Duque: Si se quiere gobernar, uno no puede obsesionarse con la popularidad – Gobierno – Política



El presidente Iván Duque asegura que ejerció el poder como un demócrata, que capoteó uno de los momentos más difíciles de presidente alguno y, a pesar de ello, deja la mayor inversión social en la historia del país. Y a Gustavo Petro le pide respeto por la democracia, tolerancia con las diferencias, y le recuerda que deberá gobernar para toda Colombia, y no solo para la mitad que lo apoyó.

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Primera pregunta: ¿los resultados electorales, en virtud de los cuales el país queda en manos de la izquierda después del gobierno suyo, le dejan alguna frustración?

La verdad, María Isabel, no me genera frustraciones. Hace cuatro años, cuando yo me presenté a las elecciones y expuse mis ideas, obtuve un triunfo con una visión de país. En estas elecciones tuvimos un debate entre dos modelos, y ganó uno, por una mínima diferencia, sobre otro que defendía otras ideas. No obstante, creo que hoy queda absolutamente claro lo que expresó Kennedy en algún momento: que las elecciones se pueden ganar con el cincuenta por ciento de los votos, pero no se puede gobernar con el cincuenta por ciento en contra. Entonces, creo que el Presidente de la República, como símbolo de la unidad nacional, tiene que ser capaz de convocar a todos los sectores y no imponerle simplemente sus tesis al país: debe gobernar para todos.

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¿Usted cómo manejó esa ecuación? Porque el país tampoco votó unánimemente por usted…

Yo soy un demócrata. Desde el primer momento del gobierno, traté de interpretar primero el país que recibí. Un país fracturado por un plebiscito, cuyo resultado electoral no fue respetado, generando unas grietas muy grandes. Pero otra realidad es que había algunos avances que debían continuar en materia de paz, obviamente con las modificaciones que propuse en la campaña. Y logré integrar un gabinete en el cual la mitad de los ministros había votado por el Sí, la mitad había por el No, y fuimos capaces de construir una política de paz con legalidad que recogiera los principios que he defendido, entendiendo la necesidad de avanzar en los procesos de desmovilización, desarme y reinserción. Y, por otro lado, fui una persona absolutamente abierta a discutir en el Congreso y dejar que en la autonomía de poderes pudiéramos concertar políticas, y no imponer políticas, de manera autoritaria o arbitraria, o tratando de constreñir la labor del Congreso. También supe aceptar las decisiones del Poder Judicial cuando tenían que ver con las políticas del gobierno.

¿Cree que las diferencias entre izquierda y derecha siguen siendo igualmente válidas?

Pues no se necesita ser de izquierda para defender banderas sociales. Yo me he considerado siempre una persona de centro, y mi gobierno deja la mayor inversión social en la historia de este país. Deja matrícula gratuita universitaria pública para más del 97 por ciento de los estudiantes; deja la mayor entrega de títulos de propiedad rural; deja un catastro multipropósito andando. Entonces creo que hoy, más que hablar de izquierda y de derecha, América Latina tiene es una diferencia notoria entre autócratas y demócratas.

Es decir, usted se enorgullece de no ser un autócrata. ¿Gustavo Petro sí lo es?

Lo que el país espera, y el mundo espera de Colombia, es que el próximo gobierno siga siendo un defensor a ultranza de nuestra democracia. Tenemos una en la cual hay alternancia de poder, donde tenemos cuatro años para gobernar, con la posibilidad de darles continuidad a las políticas de Estado o de crear nuevas, pero no de perpetuarnos en el poder. Lo dije desde el primer día: vengo a trabajar para cumplir mi plan de gobierno en cuatro años. Y creo que esos principios se deben mantener, sea quien sea el presidente. Adicionalmente, me parece que respetar la separación de poderes, respetar los organismos de control, respetar la independencia de la prensa, respetar la necesidad de concertación de muchas políticas, hace parte de nuestra democracia. Todos esperamos que el próximo presidente mantenga también esa línea de comportamiento.

