¿Por qué el Gobierno insiste en que nos fue bien con el fallo de La Haya?

En primer lugar porque mucha gente estaba asumiendo que la Corte iba a considerar que Colombia había incumplido el fallo de 2012. Incluso, mucha gente estaba casi apostando porque la Corte nos dijera que habíamos incumplido y que iban a conminarnos a que había que aplicarlo en su totalidad en un plazo reducido del tiempo, y todo eso era totalmente en contravía de la argumentación que sostuvo Colombia.

¿Y cuál fue esa argumentación?

Que nosotros no podemos de ninguna manera reformar nuestra frontera si no ha habido antes un tratado internacional que se convierta en ley en el Congreso y quede aprobado por la Corte Constitucional. Y fue muy importante que la Corte Internacional de Justicia no solamente no le dio el gusto a Nicaragua diciendo que hubo algún tipo de incumplimiento de Colombia, sino que no se refirió para nada a la sentencia del 2012. Eso entonces a nosotros nos mantiene firmes en nuestro argumento de que nada que implique una reforma de nuestras fronteras puede hacerse de una manera distinta que a través de un tratado internacional.

Pero eso implica un diálogo con el Gobierno nicaragüense…

Me parece que obviamente lo que es razonable, lo que siempre conviene para tener una convivencia civilizada, máxime entre países fronterizos, es que haya diálogo, que haya negociación. Pero también es cierto que una negociación se hace cuando se tiene confianza en la otra parte, cuando se sabe que producto de esa negociación se van a generar no solamente derechos sino obligaciones para ambos.

¿Y hay confianza?

Pero qué grado de confianza puede tener el Gobierno de Colombia, que es un gobierno democrático, en un país que lamentablemente convirtieron en una dictadura. Qué grado de confianza nos puede dar a nosotros un acuerdo que se convierte en derecho para las partes si ellos ni siquiera cumplen con su derecho interno, ni siquiera cumplen con su derecho de la democracia. Por supuesto que en el futuro, cuando haya unas circunstancias distintas, eso es lo aconsejable y es lo que habrá que hacer.

¿Entonces, habrá que esperar a que haya la posibilidad de avanzar en un acuerdo con Nicaragua?

Es lo aconsejable. Lo lógico es que en el momento en el que haya unas condiciones distintas, cuando haya una autoridad legítima, que realmente esté honrando el Estado de derecho, nosotros vamos a tener confianza para un acuerdo entre dos Estados.

Respecto al fallo, hay quienes dicen que volvimos a perder mar. ¿Realmente qué se perdió?

Esa es una gran ligereza, porque no hay derecho a que haya personas que estén siempre apostando a meterle tanto pesimismo al país con un gran desconocimiento. Con este fallo no se perdió nada adicional, porque no se podía perder, porque este fallo no tenía nada que ver con delimitación ni nada por el estilo. Este fallo respondió una demanda que estaba orientada a que la Corte condenara a Colombia, inclusive que le exigiera unos perjuicios a favor de Nicaragua, por unas supuestas violaciones del derecho. Y lo cierto es que la Corte no condenó a Colombia, no estableció ningún tipo de indemnizaciones a favor de Nicaragua. No hay condena ni hay declaración de incumplimiento.

¿Y qué ganamos en este fallo?

Que los límites de Colombia no se reforman sino mediante un tratado internacional que sea aprobado por el Congreso y la Corte Constitucional; segundo, el decreto de Colombia que define la zona contigua integral. Y ahora la Corte ha dicho que los raizales tienen el derecho de ir a Quitasueño, Serrana, Serranilla y Bajo Nuevo, pasando por aguas nicaragüenses, y Nicaragua no tiene derecho ni a frenarlos ni a maltratarlos y mucho menos a quitarles su pesca.

¿Y puntualmente, en esto, qué se ganó?

Que Colombia puede en esto no solamente mantener el concepto de la unidad del archipiélago, pues se reconoce que es un archipiélago integral e indivisible, y por esa razón puede Colombia ejercer controles en la seguridad, en materia del narcotráfico, e inclusive le reconoce la Corte el derecho para proteger patrimonio cultural sumergido. Pero también se logró tumbar a Nicaragua el decreto con el que había definido una supuesta línea de base recta para tomarse una mayor proporción del mar, con el argumento de que su costa era irregular.

¿A esta demanda ya se le puso punto final?

Nicaragua pretendía que la Corte mantuviera su jurisdicción sobre Colombia indefinidamente hasta que no se dé aplicación al fallo del 2012 y eso era totalmente inaceptable para Colombia, porque por eso nos retiramos del Pacto de Bogotá. Para nosotros era muy importante que quedara claro que esa Corte ya no tiene ningún tipo de competencia sobre Colombia. Se pierde cualquier tipo de injerencia de la Corte sobre Colombia.

REDACCIÓN DE POLÍTICA



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