La lucha de las ‘madres de Soacha’ por conocer la verdad y tener reparación – Proceso de Paz – Política


No les creyeron, pero sus hijos habían desaparecido. Fueron necesarias 1.042 entrevistas a víctimas, 178 a comparecientes y 402 a expertos y otros actores para que la Comisión de la Verdad avalara los relatos de las Madres de los Falsos Positivos de Soacha (Mafapo), quienes habían denunciado desde el 2008 que sus muchachos no eran ni guerrilleros ni delincuentes, que solo habían ido a buscar trabajo, que se habían ido tras un sueño.

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Ellas, las madres de Soacha, quienes han pasado por toda una serie de adversidades y confrontaciones –muchas veces las tildaron locas–, saben que sus 19 jóvenes de Soacha y Bogotá fueron asesinados en lo que se conoce como ejecuciones extrajudiciales, mal llamadas ‘falsos positivos’, y aunque hay una gran verdad detrás de todas las investigaciones, aún esperan una verdad completa.

Reconocer es admitir algo como cierto. Aquí, hoy, se están admitiendo varias facetas de lo que significa reconocer. Una es reconocer a unas víctimas a quienes les asesinaron sus seres queridos de una forma indignante: civiles presentados como guerrilleros muertos en combate. Otra, reconocer un crimen atroz y deleznable: ejecuciones para mostrar resultados en la guerra. Otra más, admitir por parte de tres responsables que ellos cometieron esos crímenes”.

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Con estas palabras, Alejandro Valencia, comisionado de la verdad, relató cómo han sido estos dos años de trabajo, junto con las Madres, para lograr el reconocimiento y la dignidad de las víctimas, para la construcción de un relato amplio.

Para la Comisión, la importancia de estos procesos de reconocimiento radica en la búsqueda de la comprensión de los impactos del conflicto en las dinámicas personales, familiares, comunitarias y en los territorios, para lograr una reflexión colectiva sobre los mecanismos humanos, sociales, políticos, culturales e institucionales que permitan la reparación, resarcir la memoria y evitar la repetición.

Quiero honrar a
las madres de las víctimas. Hay que reconocer su valentía, lucha, coraje y persistencia en la
búsqueda de una verdad plena y dignificación del
buen nombre de sus seres queridos.

Precisamente, como resultado del proceso de reconocimiento en Soacha, las víctimas han conversado con los responsables de estos crímenes en tres diálogos privados y al menos 18 encuentros preparatorios. Además, gracias a las denuncias de Mafapo, y a otras que se fueron conociendo desde el 2008, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha encontrado evidencia concreta de 6.402 casos de ejecuciones extrajudiciales en 31 de los 32 departamentos de Colombia.

Después de más de 51 procesos de reconocimiento, el ‘Encuentro por la Verdad: Reconocimiento de responsabilidades sobre las ejecuciones extrajudiciales en Bogotá y Soacha’ fue un espacio para dignificar a quienes fueron estigmatizados, especialmente a las madres y familiares que recorrieron el país tratando de ser escuchadas.

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“Hemos llorado los secuestrados. Hemos llorado los muchachos asesinados por la guerrilla. Hemos llorado los desaparecidos y desaparecidas, pero nada hubo más grave, más terrible, más devastador, que los hombres del Ejército asesinando a 6.402 muchachos. Por eso agradezco a las madres, porque su lucha está aquí”, expresó el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad.

Y agregó: “Si nosotros le dedicáramos un minuto a cada uno de esos 6.402 jóvenes asesinados y estuviésemos 12 horas cada día, nos demoraríamos ocho días y una mañana para poder honrar su memoria. Así ha sido de grave lo que ha pasado aquí”.

¿Cómo, dónde y cuándo se desarrollaron los hechos?

Madres de Soacha

Durante el evento realizado el pasado 10 de mayo en la plaza central de Soacha, las madres del Mafapo tuvieron la posibilidad de ser reconocidas.

Foto:

Cortesía Comisión de la Verdad

La Comisión de la Verdad pudo determinar, tras la recopilación
y revisión de cientos de informes, que estos hechos ocurrieron, mayoritariamente, entre 2002 y 2008.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad ofrecerá nuevas comprensiones que expliquen algunas de las razones estructurales de estos crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Sin embargo, durante el evento del martes 10 de mayo, en la plaza de Soacha, el comisionado Alejandro Valencia dio a conocer algunas de las conclusiones a las que llegó la Comisión luego de revisar más de 320 informes sobre los asesinatos de civiles.
De este proceso de investigación, el comisionado Valencia hizo énfasis en diez hallazgos claves que la Comisión de la Verdad detallará en su informe final, el cual presentará el próximo 28 de junio.

