corriente.

¿En los años de barrio es que se le despierta lo del liderazgo?
Sí. Estudiaba en el Gimnasio Los Alcázares. Tenía unos profesores con sentido social y en unas vacaciones me apunté a una correría que armaron al Chocó. Yo rondaba los 15 años y eso me marcó mucho, recorriendo toda esa zona de Istmina, Andagoya, Condoto, en un momento todavía duro del país. Ese viaje me mostró la Colombia real.

¿Por qué, con todo ese sentido social, no hace parte de la izquierda? ¿No tenía ahí más campo para actuar?
No nací en medio de pasiones políticas, aunque mi papá era liberal, y en esas cuestiones siempre me decía: “Fico, duro con los argumentos y suave con las personas”. ¿Quién dijo que lo social es monopolio de la izquierda? La izquierda nos ha vendido un rollo equívoco de que las libertades, la salud, la educación, el medio ambiente y el sentido social no existen en la derecha. Y la gente se creyó esa fábula. A mí no me vengan con eso de marcar todo con izquierda, derecha o centro. Lo único importante es el sentido común. ¿O será que la seguridad es de derecha? Vaya y salga a la calle y verá que, cuando lo asalten, no le van a preguntar si es de izquierda o de derecha. Lo que le van a decir es que entregue lo que tiene en la mano derecha y también en la izquierda.

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Petro empuñó un arma para atentar contra los colombianos y eso lo priva de autoridad moral para cuestionar a otros que también lo han hecho

¿Qué opina de la manera fuerte en que hablan Gustavo Petro y Francia Márquez?
Cuando los oigo, y cuando veo su lenguaje corporal, su forma de mirar, percibo tanto, pero tanto odio… No necesitamos más resentimiento. Lo que urge es curar heridas y ellos solo las van a mantener en carne viva. Hay que entender que personas como Francia han sufrido, pero se trata es de sanar juntos. Con ella he estado en muchos debates, en los que le reconozco que tiene derecho a sentir un dolor grande por lo que le ha pasado en la vida. Y en eso uno no puede ser jamás despectivo; más bien solidario. Pero usar el odio como instrumento de división social, eso sí no lo admito.

¿No le perdona a Petro que haya sido guerrillero?
Petro empuñó un arma para atentar contra los colombianos y eso lo priva de autoridad moral para cuestionar a otros que también lo han hecho. Estamos como estamos porque gente como Gustavo Petro se ha dedicado a romantizar la violencia. A él le quedó faltando desmovilizar el espíritu.

¿Qué tanto le incomodaron las negociaciones de paz?
Nos vendieron eso de que hay que negociar con el que se alza en armas. Mal ejemplo siempre será dialogar con el que empuña las armas y asesina, roba, secuestra. Voté SÍ a los acuerdos de paz y, como presidente, seguiré implementándolos. Pero tengo muchas dudas…

Mencione una.
Haberles dado curules gratis en el Congreso a los exguerrilleros. Hoy los únicos que están en paz son ellos. A quienes hay que cumplirles es a los jóvenes que, haciendo parte de las Farc, entregaron las armas. Les cumplimos, o vuelven al monte o a las calles de los barrios a delinquir. Los desmovilizados de las Farc también son víctimas de las Farc, reclutados a la fuerza, separados de sus familias con violencia; niñas violadas y obligadas a abortar. Horroroso. Un Estado que no garantice primero el orden, no conseguirá nunca la paz.

¿Juan Manuel Santos erró?
No voy a volver al debate de hace cinco o seis años. Estoy mirando para adelante. Siempre dispuesto a hablar con todo el mundo, incluido Juan Manuel Santos. Le garantizo que parte de mi tarea como presidente jamás será hablar de los expresidentes. No tengo tiempo para sentarme a distribuir culpas pasadas. Si denigrar de los expresidentes solucionara problemas, Colombia sería un paraíso. Lo bueno que deje Duque lo mejoro y lo continúo.

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Federico Gutiérrez

Empezó su carrera política en 2003 como Consejero Municipal de la Juventud y Consejero Municipal de Planeación de Medellín.

¿Lo que deja de positivo Duque es mucho o es poco?
En su gestión hay montones de cosas buenas que no pueden desconocerse. Pero ahí está, pues, la centro izquierda tirando piedra con eso de que soy el candidato de Duque y de Uribe. Yo soy yo. El carácter para gobernar es mío, y soy el candidato de la gente.

