Reino Unido: los retos para escoger el reemplazo de Boris Johnson – Europa – Internacional


‘Tanto va el cántaro al río hasta que se rompe’. Ese dicho, muy vernáculo, parece ajustarle muy bien al primer ministro británico, Boris Johnson, quien, tras una aguerrida batalla por mantenerse en el cargo, debió pararse el jueves ante el podio de la vergüenza, donde anunció su renuncia al liderazgo del Partido Conservador.

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“Con tristeza estoy renunciando al mejor trabajo del mundo”, dijo Johnson, en su discurso de 6 minutos frente a periodistas y 30 espectadores, entre miembros de su familia y aliados políticos, mientras en el fondo se escuchaba una tonada musical que recitaba “Bye, bye Boris”, versionando la famosa Bye, bye baby de Bay City Rollers.

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Boris se aprovechó de la ‘sociedad del espectáculo’, tan proclive al público británico, para ascender; y fue eso lo que lo llevó a la ruina

Con ese gesto, que fue seguido por millones de personas por televisión e internet, se abrió una caja de Pandora sobre el futuro, no solo del gobierno, sino del Reino Unido, un país revuelto entre huelgas sindicales, la guerra en Ucrania, la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial y la amenaza de una peligrosa estanflación, en tanto en Irlanda del Norte y Escocia crecen las tendencias separatistas.

La preocupación de muchos analistas es que el país quedará en una especie de parálisis gubernamental durante las próximas semanas mientras se conoce quién será el sucesor de Johnson, pues este acordó con los jefes del Partido Conservador (encabezados por sir Graham Brady) quedarse en el cargo hasta que se elija al nuevo líder.

Eso sí, el propio Johnson, un polémico y carismático político y experiodista de 58 años, vaticinó en su discurso de renuncia lo que se avecina: “En política nadie es ni remotamente indispensable. Y nuestro sistema brillante y darwiniano producirá otro líder igualmente comprometido con sacar adelante a este país en tiempos difíciles”.

Por eso, los próximos días serán determinantes para aclarar el camino que llevará a elegir al nuevo inquilino del 10 de Downing Street, en medio de una contienda interna que algunos analistas advierten será “a cuchillo y sangre”, tal como se lo aseguró a EL TIEMPO el analista y periodista Enrique Zattara.

El futuro del Reino Unido yace en el poderoso Comité 1922, un ente contralor dentro del Parlamento que fija las reglas de reemplazo del líder de la agrupación política en el poder desde 2010, cuando David Cameron sacó a los laboristas del gobierno.

Sajid Javid

Sajid Javid, ex ministro de salud del Reino Unido

Foto:

Chris J. Ratcliffe/Bloomberg

Se espera que mañana la directiva, en cabeza de Graham Brady, fije el método preciso de la carrera por el liderazgo tory.

Se cree que apliquen el mismo método implementado en el 2019, cuando Johnson arrasó con la mayoría parlamentaria, en reemplazo a Theresa May. En esa ocasión, todo el proceso de liderazgo duró unas seis semanas, pues en el particular sistema político británico, para ser jefe de gobierno, primero se debe ser líder del partido.

Los aspirantes a liderarlo se enfrentan a un proceso de votaciones eliminatorias de las que resultan dos candidatos, que luego van a comicios generales dentro de la tolda tory de un poco más de 200.000 miembros. El que salga triunfante será el nuevo líder de la agrupación política y el nuevo primer ministro que gobernaría el Reino Unido hasta las elecciones generales, previstas para el 2024.

En la carrera por el liderato conservador ya suenan algunos favoritos, incluidos varios de los ministros de Johnson que desataron la sangría de renuncias de esta semana, vistas como la estocada final para la renuncia del premier.

Según una encuesta realizada por YouGov el jueves que recogió la opinión de 716 políticos conservadores, los mejores pretendientes para el puesto serían el ministro de Defensa, Ben Wallace (13 %); la ministra de Comercio, Penny Mordaunt (12 %); el exministro de Hacienda Rishi Sunak (10 %); la secretaria de Exteriores, Liz Truss (8 %), el despedido secretario de Estado para la Ordenación, Vivienda y Comunidades, Michael Gove (7 %), y el ministro de Justicia y vice primer ministro, Dominic Raab (7 %). Justamente, el orden de preferencias es un indicador de las prioridades de los dirigentes conservadores.

Trabajadores ferroviarios

En el Reino Unido los trabajadores ferroviarios exigen salarios más altos.

