Juan Carlos Echeverry opina de los apoyos en el Congreso a Petro – Partidos Políticos – Política


El excandidato presidencial, exministro de Hacienda y exgerente de Ecopetrol, Juan Carlos Evheverry, advierte sobre los peligros de que en el gobierno de Petro el Congreso sea “culipronto”. “Lo que más le conviene al nuevo gobierno es que le puedan decir a veces que no”.

Acaba de publicar un libro muy simpático, se lo debo decir: Un año de soledad, contando anécdotas de su campaña presidencial. Resúmame su experiencia…

Pues yo le diría que dos cosas: Una, hablar con el país, por todos los barrios pobres de muchas ciudades y con la gente del común. Ese contacto me transformó como economista, como persona y como colombiano. Lo segundo fue el contacto con el mundo político, que no deja de sorprenderlo a uno; es un mundo impredecible, difícil y desafiante.

En el prólogo, el inteligentísimo Moisés Naím dice que este era un libro necesario. ¿Por qué?

Porque a Colombia hay que entenderla en estos momentos poscovid, lo mismo que a América Latina. Encontré a los colombianos más bravos, más desanimados, desorientados y descreídos de lo que nunca imaginé. No creían en nada. La única forma de hacerse consciente es ir a hablar con la gente y preguntarle: ¿qué es lo que está sintiendo? Por eso era tan importante ir a conversar en todos lados.

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Pero, Juan Carlos, ¿qué sentido tiene hacer eso, solo cuando uno se va a lanzar a una campaña presidencial…? Es decir, como me voy a lanzar, voy a conocer el país… ¿No debería ser al contrario? ¿Como conozco el país, me voy a lanzar?

Conozco bastante del país desde cuando estuve en Planeación, en Hacienda y en Ecopetrol. Lo conozco desde Punta Gallinas hasta Ipiales, y desde Nuquí hasta Puerto Carreño. Lo conozco bastante bien.

Pero a usted no lo conocen igual de bien…

Claro, es que el país de la política es un país en el que uno conversa con la gente de la calle. El del funcionario público es un país en el que uno conversa con el alcalde y el gobernador. Esa es la gran diferencia. Que esas conversaciones con la calle yo no las había tenido. Fue lo más enriquecedor.

¿Le quedaron ganas de volver a ensayar?

Para mí, esa experiencia de hablar con la gente fue como mi fuente de energía, los megavatios de mi campaña. Entonces, sí le quedan a uno ganas… Pero habrá que hacerlo muy diferente, ¿no?

Se lo pregunto porque estamos en un momento muy confuso de la política interna, después del triunfo de Gustavo Petro. Prácticamente todos han terminado pactando con el nuevo gobierno. Con casos inverosímiles por la rapidez, como fue su propio Partido, el Conservador, y su exsocia de coalición, Dilian Francisca Toro. Otro caso sorprendente es el del ingeniero Rodolfo Hernández, pues que no parece indicar que vaya a hacer oposición con los más de diez millones de votos que sacó, muchos de ellos que no eran propiamente para él, sino en contra de Petro. ¿Cómo está viendo usted esta parte del acomodamiento de las fuerzas políticas?

Me tiene muy preocupado una especie de unanimismo, peligroso, sin contrapesos y balances, sin promover una visión distinta a la que está promoviendo Petro. Creo que él está equivocado en muchas cosas. Y si el Congreso se las aprueba, por “culiprontismo”, sería gravísimo…

Juan Carlos Echeverry

El libro es editado por Ariel.

O por puesterismo… (risas)

Sí, exacto. Lo que más se necesitaría sería un Partido Conservador que busque qué es lo que hay que conservar frente a una propuesta de cambio como la de Petro.

De ese partido, olvídese. Ese ya no existe…

El Partido Conservador lo único que quiere conservar es su cercanía al presupuesto. No sabe hacer oposición. El Partido Liberal fue oposición en su momento. Petro y el Polo fueron de oposición. Y ahora que los conservadores o ‘la U’, o Cambio Radical deberían ser oposición, pues no. Resulta que la única oposición que va a quedar, creo que será la del Centro Democrático…

Entonces, en ese sentido, yo le iba a preguntar: ¿Usted estaría interesado en ir trabajándole a una especie de jefatura de la oposición?