¿Acataría a Álvaro Uribe?
A nadie le admito que me imponga algo. El que va a tomar las decisiones soy yo. No acepto órdenes de nadie. Una cosa es sentir respeto por una persona y otra carecer de autonomía. Ni siquiera tengo partido. Mi candidatura es cívica, ciudadana e independiente. Salí a la calle y recogí millón y medio de firmas. Con ellas me inscribí y luego gané la consulta de Equipo por Colombia. Así gobernaré: el norte no es obedecer, sino unir.

¿Ha ido a la famosa finca de Uribe, El Ubérrimo?
No, no he ido nunca.

Uribe, que es muy paisa, nunca habló de “vos”; siempre de “usted”. Se lo critican algunos. ¿De presidente va a dejar de lado el “voseo”?
¿Dejaría un presidente del Caribe de decir “ajá”? La identidad no se esconde, se preserva en un país de tantas regiones. A mí me van a ver en todas partes, menos gobernando desde un palacio, como si fuera un rey o un príncipe. Lo mío es ponerme los tenis e ir a gastar suela en donde toque resolver problemas.

¿Cómo va a conquistar a César Gaviria?

De la misma manera en que lo he hecho con los colombianos: diciendo la verdad y poniéndonos de acuerdo en lo fundamental. Y lo fundamental son 21 millones de colombianos en situación de pobreza o viviendo en regiones donde nunca llegó el Estado.

¿La llegada del exministro Luis Felipe Henao a la campaña es la llegada de Vargas Lleras?
La llegada de Luis Felipe es la llegada de un colombiano de los muchos con que quiero trabajar, de un exministro exitoso y de un hombre con olfato político que quiere servir. Fico es Fico; Henao es Henao. Bienvenidos todos a esta campaña. A nadie bueno le voy a cerrar la puerta.

¿Qué piensa de Vargas Lleras?
He tenido conversaciones de país con él en las últimas semanas y es uno de los colombianos que más conocen a Colombia. Tiene muy buenas ideas, que serán aplicadas en nuestro gobierno.

Muy de moda en redes “peinar” a la gente. A propósito, ¿quién lo peina? ¿O quién, para ser precisos, lo despeina?
Isa, mi peluquera de toda la vida, que tiene su salón en Manila, un barrio de Medellín. Ella me escribe y me regaña: “¡Qué vergüenza, usted como está de peludo; por ahí lo vi en televisión. Venga pa’ca y lo motilo!”. Y voy

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Federico Gutiérrez

Fue Consultor de la empresa HGI Consultores e Ingeniero Residente en la Compañía Vifasa S.A, una empresa de vidrio y construcción

¿En el colegio también lo regañaban?
Nunca fui precisamente el mejor estudiante, lo confieso. Me tocó habilitar muchas materias, en el sistema de esa época, y por cansón me hacía sacar de clase. Era frecuente ver a mis papás en el colegio oyendo que Fico hizo esto o que Fico hizo aquello. Pero era muy bueno en física y matemáticas, lo que me llevó a la ingeniería civil.

Otro ingeniero, Rodolfo Hernández, asegura que usted nunca ha trabajado, aparte de ser funcionario…
No entiendo por qué hay personas que se dedican a destruir. Cada ofensa que me llegue de políticos en campaña solo tendrá, de mí, una respuesta de respeto y propuestas. Comencé trabajando en la empresa de estudios de suelos y pavimentos que tenía mi papá, y con esos primeros trabajos me pagaba los gastos de vacaciones. Me dedicaba al laboratorio de suelos, haciendo tamizajes, moviéndome en zonas rurales donde nos amenazaba la guerrilla. Al regreso de uno de esos trabajos, a los pocos días, asesinaron al ingeniero residente con el que trabajé. Fue un momento triste, de la Colombia real, la que no podemos permitir que siga descomponiéndose. Desde ahí nunca he parado de moler.

¿Cómo es eso de su trabajo como asesor de la Seguridad Democrática en el extranjero, en asocio con Paola Holguín?
No era asesor en Seguridad Democrática, era asesor en el concepto de Seguridad Integral. Tuve la oportunidad, durante dos años, entre 2012 y 2014, de trabajar al lado de Mauricio Macri, cuando era alcalde de Buenos Aires, hablando mucho sobre el modelo implementado en Medellín durante tantos años. Punto clave, la intervención social en los barrios más vulnerables de la ciudad. Y trabajé en algunas ciudades de México, al mismo tiempo, bajo ese mismo concepto. Todo lo otro fue un cuento que se inventaron las personas cercanas a los Kirchner en Argentina.