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Tan no se perpetuó usted en el poder que, pues fíjese, viene un relevo con ideas absolutamente contrarias a muchas tesis de este gobierno. Pero no se sabe si es porque fracasó su modelo, o porque se impuso el de Petro, o porque, simplemente, fluyó la democracia…

“El Presidente
de la República, como símbolo de la unidad nacional, tiene que ser capaz de convocar a
todos los sectores y no imponerle simplemente sus tesis al país: debe gobernar para todos”.

Uno no puede leer la política linealmente porque, para hablar de mi gestión, pues si yo hubiera tenido la posibilidad de presentarme a una reelección, los electores hubieran podido determinar si continuaba o no. En este caso particular, nosotros no tenemos reelección, yo sigo con las banderas de mi gobierno hasta el 7 de agosto. Pero también hay que reconocer que el nuevo presidente electo no es la primera vez que se presenta a unas elecciones. Tenemos un sector de izquierda que lleva veinte años ganando espacios políticos y que hoy, quizás, llegó a un punto en el cual el cincuenta por ciento lo acompañó. Pero, de nuevo, tenemos otro cincuenta por ciento que no lo acompañó, y ese sector de la población también necesita ser escuchado, ser tenido en cuenta y no ser estigmatizado. Como Presidente uno tiene que ser símbolo de unidad y ser capaz de gobernar con todos y para todos. Muchas personas creían que mis tesis iban a ser radicales y que no les iba a dar cabida a temas sobre los que había muchos prejuicios, y demostré que este gobierno podía hacer la mayor inversión social en la historia de nuestro país, que era capaz de asumir un liderazgo en materia ambiental nacional e internacional, y que también tenía una visión de la paz que ha sido validada por Naciones Unidas: la política de paz con legalidad, que logró demostrar que en cuatro años fuimos capaces de hacer mucho más de lo que se hizo en los primeros veinte meses de implementación. Es que firmar un acuerdo de paz es lo más parecido a una boda: mucha fiesta, mucho vestido, mucho aplauso, pero la implementación es el verdadero matrimonio.

Como usted mismo lo reitera, hay medio país que no se siente representado por Gustavo Petro. ¿Quién va a representar a ese otro medio país? ¿El jefe de la oposición quién va a ser? ¿Usted? ¿El expresidente Uribe? Porque la fila india en el Congreso para apoyar al nuevo gobierno creo que debe tener sorprendido hasta al propio Gustavo Petro…

No María Isabel, yo terminaré mi gestión y me corresponde un tiempo de reflexión, de espacio personal, de espacio familiar. No creo que el papel de un expresidente sea salir a la confrontación política de inmediato. Tengo unas ideas que las seguiré defendiendo. Voy a estar vinculado también a la academia.

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Pero no me ha respondido: ¿entonces quién o quiénes van a liderar la oposición?

La oposición encontrará sus voces y sus líderes. Veo a muchas personas con capacidad de ejercer ese papel de manera patriótica y constructiva, tanto en el Congreso como fuera del Parlamento. Veo a personas como Federico Gutiérrez, David Barguil, Miguel Uribe, entre otros.

¿Ya tiene confirmado algún cargo por fuera?

Tengo compromisos académicos. Voy a estar escribiendo también un libro sobre la obra de gobierno. Seguiré participando en temas ambientales y de migración a nivel internacional. Por supuesto, tengo gran amor por mi país y nunca dejaré de pensar en lo que necesita y al país le sirve. Si como expresidente puedo aportar para cosas que al país le sean constructivas, lo haré. Y también, si tengo que hacer algún llamado o alguna observación frente a algo que no esté apuntando por el camino correcto, lo haré. Pero de manera inmediata, lo que me corresponde es que dejemos que el nuevo gobierno empiece y que todos vayamos evaluando si realmente hay una convocatoria a la unidad, si la unidad es real, más que un discurso, y partir de la base de que a Colombia le tiene que ir bien. Hoy nuestro país es una de las economías que más crece en el mundo. Tenemos un modelo de salud pública que ha sido altamente aplaudido por la gestión de la pandemia. Prácticamente hemos recuperado todos los puestos de trabajo que se perdieron por cuenta del covid. Hay que lograr que todo esto se mantenga, y para eso se requiere también el respeto por la propiedad y las iniciativas privadas.

