Carlos Germán Navas Talero se retira del Congreso de Colombia – Congreso – Política


Durante más de veinte años con su ronca voz se hizo oír en el Congreso. Con convicción ha defendido sus posturas ideológicas. Y con vehemencia y apegado a los códigos y a la Constitución, se convirtió en el índice acusador en la Cámara de Representantes. Presidentes, ministros, fiscales, funcionarios y hasta sus propias colegas, han sido el blanco de sus denuncias.

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Tengo la obligación de denunciar los hechos, por eso he hecho lo que hecho. No tengo nada de que arrepentirme, no lo he hecho por dañar a nadie, solo he cumplido mi deber”, asegura

Carlos Germán Navas Talero, a sus 80 años bien vividos se va del Congreso, no volverá a la Cámara a donde llegó en 1998. Varias generaciones de colombianos lo conocieron en sus diferentes facetas. Unos por ser el hombre que se inventó los consultorios jurídicos en la radio y la televisión.

Con su programa Consultorio Jurídico, dice, ayudó a resolver unas 200.000 inquietudes de carácter legal, consejos o procedimientos. Sus consejos gratuitos en derecho ayudaron a resolver problemas de herencias, divorcios y asesoraba por esa vía a presos para que pudieran obtener rebajas en sus penas. Ha escrito varios libros sobre el tema, entre ellos uno que se titula “Cómo defenderse del Estado”.

“Siempre tuve la idea de que el derecho no era propiedad de los abogados”. Así empezó en 1973 en Todelar, luego pasó a radio Súper y terminó en la televisión cuando esta era a blanco y negro. Fueron más de 20 años en esas.

Otra generación de colombianos lo conoció comentando carreras de rallies junto a Hernando Vidales, y por una columna que se llamaba ‘Piquiña’ en la revista 500 millas. Los carros y el automovilismo son una de sus pasiones, e incluso corrió varias de estas competencias.

“Como en esa época no había autódromo, el rally nos dio la oportunidad de chupar micrófono. Lo de la columna si era pura mamadera de gallo”, recuerda ‘Navitas’, como lo llaman con aprecio sus colegas, incluso, sus contradictores en el Congreso. Aunque hay otros que dicen que es un ‘viejo cascarrabias’.

Pero hay otra generación, mucho más joven, que lo recuerda por sus denuncias de gran calado. Navas Talero, abogado penalista de la Universidad La Gran Colombia, o ‘el decano’ como también lo llaman en el Congreso, fue el hombre que denunció uno de los episodios más oscuros de la política colombiana que involucró a un presidente, a varios de sus ministros y congresistas: la famosa ‘yidispolítica’.

Si Mockus, Peñalosa y Lucho hubieran sido alcaldes de París, no existirían los Campos Elíseos sino una ciclovía

El cambio de voto de la representante Yidis Medina a favor de la figura de la reelección presidencial le dio a Navas un protagonismo inusitado, y más, cuando se comprobó que funcionarios del gobierno Uribe ofrecieron dádivas para voltear la votación, que solo horas antes tenía hundida esa reforma constitucional.

“Ese cambio no fue espontáneo, era a cambio de algo”, recuerda Navas. Le dije a Yidis que la recusaba por cohecho. Esta señora dijo que se declaraba impedida, entonces sus amigos cambiaron la recusación por un impedimento, y eso es una vagabundería. Y lo siguen haciendo, se declaran impedidos y los demás, sus amigos, se encargan de lavarles el impedimento”.

Navas llegó a la Cámara de Representantes en 1998. Venía con la fama de abogado que le había dado su programa Consultorio Jurídico. Intentó llegar por firmas, pero no las consiguió, entonces se lanzó en en alianza con el partido del exministro de Justicia Enrique Parejo.

Por ese entonces, de lejos, empezó a notarse por los pasillos del Capitolio, pelo y barba blanca, gruesos anteojos y un eterno cigarrillo siempre encendido, que con los años dejó con mucho esfuerzo, por problemas de salud. Viste con la elegancia de cachaco puro, abrigo y bufanda. Nunca se ha puesto un bluyín.

Su voz ronca, es pausada cuando se conversa con él, pero cuando le dan la palabra y le abren el micrófono en las sesiones de la Cámara, se acelera, más si pesca que por algún lado sus colegas quieren saltarse una ley, el reglamento del Congreso o meter un mico.