Último detalle laboral, también de boca del ingeniero Hernández. Él sugiere que usted habría tomado parte en el trabajo de ingeniería del desastre que fue el edificio Space, en Medellín…
Esa es una absoluta mentira. En la política no se puede caer en ese tipo de bajezas. Es fruto del desespero que tienen, porque saben que vamos a ganar.

¿Han intentado asesinarlo?
Sí, y tiene que ver con la compleja herencia de la ilegalidad de Pablo Escobar y de tantos otros criminales. Cuando llegué a la alcaldía, les di pelea de frente a estas mafias que no dejaban dormir a la gente tranquila.

¿Mienten quienes sostienen que usted hizo pactos de gobernabilidad con esas estructuras?
¡Por Dios, les di con toda! Por algo vivía amenazado, por eso todo el tiempo la Policía y la Fiscalía conocían de planes de estos delincuentes para asesinarme y atentar contra mi familia. Hice enemigos para toda la vida, porque, además de la captura, nos asegurábamos de darles donde más les dolía: extinción de dominio a sus bienes.

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Un caso concreto que recuerde.
Para que no hablemos babas, La Terraza. A esa estructura, en un solo operativo organizado, le incautamos casi 500.000 millones de pesos en propiedades y en todo lo que tenían. ¡Y ahora dicen que me entendí con ellos! ¡Respeten! ¡Que le pregunten a la gente de Medellín, para que vean cómo me dediqué a acorralar al hampa! Y les contarán también que, mientras perseguía delincuentes, no descuidé un momento lo social. Siempre tuve dos mapas en mi oficina, uno al lado del otro para compararlos, y me confirmaban que, donde aumentaba la deserción académica, en uno, en la misma zona, en el otro, aumentaba la delincuencia.

Nada fácil de resolver…
Por eso nos inventamos en la Alcaldía un programa que se llamaba ‘El Colegio cuenta con vos’, para que vean que el “voseo” es de siempre. Los rectores de instituciones públicas me tenían que pasar cada ocho días la lista de los muchachos que no estaban yendo a clase y la dirección de su casa. Y allá les llegaba, al barrio, megáfono en mano, a reclamarles por la “capadera” de clases.

¿Cada cuánto hacía eso?
Tres días a la semana. Les tocaba a la puerta y muchas veces era el niño o la niña los que abrían y ahí se encontraban con el alcalde, que les preguntaba: “¿Qué estás haciendo acá?”. Así devolví 8.200 menores al sistema escolar y se los arrebaté a la delincuencia. Es una de las cosas más importantes que he hecho en mi carrera pública, y bien pueda búrlense en redes de esas fotos con el megáfono, porque así, con la fuerza de la garganta, les digo: ¡8.200 personas que no se perdieron en esta vida! Le puedo seguir poniendo ejemplos como el de La Terraza o las 160 capturas de jefes de estructuras criminales o las tres mil capturas de sus subalternos, pero esta acción por los callejones de los barrios en Medellín fue el golpe más duro que le dimos a la criminalidad.

Si usted es un hombre que ha combatido tanto la ilegalidad, ¿por qué la insistencia en defender a su exsecretario de Seguridad, Gustavo Villegas, señalado de mantener cercanías con la Oficina de Envigado?
La Justicia cerró el caso. Es una persona en la que he creído, que trabajó por Medellín y al que capturaron por un motivo y terminaron juzgando, y condenando, por otra cosa. ¿Qué le pasó? Que no denunció una extorsión de la que estaban siendo objeto él y su empresa familiar. Le exigían 150 mil pesos para liberar un camión con mercancía en un barrio donde había problemas con bandas.

¿Usted intercedió por él?
Jamás, porque respeto el trabajo de la Justicia. Su equivocación fue, repito, no haber denunciado una extorsión siendo funcionario público.

Hablando de gente cercana, su segundo apellido es Zuluaga. ¿Es familiar en algún grado de Óscar Iván?
No, señor.