Entre la lealtad y la ética

La salida de Johnson se produjo luego de la peor semana de sus casi tres años en el poder (se fue a falta de 16 días), marcada por una seguidilla de escándalos en los que quedó en evidencia “su facilidad de mentir y torcer las reglas políticas a su favor”, tal como aseguraron voces conservadoras en el Parlamento, incluida la de Priti Patel, secretaria de Estado del Interior que había sido una fiel defensora de Johnson, y que sumaron fuerzas para presionar su salida.

La gota que rebosó la copa se dio a comienzos de semana, cuando Johnson aceptó, después de haberlo negado en varias ocasiones, que a sabiendas del historial de la mala conducta sexual de uno de sus aliados, Chris Pincher, lo había promovido a deputy whip, figura encargada de asegurarse de que sus compañeros conservadores votaran en los plenos y en línea con el partido.

El manejo catastrófico de este escándalo, del que Johnson quiso salir pidiendo “una segunda oportunidad”, se sumó al terremoto del partygate, las donaciones irregulares que habrían financiado las lujosas renovaciones de su apartamento, su anulación de los consejos del Servicio de Seguridad para dar una nobleza a Evgeny Lebedev e intentar reescribir el sistema de estándares.

El caso de Pincher provocó la ira y la renuncia casi inmediata de sus dos ministros estrella: Rishi Sunak y Sajid Javid y un escaso respaldo de su bancada.
El hasta ahora primer ministro británico prefirió echarles la culpa de su salida a maniobras políticas sin reconocer errores ni pedir disculpas, algo que enfureció a quienes venían pidiendo su cabeza desde diciembre pasado. Johnson prefirió destacar sus éxitos: el brexit, como se conoce la salida del Reino Unido del bloque de la Unión Europea, la exitosa campaña de vacunación contra el covid-19 y su frontal apoyo a Ucrania en la guerra con Rusia.

Y es que durante todo este tiempo, Johnson había logrado eludir su salida gracias a los resultados políticos obtenidos y a su enorme popularidad entre el electorado, pero que fue perdiendo poco a poco con las polémicas. En 2019, cuando resultó vencedor, Johnson consiguió un aplastante resultado electoral (43,6 %), una de las mayores victorias conservadoras en los últimos 40 años.

El premier sorteó la papa caliente que representaba la aprobación del brexit, el acuerdo estaba estancado en su Parlamento y logró sacarlo adelante. Un éxito que depende de la lupa con que se mire, pues varios creen que la crisis económica del Reino Unido yace precisamente en el acuerdo, duro e inconcluso aún.

Posteriormente, Johnson se convirtió en una figura clave internacional, con una fuerte presencia en asuntos como la pandemia o la condena a Rusia por la invasión a Ucrania.
Cuarenta años después de las Malvinas, Johnson quiso imitar lo que hizo en 1982 la entonces primera ministra tory Margaret Thatcher, quien supo revertir su impopularidad interna derrotando militarmente a Argentina. Esta vez, Johnson quiso generar una ola de patriotismo antirruso y presentarse como el paladín de la unidad occidental para defender a Ucrania.

Volodimir Zelenski y Boris Johnson

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski (der.), vio en Boris Johnson un aliado irrestricto.

El problema es que, más de cuatro meses luego de iniciada la invasión, las sanciones no han detenido a Moscú y Ucrania ya ha perdido un quinto de su territorio.

“Boris se aprovechó de la ‘sociedad del espectáculo’, tan proclive al público británico, para ascender; y fue eso –su incorrección política y sus desmadres supuestamente éticos, más que sus errores de gestión– lo que lo llevó a la ruina. De todos modos, el principal mal ya está hecho y es irremediable”, asegura Zattara.

A su juicio, Johnson está acostumbrado a “ajustar las normas a sus intereses personales”, como ahora tratando de quedarse en el cargo de cuidador, solo para poder usar Chequers, la residencia oficial de primer ministro, para celebrar allí su matrimonio.

En eso coincide el analista Stephen Bellas, profesor del London South Bank University, para quien “ni el brexit, ni las vacunas anticovid ni el apoyo a Ucrania pueden calificarse de triunfos”.

Al contrario, para Bellas, el legado de Johnson “ es bastante desalentador”. “Lo que tumbó al primer ministro no fueron temas de alta política, sino su polémico estilo, poco ortodoxo, de pasar por alto las fallas y creer que los demás lo van a aceptar siempre”.

De cara al futuro, lo que el editor político de la BBC, Chris Mason, da por descontado es que el próximo primer ministro británico tendrá un carácter muy diferente al de Boris Johnson.

MARÍA VICTORIA CRISTANCHO
PARA EL TIEMPO
LONDRES

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