Es obstinado, y lo admite. Navas es un opositor por naturaleza, es ‘anti todo’, menos antioqueño porque bien ‘cachaco que sí es. Le achaca la culpa a su papá, también escritor y periodista, que los dejaba leer de todo y hacer lo quisieran, a él y a su hermano Mauricio Navas, el director de cine. “No era capaz de disciplinarnos, nos amenazaba con castigos que no cumplía, nos hizo libre pensadores”, cuenta.

Incluso de ‘grande’, no creía en los castigos. Cuando se declaró a los edificios públicos espacios libres de humo de tabaco, incluido el Capitolio Nacional, se emberracó. Convirtió su oficina en espacio para fumadores y tomadores de tinto, periodistas y políticos sabían que allí el doctor Navas dejaba fumar.

Sin ser militante de la izquierda, ni sindicalista ni comulgar con la lucha armada, Navas llegó al Polo Democrático en el 2006 gracias a la cercanía y amistad que tuvo con Gustavo Petro, que se forjó en los duros debates de esos tiempos contra la corrupción y la ‘parapolítica’ en la Cámara de Representantes.

Desde un principio tenía claro que iba a ser el representante de Bogotá, la ciudad que ama y defiende, por eso nunca aceptó pasar al Senado. Después de la ‘Yidispolítica’, Navas fue nombrado como investigador en el caso del desfalco de 8.000 millones de pesos en los gastos administrativos de la Cámara, y recaudó las pruebas con las cuales finalmente fue acusado y condenado a doce años de prisión el presidente de la Corporación Armando Pomárico.

También le hizo la ‘vida a cuadros’ al uribismo, otra vez, cuando denunció una serie de irregularidades como falsedad en documento y violación a los topes de financiación, incluida la entrada de cinco mil millones de pesos de DMG (David Murcia Guzmán) para el referendo releccionista.

Navas Talero denunció a Luis Guillermo Giraldo y al comité promotor del referendo por fraude procesal. Y puso en la mira de la Corte Suprema a 86 representantes a la Cámara que aprobaron el proyecto de referendo en segundo debate.

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El representante Germán Navas en su programa en la televisión.

Ese tipo de denuncias no han sido su único caballo de batalla. Concejales y alcaldes de Bogotá no han escapado a sus denuncias y fuertes críticas. A Peñalosa no le perdona que hubiera cogido la plata del metro para hacer ese “adefesio” de Transmilenio. “Desde ahí se empezó a dañar Bogotá”. Casi todos los alcaldes que han pasado por el Palacio Liévano han estado en su mira por uno u otro motivo.

Y lo resume así: Si Mockus, Peñalosa y Lucho hubieran sido alcaldes de París, no existirían los Campos Elíseos sino una ciclovía; en vez del Arco del Triunfo habría un puente peatonal, y la Torre Eiffel, la habrían reemplazado por un bolardo”.

La alcaldesa Claudia López tampoco se escapa de las críticas de Navas. La acusa de quitarles espacio a los carros. “Es la albacea testamentaria de Peñalosa, ella llegó a la alcaldía a cumplir con el testamento de Peñalosa”, asegura.

Apoyó a Samuel Moreno, pero se alejó del alcalde cuando este decretó el pico y placa todo el día para el carro particular. Es un defensor como pocos en el Congreso del automóvil. Todavía guarda un pequeño carro KIKO de plástico, su primer carro de juguete, y conserva el viejo MINI Cooper que el mismo manejaba para ir al Congreso y en el que va a correr al autódromo.

A regañadientes y por recomendación de la Policía aceptó una camioneta blindada cuando le entregaron un informe de inteligencia con amenazas contra su vida, tras la denuncia de un caso de ‘falsos positivos’.

Y la aceptó con la condición de que él mismo la manejaría. “Yo sé que no soy tan buen piloto, a pesar de que Gonzalo (QEPD), el hijo de Clopa (José Clopatofsky), me dio unas clases”. El MINI se lo prometió de herencia a su nieto Andrés, “pero ya él se quedó con el carro, le acaba de poner un turbo y otros gallos y me dice que quedó volando, pero no lo he podido probar”.