¿La manera un poco dura como el país lo despide es, entonces, consecuencia del desgaste natural del poder?

“Si uno quiere gobernar, la popularidad no puede ser una obsesión. Tomé decisiones impopulares porque le servían al país. Sabía que lo que íbamos a hacer traería un costo político enorme”.

No lo considero natural. Nos tocó una época muy compleja, en la que estamos capturados por los likes, por los hashtags, por la información que erosiona la verdad. Pareciera en el mundo de hoy como si los hechos y la evidencia no tuvieran tanto peso, y es más la percepción inoculada por movimientos exponenciales en redes. Pero satisfacciones, María Isabel, tengo en muchos frentes. He cumplido con más del 85 por ciento de mi plan de desarrollo, el de mejor nivel de ejecución de varios gobiernos. Lo veo en cosas muy puntuales: en las carreteras que hemos terminado; en lo que hemos hecho en la revolución de las energías renovables no convencionales; en la matrícula gratis; en los programas sociales; y en dejar el mayor crecimiento económico registrado por Colombia no solamente el año pasado, sino también en este, según va la economía este año. Tengo la certeza de que cuando el país empiece a decantar y a valorar las obras, esos hechos serán más elocuentes que las coyunturas de momento.

Va a ser un expresidente muy joven, con mucha vida por delante, y no dudo que vida política, que lleva en su ADN. ¿Usted recomendaría que hubiera un gabinete en la sombra, vigilando que los ministros cumplan?

Es el modelo británico de que haya responsables por temas en el Congreso, en el ejercicio de la oposición, como ministros en la sombra. Y es bueno, porque le exige a quien está en el ejercicio del Poder Ejecutivo. Pero para que también, obviamente, pueda haber consensos cuando las cosas sirven. Cuando estuve en el Congreso y ejercí la oposición, decía que más que ser un senador de oposición era un senador de proposición. Cuando hay una crítica tiene que haber una propuesta. Si no, se vuelve destructiva. La oposición que a mí me tocó me la declaró mucho antes de que incluso me hubiera posesionado. Y me advirtieron que en estos cuatro años estarían en las calles “haciéndose sentir” durante todo mi periodo. Hasta se atrevieron a cuestionar si yo lo terminaría, en una invitación a hacer todo lo posible para que mi periodo no terminara.

Pero ante eso, hay que reconocer que usted propiamente no se dejó llevar por las pasiones…

Si revisa mis cuentas de redes sociales y mis discursos, nunca hubo un ataque personal a nadie. Nunca hubo un señalamiento personal. Defendí mis ideas, mis propuestas, mis principios, y logré enfrentar la peor crisis de un presidente en la historia de Colombia: pandemia, crisis migratoria, el país con el mayor crecimiento de los cultivos de coca, que fue el que heredé. Y estamos dejando una economía recuperada, creciendo, un mercado laboral recuperado en los niveles prepandémicos, y un aumento en la inversión extranjera minero-energética, y programas sociales que llegan en distintos lugares del territorio a once millones de hogares. El país está hoy liderando programas de energía renovable, de economía creativa. Pasar esa prueba sin haber utilizado el poder para agredir a nadie, o intimidarlo, pudiendo haber sido tal vez el presidente más atacado o criticado por sectores de la prensa a la que jamás pretendí intimidar o silenciar por eso, demuestra mi talante demócrata. Tengo esa satisfacción y lo que recomiendo a quienes quieran ejercer la oposición es ser propositivos.