Pues no es mi predicamento en este momento; volví a mi actividad privada, como consultor, como economista. Trabajo y vivo de eso. Pero sí, yo hablo por la radio todos los días, escribo en un portal y en siete periódicos regionales, cada quince días. Y estas oportunidades como la que me da usted hoy son la forma de plantear mis discrepancias, críticas y reflexiones sobre cosas que creo que no se están haciendo bien. Cada día trae su afán. Lo que tiene es que exponer sus posiciones y que la gente reflexione.

Es decir, callado no se va a quedar…

Es que sí creo que Petro y su equipo están equivocados en cosas muy profundas. Como en petróleo, en pensiones, en tributación, en salud, en aranceles. Ha costado mucho tiempo, décadas, cincuenta, sesenta años, la estabilidad de Colombia, para que la mandemos al traste en cuestión de meses.

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El petróleo. Usted que fue gerente de Ecopetrol, ¿cómo ve esto que está pasando con su valor?

En síntesis: la gran diferencia entre el petróleo, o sea las moléculas de petróleo que producimos y vendemos hoy, y los electrones que espera producir el gobierno Petro con sol y con viento, es que las moléculas de petróleo se venden por todo el mundo, en China, en India, en Estados Unidos y en Europa, y nos las pagan en dólares. En cambio, los electrones que produciría Colombia no se venden por fuera, solo se les venden a los colombianos. Entonces no producen dólares. Esa es la gran diferencia. El petróleo trae una inmensa riqueza del resto del mundo a Colombia, mientras que los electrones pues hay que producirlos, pero no se exportan.

Precisamente, entre las primeras declaraciones del presidente electo está la de que hay que ver cuánta reserva nos queda, y empezar a exportar poco si tenemos poco, para que nos alcance aquí adentro. No va a haber más exploración que la que ya está contratada. Pero resulta que reservas petroleras, usted me corregirá, en Colombia no quedan más de cinco o siete años. Entonces, ¿de qué vamos a vivir?

Esa duración de la reserva siempre ha sido de siete u ocho años, porque todos los años usted adiciona las reservas y las mantiene por ese tiempo. Pero para eso es fundamental mantenerse produciendo al nivel actual, porque los pozos que se apaguen, una vez se vuelven a prender, no vuelven a producir el mismo petróleo. Si dejamos de producir, es posible que ese petróleo nunca se vaya a sacar ni se vaya a vender.

¿Y ese errorcito se lo irá a pasar el Congreso?

Ese error no necesita Congreso. Lo puede determinar la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Pero, ojo, Colombia tiene campos maduros donde se usa exploración en el campo que ya existe, o cerca de él. En Ecopetrol eso se hace todos los días, y también en las otras petroleras, Oxy, Parex, Gran Tierra…

¿Y eso ya no se va a poder hacer?

Pues si no aprueban más exploraciones, los campos que hay, y con la producción que hay, empiezan a declinar en algún momento. La misma Asociación Colombiana de Petróleos dijo que empezaría en cuestión de dos años. Y lo grave no es que el chorro de divisas que eso le mete a la economía cada año, hace que los medios facturen más pauta, hace que los taxistas facturen más viajes, hacen que las empresas de galletas vendan más galletas y que las de arroz vendan más arroz. Todos dependemos del petróleo. Es como el primer piso de la economía colombiana. Si desaparece, se derrumba todo el edificio.

Segundo: Reforma tributaria.

Pues vea, con los nuevos números que sacó el ministro Restrepo, yo diría que no se necesita reforma tributaria. Dice que el déficit del próximo año va a ser 3,6 %, y que el siguiente año ya va a ser del 2 %. Acuérdese que el próximo año entra la reforma tributaria del gobierno Duque; o sea que ya vamos a estar pagando una tributaria en el 2023. Una tributaria es llevar al paciente, en la economía colombiana, al quirófano. Si no está enfermo, no lo lleve al quirófano. Y lo que muestra esto es que tanto por el crecimiento como por el precio del petróleo, los ingresos fiscales se han recuperado mucho al igual que el PIB, y la deuda está bajando a niveles donde la queríamos tener, del 50-55 %. Sensatamente es posible que no se necesite una reforma tributaria.

El señor presidente electo dice que su meta son 50 billones de pesos más al año. Sin exportar petróleo, ¿de dónde van a salir?

