Roy Barreras explica qué hará como próximo presidente del Senado – Congreso – Política



Fue desplazado como su madre y su abuelo paterno. Y con los ingresos que recibía como chofer de un taxi, financió sus estudios de medicina en la Universidad Nacional. Hoy, con 58 años, será elegido próximo presidente del Senado de la República: Roy Barreras.

En el siguiente diálogo, el dirigente político relata su vida, cuando su partido actual, el Pacto Histórico del presidente electo Gustavo Petro, lo ha acordado como su candidato a presidir el Congreso. Y tiene la elección asegurada por el apoyo del partido Liberal y del partido Verde.

(Lea: Cómo logró Roy Barreras quedarse con la presidencia del Senado)

“Yo soy orgullosamente hijo de una mujer campesina; mi madre quedó huérfana a los 9 años. A mi abuelo, Tito Montealegre, lo mataron en una vereda que se llama El Palo, en Caloto, Cauca. Era un campesino liberal; está enterrado allá, donde todavía nos seguimos matando. Mi abuela ya había muerto y mi madre, huérfana de padre y madre, no tenía dónde vivir. Un tío de ella que había escapado de la violencia y estaba en Bogotá la acogió. Mi madre no hizo sino hasta tercero de primaria. Cuando fue adolescente, a los 18 años, consiguió empleo”, cuenta.

¿Obtuvo trabajo para hacer qué?

Como vendedora en un almacén de botones que se llamaba Botonia. Lo único que había aprendido era a coser. Ahí conoció a un estudiante de último año de medicina que era gringo y se enamoró perdidamente. Mi madre era muy bonita. La enamoró, la embarazó y cuando ella le contó que estaba esperando bebé, el gringo se perdió. Y mi madre valiente, quedó sola con un hijo, que era yo, y una máquina de coser. Así me crió. Logró pagar el colegio La Salle, para educarme, curiosamente el mismo colegio donde estudió Petro, pero nunca nos conocimos. Yo crecí en el barrio Las Cruces en Bogotá y allí hice mis primeros estudios. Al terminar mi bachillerato, logré ingresar a la Universidad Nacional.

¿Y con qué recursos sobrevivía?

Yo supe lo que era ir a las prenderías a empeñar la plancha para pagar una necesidad. Conocí lo que es la pobreza, no me la tienen que explicar. Conseguí trabajo como taxista. Todavía recuerdo el número 305; era un Renault 18. Del producido del taxi, una parte era para el dueño, otra para gasolina y lo que sobraba era para mí. Estudiaba medicina en la Nacional y trabaja con el taxi todas las noches. Un año después di la cuota inicial y me compré un Chevrolet.

¿Que edad tenía entonces?

18 años. Y trabajé como taxista casi cuatro, cuando ya los turnos del Hospital de la Hortúa, donde me formé, no me permitían trabajar de noche con el taxi.

¿Y cómo logró ingresar a la Nacional si era tan difícil?

Porque fui el mejor Icfes del colegio La Salle en el país. Se presentaron 5.000 personas y pasamos unos 80.

¿Por qué decidió estudiar medicina?

Mi padre, el gringo que enamoró a mi madre, era médico. Él nació en Nueva York. Era hijo de dos españoles gallegos que huyeron de la Guerra Civil Española y fueron desplazados. Yo conocí a mi padre a los 12 años y a mi abuela, que nació en Galicia (España). Ella trabajaba en un restaurante en Nueva York, como tantos otros españoles que huyeron de la Guerra Civil.

¿Pero cómo y por qué aparece quien sería su padre en Colombia?

Al padre de él, mi abuelo, le ofrecieron en Nueva York trabajo como electricista en una mina en el Chocó, que se llamaba Chocó Pacífico, una mina de platino. Aceptó y se trajo al Chocó al gringuito de nueve años, que había nacido en Nueva York. Mis dos familias fueron desplazadas de la guerra. En Colombia y en España.

¿Pero cómo, cuando y por qué conoce usted a su padre?

Cuando teníaa doce años. Mi madre me hizo un regalo: nunca me habló mal de mi padre. Siempre me dijo: “Su padre es un médico muy importante que está ocupado salvando vidas”.

¿Cómo se llamaba su padre?