¿No se ha ganado muchos enemigos con tantas denuncias? “Pues sabe que no. Cuando denuncié por prevaricato a los 86 congresistas, colegas míos, por lo del referendo, no pasó nada. Después algunos me dijeron en privado que tenía razón y otros tantos votaron por mí para vicepresidente de la Cámara. Tengo la ventaja de que hasta mis contradictores reconocen que soy un tipo honrado”.

De eso dan fe hasta congresistas que están en la otra orilla, como el senador del Centro Democrático Edward Rodríguez. “Navitas es mi amigo. Tenemos profundas diferencias y profundas coincidencias, diferencias en cuanto a temas de país, soy uribista, y él de la izquierda democrática, hemos trabajado juntos en varios proyectos. Somos buenos amigos, discutimos en los que nos une y lo en lo que nos divide. Lo respeto mucho y el Congreso pierde mucho sin su presencia”.

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Germán Navas casi siempre utilizó este carro para ir al Congreso. En ese mismo vehículo compitió en el autódromo

Su nieto, Pablo Ceballos Navas, afirma que la franqueza y la honestidad han sido su insignia y sus rasgos distintivos. “La honestidad fue su consigna en las seis campañas en las que participó y ganó. Recuerdo que a la entrada de la sede de campaña tenía un afiche con letra gruesa que decía que lo único que tenía para ofrecer era un tinto y que, si venía a vender su voto, bien podía regresarse. No conozco persona con mayor sentido de transparencia y creo que esa convicción de ser honorable lo hizo distinguirse desde el primer día en el Congreso de la República”, dijo.

Y de su franqueza, agrega Pablo, “a diferencia de la mayoría de políticos, él sostiene públicamente que nuestro país no tiene arreglo hasta que la gente se convenza de la necesidad de cambiarlo. Con esa claridad y a su vez, con un afecto encubierto por el país –y digo encubierto porque él no es de patriotismos–, se enfrentó a ministros, presidentes y parlamentarios en sus 22 años como representante”.

Mucha gente terminó mal con sus denuncias, en la cárcel… “Si, dice Navas, pero es que esa era mi obligación, mi deber. Nunca pensé en el ‘colegaje’, esa solidaridad de cuerpo no la entiendo. Fíjese también que muchas terminaron en un nuevo recurso que ha dado muy buenos resultados en Colombia: el ‘engavetamiento’, que lleva a la preclusión. El ‘recurso de la gaveta’ se lo inventó el fiscal Iguarán”.

Pero sus demandas si debe haberse ganado. “Cuando yo denuncio a los 86 representantes por prevaricato, me denuncia Roy Barreras por delito contra la administración pública, porque perturbo el funcionamiento de una corporación legislativa. Les dije que me dejaba poner una inyección de Roy porque sabía que era buen médico, pero que no le permitiría que me hiciera un memorial, porque de eso él no sabe”, señala.

Y agrega: “Nunca en mi vida, ni como juez ni como fiscal me he preocupado por esas cosas, me preocupa que la justicia no funciona, me da mal genio y me siento frustrado porque no pasó nada con muchas denuncias”.

Germán Navas se presentó a una nueva elección. A partir de este miércoles volverá a dónde todo comenzó. La Universidad La Gran Colombia, en donde es el profesor de Derecho Penal más antiguo, le propuso volver a hacer su viejo programa, Consultorio Jurídico.

Pero eso no significa que se aleje de las denuncias. Seguirá como en los tiempos de ‘piquiña’ escribiendo su columna a dos manos con su nieto Pablo en el portal cuartodehora.com. Aunque Daniel Samper Pizano diga que las escribe Pablo y que Navas solo pone su firma. Refugiado en la antigua casa paterna del muy bogotano barrio La Esmeralda, acompañado de sus adorados perros malteses, oyendo tangos y viendo carreras de Fórmula 1 y Nascar.

¿Va a extrañar el Congreso? “No. Me he sentido muy incómodo en los dos últimos años. Este último Congreso fue  muy malo, la capacidad intelectual y el nivel cultural son muy malos. Es malo por la gente que hay, por la forma en que aprueban las leyes, este es un parlamento donde no se puede parlar, esto no da más. Es vergonzoso”, concluye.

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