El padre de la teoría de la evolución, el personaje cuyas ideas cambiaron nuestra forma de pensar sobre la formación de los seres vivos como los conocemos, dejaba un gran vacío para la ciencia cuando fallecía aquel 19 de abril de 1882.

Su principal legado se había materializado en 1859 con la publicación de una de las obras científicas más destacadas en la historia de la humanidad, a la cual tituló El origen de las especies por selección natural, o la preservación de razas favorecidas en la lucha por la vida. En ella expone cómo la selección natural actúa solamente por acumulación de variaciones pequeñas, sucesivas y favorables. La clave del proceso evolutivo residía en pasos cortos y lentos, que habían posibilitado una cadena que nos conectaba con especies primitivas.

Lo que en un comienzo produjo rechazo y escepticismo entre la comunidad, por vincular biológicamente al ser humano con los animales, un golpe bajo para nuestro ego, rápidamente se convirtió en uno de los más notables trabajos científicos de la historia, desbordando los límites de la biología y representando una revolución ideológica comparable al impacto de la teoría heliocéntrica.

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Se comenzó a hablar de la supervivencia del más apto, frase que introduce su compatriota Herbert Spencer en una publicación de 1864, donde además extiende la teoría de selección natural de Darwin al mundo de la economía, la sociología y hasta la ética.

Una conexión un tanto menos directa fue la que vinculó las ideas de Darwin con uno de los más destacados físicos del siglo XIX, el austriaco Ludwig Boltzmann, al que se suele identificar como el padre de la entropía. En realidad, y aunque nunca se conocieron personalmente, Darwin y Boltzmann compartieron algo más que una poblada barba y un intelecto excepcional.

El concepto de entropía empezaba a coger vuelo al tratar de explicar por qué las máquinas de vapor nunca podrían ser perfectamente eficientes. La entropía, que puede interpretarse como una medida de la distribución aleatoria de un sistema, trastornaba a mucha gente sobre el supuesto ‘orden’ natural, como sucedía también con la evolución.

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Boltzmann intentaba entender en profundidad lo que sucedía en los gases y el proceso de irreversibilidad, el mismo que hace que romper un vaso y derramar agua en el suelo sea irreversible. Si un sistema está distribuido al azar, tendrá alta entropía, y además en todo proceso irreversible la entropía del universo aumenta.

Aquí es donde Boltzmann reflexiona sobre las ideas de Darwin, en lo que este último denominaba descendencia con modificación, para explicar cómo cambios aleatorios y sin dirección podrían conducir a cambios irreversibles. El físico plantea cómo la vida implica competencia por la energía disponible o, en otras palabras, una batalla para minimizar la entropía. Es decir que la vida no implica en realidad una lucha por la energía, que proviene de muchas fuentes disponibles, sino más bien una lucha para minimizar la entropía al conseguir la mayor cantidad posible de energía disponible.

Hoy estas ideas de Darwin y Boltzmann siguen coevolucionando, y tenemos incluso algoritmos evolutivos y entropía en la teoría de la información.

SANTIAGO VARGAS
Ph. D. en Astrofísica
Observatorio Astronómico
de la Universidad Nacional

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