George Barreras. Él ya murió. Lo conocí a los 12 años, porque un día, en Bogotá, mi madre me montó en un bus de la Flota Magdalena, me dio una dirección y me envió a Cali. Supongo que ella le había enviado alguna razón porque él me estaba esperando. Ahí lo conocí.

¿Cómo fue el encuentro?

Era como conocer a Hulk. Era un hombre grande con un ojo azul y uno verde. Me abrazó. Me besó en la frente. Y desde ese momento nos amamos; por él, y por mi mamá, terminé siendo médico. Es como entelenovelas mexicanas, que la niña pobre abandonada tiene un hijo sola y dice que el hijo debe ser como el hombre que amó. Entonces, mi padre me da trabajo.

¿Su padre nunca le pidió perdón por haberlo abandonado?

No. No le reclamé, pero sí le pregunté por qué razón no me había reconocido como su hijo sino hasta los 12 años. Él me dio su versión y me dijo: “Su mamá nunca me contó que había quedado embarazada”. Yo no pregunté más porque no era necesario y, sobre todo, porque lo que me enseñó como médico era suficiente para tenerle gratitud. Me enseñó a aliviar el dolor y yo trabajé 23 años a su lado hasta que él murió.

¿Y que había pasado entre tanto con su madre?

Me la llevé en avión para Cali cuando fui a trabajar con mi padre.

¿Y vivieron los tres juntos?

No. Mi padre tenía su hogar, se había casado. Yo tengo dos hermanos medios, hijos de él, que los conocí en esa época.

¿Pero usted y su madre a que lugar llegaron?

Llegamos primero a un hotel en el centro de Cali, que curiosamente se llamaba el Hotel Vigo, que era un hotel de tercera categoría, muy barato. Pero lo curioso de que se llamara Vigo es que esa provincia queda en Galicia, donde habían nacido mis abuelos. Coincidencia de la vida. Luego conseguimos una casa donde vivir.

¿Ya en Cali, su padre y su madre nunca se volvieron a ver?

No. Mi padre vivía con su esposa, con la que se había casado y tenía dos hijos. Él tenía un hogar. Fue un golpe duro para mi madre, pero jamás me habló mal. Y su amor no se extinguió. Cuando él murió dejó dicho que sus cenizas se las mandaran a mi madre porque era la mujer que lo había amado toda la vida. Y mi madre siempre tuvo las cenizas de mi padre en su mesa de noche.

¿Todo esto fue en qué año?

En el año 97 .

¿Cuántos años trabajo con su padre?

23 años y me enseñó a curar y a aliviar el dolor. Él era el jefe de cirugía del Hospital Universitario San Juan de Dios y del Seguro Social. Tenía una clínica privada. Se llamaba Barreras Medicinas Alternativas y, Yamid, muchos de sus colegas periodistas, no digo el nombre por respeto a la historia clínica fueron pacientes míos en Cali. Cuando mi padre murió me dijo “le recomiendo a mis pacientes”.

¿De qué murió su padre?

De pena moral. Murió a raíz del secuestro de su hijo menor, que fue secuestrado y desaparecido por las Farc.

¿Cómo fue eso?

Era un muchacho de 18 años. Lo secuestraron en el año 94. Y mi padre entregó lo que tenía, que era la finca que habían comprado mis abuelos españoles con su trabajo en la mina del Chocó. Una finca que se llamaba La Galicia, en honor a la tierra de donde venían. Yo tuve que ver a mi padre con tres criminales que lo llevaron a punta de pistola a las notarías a firmar escrituras y entregar la finca para salvar a su hijo, que se lo pasaban al teléfono y le decía: “Papá, si no firmas, me van a matar”. Y él entregó la finca. Hoy la finca está en manos de terceros.

¿Y lo liberaron?

Mi padre se murió sin que le devolvieran a su hijo. Esa es una historia larga y dolorosa. Pero, sí, lo liberaron.

¿Dónde está él?

Cuando estuvimos en La Habana yo le pregunté a las Farc que si conocían esa historia. Me dijeron que no había registro de eso, que ellos creían que las bandas criminales de la época se hacían pasar por las Farc y cometían esos secuestros. Nunca se sabrá quién dice la verdad.

¿Y la finca la perdió?

Nunca la reclamé porque para poder hacer la ponencia de la Ley de Víctimas renuncié a cualquier reclamo que tuviera que ver con mi familia.