Por un lado, se estableció que los asesinatos y las desapariciones forzadas bajo la modalidad de los mal llamados ‘falsos positivos’, ocurridos entre 2002 y 2008, fueron crímenes de guerra y de lesa humanidad.

(Lea: Uribe habla de ‘sesgos e inclinaciones’ de la Comisión de la Verdad)

El reconocimiento de los miembros de la Brigada es un paso importante en la búsqueda de la verdad para nosotras, las
madres.

Respecto al reconocimiento e identificación de los principales responsables, para la Comisión de la Verdad, las evidencias señalan que el Ejército Nacional es considerado el mayor causante; sin embargo, llama la atención que dentro de las investigaciones se han encontrado responsabilidades de otros actores. “La Comisión constató que en estos hechos se consolidó un entramado de actores estatales y no estatales con diferentes niveles de jerarquía, participación, responsabilidad y relaciones entre ellos. Por ejemplo, los grupos Gaula, la Armada Nacional, el DAS, la Justicia Penal Militar, el Consejo Superior de la Judicatura, empresas multinacionales y grupos paramilitares, entre otros”, señaló.

Era tal el nivel de detalle y planeación en cada acto criminal que hasta las víctimas fueron perfectamente seleccionadas. Según las investigaciones, los sectores poblacionales más vulnerables fueron el blanco para escoger a los jóvenes que serían dados de baja.

‘La sanación se logra y da paz’

madre de Soacha

Gloria Martínez, madre de Soacha.

Foto:

Comisión de la Verdad, Camila Acosta Alzate

Mi nombre es Gloria Martínez, soy madre de Soacha. Este reconocimiento que se dio el martes es un paso gigantesco para todas las madres que buscan a sus hijos. Hace unos años, cuando todo empezó, nos preguntábamos como íbamos a hacer nosotras para mirar a los militares a los ojos.

No todas tenemos la misma forma de perdonar. Sin embargo, con la Comisión llevábamos dos años en unos encuentros que yo los llamo terapias. Eran capacitaciones en las que mirábamos cómo podíamos hacer, pues de solo pensar en el encuentro con ellos nos venía la incomodidad.

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Al comienzo, como no queríamos vernos, les escribimos cartas a los militares, ellos nos respondieron, ese fue el primer paso para contactarnos. Rincón Amado, por ejemplo, nos escribió: “por favor, les pedimos perdón, yo sé que les hicimos daño”.

Un día, por fin, nos vimos en el parque de los Novios, en Bogotá. Estaban tan nerviosos que pensaron que los íbamos a agredir. No hubo abrazos, pero tampoco sentí rabia.
La sanación se dio a través del arte y de las terapias, en lugares tranquilos, en medio de la naturaleza. Hacíamos tejidos. Uno se mete y ahí plasma su tristeza. La Comisión tiene la peculiaridad de enseñarle a uno que hay que tener ese amor grande por toda la humanidad.

No todas lo toman de esa manera. Hay algunas madres que no perdonan. Me pongo en sus zapatos y sé que ellos tienen familia, que no están llevando una buena vida. Uno de ellos me confesó que sus hijos no lo quieren ver, además sus padres le han dicho: “yo no crié un hijo para que fuera criminal”. Debe ser bien difícil, no pueden dormir tranquilos. Están amenazados y por eso no puede dar los nombres de las cabezas. Algunos se tuvieron que ir del país.

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De todos modos, yo sigo buscando esa verdad completa. Queremos dejar ese legado a los jóvenes que son como una semillita. Queremos ver una Colombia reconciliada, un país lleno de amor y paz.

‘El nombre de mi hijo quedó limpio’

madre de Soacha

Blanca Nubia Monroy, madre de Soacha.

Foto:

Comisión de la Verdad, Camila Acosta Alzate

Yo me llamo Blanca Nubia Monroy y soy una mujer antioqueña, humilde, hija de un papá arriero que me enseñó a ser humilde y vengo aquí a limpiar mi corazón.