¿Él lo llamó a decirle que anunciaría su renuncia a la candidatura?
Sí, lo hizo. Le cuento el detalle: nosotros teníamos una coalición donde él no estaba, ni el Centro Democrático…

Muy a su pesar…
Lo que les dije siempre es que quienes defendemos democracia y libertad debíamos estar juntos porque, como comentaban las abuelas, “el palo no está pa’ cucharas”. Pero fui respetuoso de la posición de mis compañeros de coalición. Óscar Iván había tomado su decisión de irse solo y llevábamos muchas semanas sin hablar. El día después de las elecciones, más o menos a la hora del almuerzo, me llamó. Me felicitó y me dijo que había tomado la decisión personal de renunciar a la candidatura y de adherir a la mía sin ningún tipo de condicionamientos. Me dijo que lo anunciaba en cinco minutos y así lo hizo. Se lo agradecí mucho.

¿Zuluaga está haciendo algo en su campaña?
No. No hemos hablado desde ese día, pero es un hombre valioso en muchos campos, como el de la economía, y sé que vamos a charlar pronto.

En ese mundillo de la política paisa, ¿cómo era su relación con Sergio Fajardo?
¡Mire qué sorpresas se lleva uno en la vida! Si alguien ayudó y apoyó a Fajardo, cuando fue alcalde, fui yo. Era concejal de Medellín en esa época y lo respaldé, porque hacía una buena alcaldía. Hoy desconozco la personalidad de Sergio Fajardo. Fajardo no era una persona agresiva; ahora me ataca sin tregua. Es como si no entendiera que estar en orillas diferentes no puede traducirse en inquina.

Pero usted también lo ha “atendido”. ¿O no dijo que Fajardo era vocero de Petro?

No, no, no, eso fue en el debate de EL TIEMPO y Semana, con Vicky y Mompotes. Le dije a Sergio que Petro no iba a los debates y que él estaba dedicado a repetir lo mismo que él me dice a mí. Lo hizo sabiendo que me conoce, teniendo plena conciencia de que no soy así. Entiendo que aquí hay tensión y desespero, y que, después de las consultas, Sergio tuvo que haber quedado muy confundido con que yo lo triplicara en votos. En Antioquia saqué 861.000 votos y, él, 100.000. Entiendo, vuelvo y digo, que los estrategas de campaña lo azuzan para que me ataque. Él compró ese guion, pero se equivoca: la gente no ve bien eso. Es un gran ser humano, una buena persona que experimenta un momento de desespero. Sergio: a mí las ofensas tuyas se me olvidan a los cinco minutos. Ponete a trabajar por el país, que es lo que hago, porque tenemos una oportunidad importante, no solo de pasar a una segunda vuelta, sino de ganar en primera. Lo que quiero es unir. Él y su gente son bienvenidos en nuestro proyecto para unir al país.

Federico Gutiérrez

Federico Gutiérrez se posesionó como alcalde de Medellín el 1 de enero de 2016

(Vea también: Óscar Iván Zuluaga habló en un picante (y vergajo) diálogo con las veteranas Tola y Maruja para BOCAS)

¿Qué tanto trabaja en arañarle votos a Fajardo?
Es la gente la que tiene que evaluar cuáles son las opciones reales de no caer en el populismo. Han llegado muchos ya de esas filas. Mire el caso de Rodrigo Lara Sánchez como mi vicepresidente…

¿Quién se lo sugirió?
Nadie. Se me ocurrió que él debía ser vicepresidente. Siendo alcalde de Medellín, él lo era de Neiva, e hicimos una gran amistad. A Rodrigo lo llamé el viernes, el día antes del anuncio. “Rodri”, le dije, “te voy a hacer una videollamada”, porque yo andaba en Barranquilla. “Bueno, Rodri, ¿qué vamos a hacer?, ayudame, acompañame”. Él estaba “sano”, como dicen. Que listo, que qué necesitaba, que él me colaboraba en Neiva. Que seguía con sus cirugías, pero que estaba firme. Le dije que lo necesitaba un poco más disponible, que quería que me acompañara a recorrer el país. Y le propuse ser mi fórmula vicepresidencial. “El país te necesita y yo te necesito”, fueron mis palabras. ¡Oiga y ese hombre empezó a digerir la cosa, porque como que no asimilaba! “Pero, ¿cómo así? No, no, no, no, noooooooo”, contestaba.