La economía tiene a todo el mundo nervioso. El dólar muy errático con fuerte tendencia al alza, la acción de Ecopetrol con unas caídas brutales. No todo se le puede adjudicar a la presidencia de Petro, porque hay una crisis mundial. Pero sí hay mucha incertidumbre nacional. Dígame qué está sintiendo en la piel con respecto a esa economía a la que le ha trabajado tanto…

Los presidentes tenemos que ser predecibles en materia económica.

¿Usted cree que Petro es predecible?

No puedo decir ni que sea ni que no lo sea. Pero lo que nosotros hicimos en estos cuatro años fue dar certezas.

¿Como cuáles, por ejemplo?

Fuimos un gobierno proempresa, micro, pequeña, mediana y gran empresa. Y cuando uno es proempresa es proempleo, y cuando uno es proempresa y proempleo es proequidad. Para ello bajamos la carga tributaria, para que en el país haya más inversión, y logramos que la inversión extranjera directa no minero-energética creciera 196 por ciento en estos cuatros años. Nosotros empezamos una transición energética tremenda, pasamos de 28 megavatios a más de 2.800 en ejecución en este momento en el país, de capacidad instalada. Pero también respetamos los sectores que aportan a la economía. El sector de hidrocarburos no lo podemos apagar, porque representa más del 40 por ciento de las exportaciones, y más del 30 por ciento de la inversión extranjera directa, por lo que es una fuente tributaria tremenda, y más del 40 por ciento del mercado de divisas. Dar certidumbre a esos sectores, que en el mundo están en transición, fue muy importante, y lo logramos. Lo mismo con la minería. Sin ella no hay carreteras, no hay aviones, no hay carros, no hay edificios, no hay sector de la construcción.

¿Podríamos decir que en ese pequeño lapso en el que estuvo en tránsito la reforma tributaria de Carrasquilla no hubo esa certidumbre que usted quería dar?

Cuando se dio la necesidad de la reforma tributaria del año 2021, yo sabía, y así está en las actas del Consejo de Ministros, que iba a ser muy impopular para mí. Pero si uno quiere gobernar, la popularidad no puede ser una obsesión. Chávez, por ejemplo, fue muy popular, pero destruyó Venezuela. Correa fue muy popular, y dejó al Ecuador absolutamente debilitado.

¿Usted cree, entonces, que sacrificó popularidad por responsabilidad?

Totalmente. Y lo hice a conciencia. Tomé decisiones impopulares porque le servían al país. Sabía que lo que íbamos a hacer traería un costo político enorme y que seríamos vilipendiados. Y si bien me tocó retirar esa reforma, presenté otra, la única reforma fiscal que se logró sacar en este hemisferio en medio de la pandemia. Pero, además, sabiendo que en el año 2022 se vendría mayor inflación, mayor nivel de endeudamiento y un aumento de tasas en los Estados Unidos. Habernos anticipado el año pasado, logrando que la reforma nos traiga ingresos y nos permita gastar más en lo social, es lo que nos tiene con estos niveles de crecimiento y de inversión.

¿No le parece que algunos anticipos de la reforma de Petro parecen recoger propuestas de las que tenía la de Carrasquilla?

Sí, las están recogiendo, y eso quiere decir que de pronto no era tan mala como trataron de presentarla. Tenemos que entender que no se puede tener los niveles de gastos que se pretenden en un país donde solamente el 5 por ciento de la población paga el impuesto de renta. Lo fácil siempre es ponerles más carga a las empresas. Yo acabé con el impuesto al patrimonio, y eso ha traído más inversión al país. Si les vuelven a imponer impuesto al patrimonio a las personas o a las empresas que están invirtiendo, pues se llevan su plata a otros lados.

¿Cree, Presidente, que es factible recoger 55 billones adicionales al año, como quiere Petro?

La primera propuesta que nosotros discutimos en su momento con el ministro Carrasquilla era de 50 billones anuales, y de hecho tuvimos varios debates en el interior del gobierno, y lo bajamos a 25. En la siguiente reforma lo bajamos a 18 billones, que es lo que estamos recaudando hoy.