¿Qué pasó después con su hermano?

No quiero ser infidente porque mi hermano ha pedido total discreción. Se fue del país. Se convirtió en una especie de monje, trabajó toda su vida en una ONG, con refugiados. Estuvo en Afganistán, en Libia, en el Congo, en Beirut. Y se quedó viviendo fuera del país. Hoy está asilado en otro país. Nunca volvió. Pero, tengo una hermana. Ella trabaja como médica.

Su padre médico, su hermana médica, usted médico…

Y mi hija es médica, neuróloga, neuroinmunóloga en Hoppkins, el mejor hospital del mundo. Mi hija es la mejor neuroinmunóloga que hay en los Estados Unidos.

Con toda esta historia de médicos, ¿cómo resulta en la política?

Cuando yo tenía 17 años, en la ceremonia de graduación de bachiller en el Instituto de La Salle en Bogotá, hice el discurso de graduación porque era el mejor bachiller y los hermanos cristianos de La Salle invitaron a la ceremonia a un expresidente, ya de edad, ya que había estudiado 50 años atrás en ese colegio. Ese expresidente era Carlos Lleras Restrepo, a quien le pareció interesante algo de mi discurso de graduación. Me llamó y me dio una tarjetica y me dijo que buscara a ese señor para que hiciera política. Ese señor era Luis Carlos Galán. Así conocí a Galán. Me vinculó a los grupos juveniles a través de un concejal de Bogotá que se llamaba Jorge Muñoz Pinzón. Pero como entré a estudiar medicina en la Nacional, ya no tuve tiempo de volver a las reuniones políticas. Después de que asesinaron a Galán, le pedí una cita al presidente electo César Gaviria, a nombre de las juventudes del Nuevo Liberalismo. Me dijo: “yo no hago política” y me mandó a buscar a un señor en el Banco Caldas. Ese señor era Humberto de la Calle. Desde entonces, hemos sido amigos.

En el año 94, cuando De la Calle compitió por la presidencia con Samper en la consulta liberal, me llamó y me dijo: “En el Valle no tengo a nadie, usted por qué no me hace una cámara por allá”. Yo le dije que era médico y no tenía votos. Finalmente me metieron de suplente a la Cámara y ganó el que era mi primer renglón, Arlen Carvajal. En esa época se podía dejar entrar al suplente un año y yo entré justo en el proceso 8.000 y le hice oposición a Samper, junto con Ingrid Betancourt y Pablo Victoria. Di tanta lora que la gente creía que yo era el principal. Y ahí comenzó mi gran lucha en la política.

Me expulsaron de Cambio Radical por beligerante. Busqué a Juan Manuel Santos, ingresé al Partido de la U y desde entonces, hace 14 años, he permanecido al lado de Santos, trabajando por la paz. Santos termina su gobierno, se margina de la política y yo decido en febrero del año pasado que el hombre que puede lograr la consolidacion de la paz es Gustavo Petro, hago un acuerdo con él, se crea Pacto Histórico y yo hago parte de las ideas liberales de una fuerza progresista, liderada por Petro, quien conquista la Presidencia.

Y hoy tengo la responsabilidad de ser el próximo presidente del Congreso. El presidente Petro me encomendó dos mensajes a los colombianos: garantizar las reformas que el pueblo colombiano está exigiendo y contribuir con mi experiencia a consolidar la paz. Espero transmitir también un mensaje de garantías y equilibrio, porque no siendo de izquierda le hablo a ese otro país que también está en el corazón del presidente Petro. El deseo del presidente Petro es recuperar el diálogo con el Eln, empezando donde lo dejamos; cese de fuego bilateral. Pero también queremos el sometimiento a la justicia de los grupos ilegales para desmantelar las organizaciones del narcotráfico. La maldición de Colombia es el narcotráfico y eso implica otra línea de regulacion. Eso implica cambios en las leyes de sometimiento a la justicia para facilitar que dejen las armas los ilegales y dejemos de matarnos.

La primera línea de trabajo es la paz. La segunda línea es la justicia social, como dice el presidente Petro. Eso implica que en los primeros 100 días habrá reforma tributaria para lucha contra el hambre de millones de colombianos que comen una vez al día y para poder financiar el salario mínimo vital, empezando por las madres cabeza de familia de los hogares más pobres de Colombia.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO



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