¡Lo dejó loco!
Le pedí que fuera a hacer una hora de ejercicio, pa’ que despejara cabeza, y que luego lo llamaba. “Vaya trote, vaya corra y, si quiere, tómese un aguardiente”. Terminé una reunión, lo llamé, me dio el sí y le puse solo una condición: que la prioridad fuera estar pendiente de su esposa, que salía de una cirugía, y de su mamá, con quebrantos de salud, y que es un amor supremo de él, de toda la vida. En esas estamos, trabajando y no descuidando a las familias. Viene del Partido Verde, de estar con Fajardo en la campaña, y eso no me molesta. Lo único clave es que es una persona buena.

Si eventualmente ganan, ¿qué lo va a poner a hacer?
A estar donde a él y a mí nos gusta: en las regiones.

En su región hay mucho “ruido” con el Grupo Empresarial Antioqueño y las Opas de los Gilinski. ¿Usted cómo ve todo ese asunto?
Aprecio a todos los empresarios, desde el que monta una carnicería de esquina hasta los que generan miles de empleos. El empresariado antioqueño le ha contribuido a la ciudad y al país. Son buenos trabajadores y grandes personas. Quiero y respeto a la familia Gilinski. Todos generan empleo, traen progreso y no interfiero en las reglas del libre mercado. A los empresarios hay que protegerlos, hay que estimarlos de verdad; no simplemente decirlo de labios para afuera, como hace Gustavo Petro.

En tres palabras, ¿quién es Daniel Quintero, alcalde de Medellín?

Es la mentira.

Defina a los siguientes personajes en una frase: Álvaro Uribe Vélez…
Un luchador de muchas causas de país.

Juan Manuel Santos.
Gestor internacional.

César Gaviria.
Defensor de las causas sociales.

Andrés Pastrana.
Abanderado de la democracia y la libertad.

(Le recomendamos: Francia Márquez habló en BOCAS sobre sus batallas personales y su camino político)

Dar un voto a Gustavo Petro significa aceptar negociaciones con corruptos.

Gustavo Petro.
El que quiere expropiarles los bolsillos y el futuro a las familias colombianas.

Petro protagoniza uno de los momentos más álgidos de su campaña presidencial. ¿Qué cree que realmente hay detrás de la visita de su hermano, Juan Fernando Petro, a la reunión en La Picota?
Detrás del supuesto “perdón social”, mejor llamado “Pacto de la Picota”, lo que se evidencia es que Petro busca conseguir votos y apoyo electoral de los peores corruptos, que se han robado este país, a cambio de indultarlos y dejarlos libres. Y para eso no le ha importando, incluso, negar a su hermano, tanto en la participación de este en la campaña como en ser su emisario en La Picota.

Petro sostiene que es un entrampamiento para dejar en la opinión pública precisamente esa idea de que él estaba, a través de su hermano, haciéndose a votos de estos personajes en las regiones. ¿Podrían haberle tendido una trampa?

¿Pero cuál entrampamiento, si fue el mismo Petro quien confirmó que esa era una propuesta hablada con Iván Moreno? Y luego nos damos cuenta de que no solo el hermano visitó a Moreno, sino también al “Gordo” García, condenado por masacres y corrupción, y a otra decena de delincuentes cuyos nombres están por verificarse. Lo que pasa es que después de que Petro, su hermano y una de sus abogadas caen en cuenta del error sobre lo que dijeron, sin arrepentirse de lo que hicieron, empezaron a hablar de teorías conspirativas. Eso mismo dijeron cuando protegieron a alias “Santrich” por sus asuntos de narcotráfico y luego el tiempo terminó dándonos la razón. Estamos ante un hecho que nunca los colombianos habíamos vivido: pedirles a los delincuentes en la cárcel que ayuden a elegir a un presidente a cambio de rebajarles penas. Eso es un escándalo sin precedentes.

Piedad Córdoba ha revelado una carta en la que los presos reconocen y apoyan el liderazgo de Petro. ¿Cree que los acercamientos eran de vieja data, antes de la visita presencial de Juan Fernando Petro?