Pero el presidente Petro brincará a 55…

Con los aumentos del recaudo y la eficiencia fiscal, este año tendremos la mayor reducción anual del déficit fiscal en 29 años. Y el país está en la ruta para que en el 2023 tenga un superávit fiscal primario por segunda vez en este siglo. Entonces hoy, en mi opinión, no se necesita una reforma tributaria, salvo que lo que se quiera es aumentar en manera proporcional el gasto a ese recaudo nuevo.

Es que eso es lo que no sabemos…

Entonces hay que tener claro de dónde quieren apretar. Porque por el lado empresarial y de las personas que tienen mayor capacidad de inversión, ello terminaría contrayéndola, y eso puede detonar el desempleo.

Algo bien hicimos acá, ya que estamos creciendo más que los demás países. Pero ¿qué hay que cuidar?

La inflación es alta en todo el mundo, por Ucrania, por la situación de las cadenas productivas. Un aumento indiscriminado de gasto público tendría mayor impacto inflacionario. Puede haber una recesión en los Estados Unidos, que vendrá acompañada de altas tasas de interés. Y como la inflación es un fenómeno global, en países como los nuestros seguramente los bancos centrales van a seguir aumentando las tasas de interés hasta que sean tasas positivas, y de pronto eso puede llevar también a una mayor desaceleración de la economía. Si además se restringe la inversión privada, se le puede poner un freno muy grande a la economía y disparar los niveles de desempleo, cuando ya hemos logrado dos cosas en Colombia: recuperar el empleo que se perdió por la pandemia, y tener la mejor tasa de formalidad laboral, medida trimestralmente, que ha alcanzado el país. Hay que cuidar esas dos cosas.

¿Cómo fue esa reunión a puerta cerrada con Gustavo Petro? ¿Tensa, amable, se entendieron, hubo desencuentros?

Soy una persona tranquila, que sabe entender la situación, las circunstancias, y genuinamente tengo el propósito de hacer un empalme ejemplar.

¿A qué llama un empalme ejemplar?

A que esté todo bien documentado. Por eso creamos un datálogo donde pondremos los informes de gestión. Las reuniones técnicas de empalme deben tener la posibilidad de ser seguidas por las personas, por las plataformas de streaming. Y como se lo transmití a él, mi interés genuino es ayudar en esta transición para que al próximo gobierno le vaya bien.

Y esos datos secretos que le pasa un gobierno a otro, ¿qué? ¿Se los pasó al presidente electo?

Cuando hay información para la gestión pública, no puede haber datos secretos.

Pero hay datos de seguridad nacional…

Eso es otra cosa. De eso no conversamos. En los temas de seguridad nacional hay unos protocolos. Cuando fui elegido me reuní con la cúpula militar de ese momento, la cual me hizo una exposición sobre los mayores retos y la situación de grupos armados. Ya les he pedido al ministro Molano y a la cúpula que propicien esa reunión con el presidente electo.

Si no hablaron de temas de seguridad nacional, ¿para qué se reunieron a puerta cerrada?

Porque se estila. Así ha sido siempre. Así tuve una reunión con mi antecesor. Eso permite una conversación personal, porque hay conversaciones de Estado. Fue una reunión cordial, como debe ser. Las diferencias no nos tienen que privar de tener un ambiente republicano. Colombia le demostró al mundo que su democracia es sólida, que podemos tener diferencias, pero que aquí no hay complot para evitar que alguien sea presidente, no hay trampas, ni fraudes ni manipulaciones. Presidí unas elecciones limpias, trasparentes y muchos trataron de enlodarlas y decir que íbamos a dar un golpe de Estado. En cambio, le demostramos al mundo que este país es civilizado, serio, republicano, y que queremos preservar que cada cuatro años tengamos elecciones y se elija a un nuevo presidente.

¿Se va con alguna tristeza de no haber hecho algo que pudo hacer?