No sé qué me pasó ese martes del reconocimiento que se me removieron todos los sentimientos de estos catorce años que hemos tenido de lucha, buscando la verdad, y aunque decía que no perdonaba a Tamayo ni a Santos ni a Uribe, no es lo que yo diga sino lo que Dios quiere para mí. Al escuchar las versiones de los militares fue satisfactorio ver que el nombre de mi hijo quedaba en limpio, pues no era guerrillero ni era subversivo.

Yo me salí antes de que terminara el evento y antes de irme me despedí de los tres militares. A cada uno le di un abrazo y le dije que yo lo perdonaba de corazón. En un momento uno de ellos, Sandro, me dijo: “Doña Blanquita, ¿qué tiene?”. Yo lo miré a los ojos y se me desgajaron las lágrimas. “Quiero a mi hijo en estos momentos”, le respondí. Él me apretó fuerte y me dijo: “yo no le puedo devolver a su hijo”. Y le respondí: “ustedes me quitaron lo que yo más amaba en mi vida, a la luz de mis ojos. Pero a pesar de eso, Sandro, yo no le guardo rencor, yo lo perdono”.

Ese martes del reconocimiento que se me removieron todos los sentimientos de estos catorce años.

A Sandro hasta le he cogido como cariño. Yo lo vi tan indefenso después de que se bajó de la tarima. Estaba helado, parecía un témpano y sentí una ternura inmensa. Ellos son seres humanos, como es usted y como soy yo. Sienten lo mismo que sentimos nosotros. Cometieron un error y lo están reparando. Ellos tuvieron el valor de decir que los muchachos de Soacha no eran guerrilleros.

Pero para llegar a este perdón tuvimos que pasar un proceso largo, donde íbamos cada rato a talleres con la Comisión. Eran agotadores, allí desahogamos toda la rabia, el resentimiento y ese dolor de ver al frente a estos personajes.

He caminado con ellos, hemos almorzado y les he apretado la mano. Lo único que les digo es que no se echen toda la culpa, sino que cuenten quién les dio la orden y de dónde venía.

‘La costura me ayudó a perdonar’

madre de Soacha

Ana Cecilia Arenas, miembro de Mafapo.

Foto:

Comisión de la Verdad, Camila Acosta Alzate

Soy Ana Cecilia Arenas, hermana de Mario Alexánder Arenas, me dedico a la costura, por eso yo le enseño a perdonar a todo el mundo a través de mi oficio.

Cuando coso la mente está distraída en otra cosa muy distinta y mientras se teje se hace memoria, por eso también decidí coser con ellos, los militares que cometieron ‘falsos positivos’. Rincón Amado cosió conmigo. Hicimos un bonito corazón, lo mismo con Sandro Pérez, uno de los reclutadores.

Yo llevo años trabajando procesos de reconciliación y perdón. Ya me he entrevistado varias veces con los que mataron a mi hermano, por eso no me dio tan duro ver a los tres militares el martes en Soacha hablando, porque ya con la Comisión de la Verdad llevábamos dos años haciendo otros encuentros.

(Más: Uribe dice que denunciará a la Comisión de la Verdad)

Lo importante es que por fin se supo lo que más queríamos: ¿quién se los llevó, cómo los mataron?

La otra verdad, que es más lejana, es saber quién dio la orden.

Por ahora yo me he sentido satisfecha con lo que estos señores hicieron porque al menos logré mirarlos a los ojos, aunque no fueran sino tres.

Se le demostró a nuestra familia y a toda Colombia que lo que nosotras decíamos una y otra vez era verdad: que nuestros hermanos y nuestros hijos no fueron guerrilleros, que mucho menos habían estado en combate.

Se le demostró a nuestra familia y a toda Colombia que lo que nosotras decíamos una y otra vez era verdad.

Hoy en día yo no tengo ningún rencor con ellos. Al contrario, me están llamando y tengo relación con tres de ellos. Han estado pendientes cuando he estado enferma, me llaman, me preguntan. Ellos ya saben qué es el perdón. Y les queda esa tarea de seguir adelante y hablar con el corazón. Dejar el miedo a un lado.

Un teniente retirado, que cometió varios crímenes, me buscó para que le enseñara a perdonar, yo lo hice.

Hasta me lancé en paracaídas desde un avión con él, fue una buena experiencia de confianza, le entregué mi vida en esa ocasión. Incluso, tenemos una amistad bonita con su esposa. Por eso yo les digo a todos que el perdón trae paz.

*Este es un proyecto de Contenidos Editoriales Especiales de EL TIEMPO, en alianza con la Comisión de la Verdad.



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