Piedad Córdoba está respondiendo ante la justicia por la presunta comisión de varios delitos y su hermano está pedido en extradición por negocios con el narcotráfico. Ingrid Betancourt aseguró que Piedad, a quien en las Farc llamaban alias “Teodora”, era quien les decía a las Farc cuánto tiempo más debían permanecer en su poder los secuestrados. Es decir, traficaba con la libertad de las personas, como si fueran mercancías de la guerra, sin que importara el sufrimiento de ellos y de sus familias. Además, hay mucha información de los negocios de Córdoba y sus hijos con el dictador Nicolás Maduro, que protege al ELN. Piedad Córdoba ya es beneficiaria del “perdón social” o pacto con los corruptos de Petro. La hizo elegir senadora y, como ahora se está probando que ella también andaba en las cárceles ofreciendo el “perdón social”, por eso publicó en las redes la carta de los presos corruptos que ella defiende. Piedad debe responder ante la justicia.

¿Cómo evalúa el audio de Marquitos Figueroa, reconocido delincuente, apoyando a Petro? En el Pacto Histórico aseguran que es parte de la campaña de desprestigio…
Le subrayo: Petro y sus aliados estaban buscando votos en las cárceles con los peores criminales, aceptando sin pudor estos apoyos. No me extraña el apoyo de ese tal Marquitos, pero además ese audio donde pide los votos para Petro, hay que entenderlo como una amenaza a las comunidades donde estos delincuentes han tenido influencia a través del miedo. Están obligando a esas personas a votar por Petro, que saben que están expuestos a lo peor que pueden hacer estos asesinos. Eso es demasiado grave.

De todo lo que ha pasado en el episodio de La Picota, ¿qué cree que Petro no ha explicado debidamente?
No solo tiene cosas por explicar a los colombianos, sino a la justicia. Petro empezó a sacar excusas sobre algo que definitivamente sí ocurrió y está pasando: llegaron al punto de hablar de rebajas de penas si lo apoyaban a él.

¿Qué tanto cree que afecte este episodio la intención de voto de los colombianos?
Colombia está abriendo los ojos a lo que Petro y su gente significan. No solo los discursos de odio, sino que terminaron siendo parte de la corrupción y la violencia que prometían combatir. Colombia no se merece que los corruptos estén en la calle; en mi presidencia seguirán en la cárcel. Los colombianos no somos bobos. Ya Colombia cogió a Petro con las manos en la masa. Dar un voto a Gustavo Petro significa aceptar negociaciones con corruptos. Dar un voto por Petro significa apoyar el “Pacto de La Picota”.​

Federico Gutiérrez

Federico Gutiérrez a las afueras de la cárcel La Picota.

Foto:

Cesar Melgarejo / EL TIEMPO

Ha ido ganando peso político en las últimas semanas, pero en lo físico es delgado. ¿Hace deporte?
Troto y me inscribo en cuanta media maratón se me pasa por delante. Ahora, por campaña, me fregué, pero me trepaba a la bicicleta y me iba desde el oriente hasta Concepción, o pedaleaba para llegar a Barbosa. En pandemia, sin mayor posibilidad de salir, me compré una banda para trotar en la casa y me hubiera visto todo el día corriendo. ¡Parecía un hámster!

Come mucho. Me cuentan que no perdona comida paisa.
A mí la única comida que no me atrae es la poquita. Me gustan los fríjoles, el ajiaco, el sancocho, las pastas, las hamburguesas. Como de todo.

Difícil encontrar familia sin mascotas. ¿Tiene gatos o perros?
Tengo dos perritos, Lupita y Milo, dos teckel, salchichitas. Estando en el colegio me acompañaba una pincher miniatura, Nana, y no tuve más. Ya de casado, los niños querían, pero Márgara, no. Con la pandemia empecé a rogarle. “Márgara, ve, un perrito pa’ los niños, un perrito pa’ los niños”, pero era más pa’ mí que pa’ los niños. Y ella, nada. Hasta que logré que aceptara, y llegó Milo, salchicha arlequín. Ella se enamoró de él y a los meses me dijo: “¿y la hembrita?”. Ahí está Lupita, teckel peludita, divina.

Comenzamos hablando del amor y de los tatuajes de sus hijos. Y terminamos con Márgara, su otro amor. ¿En dónde tiene tatuado el nombre de ella?

En el corazón.

Federico Gutiérrez en BOCAS

La edición 116 de la Revista BOCAS estará en circulación a partir del 24 de abril de 2022.

Gracias por leernos.
Le recomendamos también esta entrevista de nuestra anterior edición: Serrat, uno de los artistas más importantes de Hispanoamérica, habló con BOCAS sobre su despedida

Entrevista por Mauricio Silva
Fotos de Ricardo Pinzón
Revista BOCAS
Edición 116 ABRIL-MAYO 2022​



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