Pues el ministro Carrasquilla y su reforma se cayeron por 32 billones de pesos de recaudo. ¿Se acuerda?

Sí, y lo bajaron a 18…

Exacto. 50 billones es una reforma nociva para la economía, porque nos quitarían todos los ahorros, a usted, a mí, a los empresarios, a los profesionales. Todos los ahorros habría que pasárselos al ministro de Hacienda y al presidente para que ellos se los gasten, en el entendido de que es que ellos gastan mejor que las familias y que las empresas colombianas. Yo creo que eso es un error. Es una reforma excesiva, nociva e inoportuna, que no creo que pueda pasar por el Congreso por ese monto. Y el presidente electo ha dicho que si no le aprueban la reforma, no hay bancada de gobierno.

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Se lo resumo así: sin impuestos, entonces no hay puestos…

(Risas). Es un chantaje y nos están acostumbrando a eso. Que si no era Petro habría una explosión social. Que si no era Petro no habría una explosión controlada. Y ahora, que si no se pasa la tributaria, entonces no hay coalición de gobierno. Yo no creo que uno deba gobernar con esos chantajes, sino con consensos.

Ahora, no falta quienes piensan ante los abrazos que se están repartiendo, que ese es el país que queríamos, armónico, donde nos adoremos todos. Todo el mundo se adore con todo el mundo, se lleve divinamente. Pero, esa no es la política, que es el arte de los disensos. La democracia necesita el disenso… ¿Qué tan peligroso sería el unanimismo?

Hay algo que es bienvenido, y es que esa animosidad y litigio permanente entre Uribe y Santos era nociva. Salir un poco de eso, a que la gente pueda conversar, se pueda encontrar, me parece bueno. Un progreso que Petro está trayendo. Pero, estoy de acuerdo con usted en que poder conversar no obliga a que todo el mundo esté de acuerdo, ni que tenga que haber unanimismo, ni que todos los partidos ahora tengan que adoptar frases tan preocupantes como que vamos a apoyar toda la agenda del Gobierno. De ese juego de contrapesos y balances sale una mejor política pública y un mejor país. Los unanimismos son muy peligrosos, porque frente a alguien muy voluntarioso lleva a que se cometan errores de los que después esa misma persona se arrepiente. Se necesita una oposición civilizada.

Hablemos de pensiones…

Hace treinta años se creó el sistema de ahorro individual, porque no se le podía hacer al sistema de prima media todos los cambios para que fuera sostenible; eso era número de semanas, edad de jubilación, monto de la pensión. Entonces se creó un sistema individual que no tiene subsidios y no tiene regalos del Estado, y sí es sostenible por definición. Si ahora Gustavo Petro piensa devolver los primeros cuatro salarios mínimos al sistema tradicional, tendría que cambiar responsablemente los parámetros: aumentar el número de semanas de cotización, la edad de jubilación y reducir el salario con el que uno se jubila. Si no viene acompañado de eso, la bomba pensional la van a volver atómica. Volveríamos a la bomba que se desactivó hace veinte años.

Y cerremos con salud…

El peligro es que haya propuestas que puedan devolver a Colombia a los ochenta. Usted y yo estuvimos en ese país, cuando solo uno de cada tres colombianos recibía atención de salud. El sistema de aseguramiento hoy le da salud al 97 %, y es uno de los mejores diez del mundo. Nos convencieron de que las EPS son las culpables, eso no es cierto. Y sería acabar con el aseguramiento que hoy existe.

¿Y quién va a parar todo eso si todo el mundo se entregó?

El Congreso colombiano tiene una característica: es pragmático y además oportunista. Lo que no puede ser es culipronto y liviano. Tiene que ser un Congreso profundo, capaz de decirle al Gobierno, artículo por artículo: esto es malsano, es equivocado, es nocivo. Naturalmente, el Gobierno querrá hacer sus reformas, pero la mayor contribución del Congreso, de los partidos, y de sus economistas, será decirle que no al presidente y al gobierno cuando haya que decirle que no.

¿Alguna reflexión final sobre el resultado de estas elecciones en la que usted trató y no pudo?

Que los candidatos que se enfrentaron a Petro al final eran: uno que no debía, uno que no podía, y uno que no quería… No le digo cuál corresponde a cada uno de los tres, para dejarles esa reflexión a los lectores.

MARÍA ISABEL RUEDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO



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