Soy muy intenso. Y todos los días pienso que hubiera querido hacer algo más. Pero sí tengo la satisfacción del deber cumplido. Darío Echandía decía: ¿El poder para qué? Mi ambición nunca fue el poder. Es transitorio. La Presidencia ha sido un acto de servicio a mi país, a mi patria. Tengo grandes satisfacciones, claro. Y hay algunas cosas que de pronto hubiera querido lograr y no logré, pero cuando uno ve que más del 90 por ciento de las propuestas con las que hice campaña están cumplidas o en desarrollo, y que más del 85 por ciento de un plan de desarrollo estará ejecutado, en medio de una pandemia y en medio de tanta adversidad, creo que lo único que tengo es gratitud con la vida, con Dios y con mi familia.

El manejo de las Fuerzas MilitaresUn consejo para el presidente electo, Gustavo Petro, en materia de manejo de las Fuerzas Militares…

Cuando uno es Presidente, a veces los consejos pueden ser mal interpretados. Más que consejos, le pediría que respetemos las diferencias. En ese sentido, fui siempre ecuánime en el ejercicio del poder. Lo otro, muy importante, que se mantenga el principio de no politizar nunca a las Fuerzas Militares y de Policía.

¿Cree que hay alguna alerta en ese sentido?

“El general Zapateiro está comprometido con los más altos estándares del Ejército y con la verticalidad de sus hombres. Defender
el honor de las Fuerzas nunca será participar en política”.

En América Latina, muchos países que han tenido gobiernos que se denominan de izquierda han caído en unas tentaciones, como la de capturar ideológicamente a las Fuerzas. Eso fue muy grave. Empezaron a hacer cambios muy constantes y frecuentes en el alto mando, y eso también hace que se pierda la mística, el compromiso y la disciplina en el ejercicio del poder. Otros le abrieron el boquete a la corrupción en el alto mando, permitiéndoles a los generales entrar a hacerse ricos con negocios. Y muchos trataron de cambiar la doctrina de las fuerzas militares, pero la doctrina no la podemos cambiar los civiles. Los cambios de doctrina tienen que partir de reflexiones en el interior de las fuerzas militares, que se pueden, claro, discutir con los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero hay que propiciar que eso venga de adentro.

Pero ¿al general Zapateiro no lo acusaron precisamente de estar politizando las Fuerzas, por sus declaraciones contra Petro?

El general Zapateiro es un hombre apolítico y un leal soldado de la patria. Lo escogí como comandante del Ejército por su formación y trayectoria honorable y llena de resultados. Su reacción se dio ante un ataque a la honorabilidad de las Fuerzas, no con intencionalidad política ni mucho menos electoral. Creo que esas reacciones no se deben dar en el fragor de las redes, para evitar los ataques que luego se dieron en su contra, eso se lo dije a él. Pero el general Zapateiro está comprometido con los más altos estándares del Ejército y con la verticalidad de sus hombres. Defender el honor de las Fuerzas nunca será participar en política.

Quieren pasar a la Policía a depender del Ministerio del Interior…

Por muchos años, la Policía estuvo en el Ministerio del Interior, y se convirtió en una Policía politizada, clientelizada. El general Rojas Pinilla la pasó al Ministerio de Defensa, y Alberto Lleras, en su sabiduría, la mantuvo ahí, y ahí se ha mantenido hasta ahora como uno de los baluartes más importantes que tenemos. El día que se intente sacar a la Policía del Ministerio de Defensa y desvertebrar esa colaboración que hay entre las Fuerzas, va a ser traumático, sobre todo para la seguridad de los colombianos. Cada gobierno está en libertad de tener sus propios enfoques. Pero sí creo que tener estabilidad en la cúpula, no politizarla, no abrir las puertas a la corrupción de las Fuerzas y permitir que sean ellas quienes empiecen las discusiones de doctrina, manteniéndolas unidas en el Ministerio de Defensa, son principios de gran utilidad para la estabilidad del país.

MARÍA ISABEL RUEDA 
Especial para EL TIEMPO



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