A tono | La Verdad


Alberto Requena

No puedo evitar la evocación que me produce este título. Respetado y recordado. Siempre tenía el mismo. Con cariño. Tono es uno de esos términos polisémicos, de amplio espectro, que dirían los castizos. Es usual entenderlo en el contexto del ámbito acústico, en el que se traduce por la propiedad de los sonidos que los clasifica según su frecuencia y, cualitativamente, los ordena de agudos a graves. Pero, en otros ámbitos, como en el de la luz, se asimila al nivel luminoso de un color. En el ámbito de la pronunciación pasa a designar el acento particular de ésta. Hay otras acepciones del término que, en todo caso, incorporan conceptos de nivel, altura o conveniencia de algo, según los propósitos de quién lo exhiba.

En acústica, se traduce a una escala de altura, entre bajo y alto. A tono nos indica que algo está acorde con las circunstancias. Una especie de armonía en relación a éstas, incluso en la esfera sexual. Indica, también, que algo se expresa en concordancia con las condiciones anímicas del interlocutor, de uno mismo o de ambos. Los músculos, en una especie de antropromorfización, se contraen y expanden, con o sin el tono que requiere la circunstancia anatómica. Incluso, sirve para designar una señal sonora con la que responde algún aparato, (telefónico, usualmente) para darnos a entender que procede o puede proceder establecer una comunicación. Un comentario se sitúa en un tono, que si es elevado o bajo, indica el nivel, pero si es subido pasa a referirse al grado de obscenidad y si, definitivamente, se sale de tono, nos indica algo inapropiado al momento, lugar o interlocución, que puede volver a su cauce si se «baja el tono» y, en la intimidad, deberíamos «estar a tono».

Etimológicamente, deriva del latín tonus, que proviene del griego «teino», tensar. Del latín derivan tónico o tonal, mientras que del griego provienen barítono, átono, oxítono o peritoneo, entre otros. En música, tono es un intervalo que en el sistema temperado equivale a un sexto de octava. La mitad de tono es un semitono y equivaldrá a un doceavo de octava. Cualquier escala procedente de los modos gregorianos consta de cinco tonos y dos semitonos.

Según
Oosgod, las palabras pueden representar cosas, «porque producen en nosotros una cierta réplica de la vida real». La expresividad en música tiene una servidumbre, dado que lo que alguien nos dice acerca de su modo de percibir, necesariamente tiene carácter metafórico, poético, más que analítico. Según
Esther Gatewood, la música nos transmite un efecto: triste, serio, divertido, sosegado, nostálgico, patriótico o irritado. Pero
Langer apunta que, además del lenguaje esencialmente metafórico de la descripción musical, hay que distinguir entre lo que una persona cree sentir con la música y su percepción del carácter de la música en sí. Ejemplo: una música patriótica o solemne, puede resultar divertida a un extraño, por pretenciosa, por ejemplo.

Hay emociones sentidas directamente y otras contempladas y captadas imaginativamente. Hay que distinguir entre escuchantes y oyentes, según
Vernon Lee. No es la forma de oír, sino la actitud, la determinante. El escuchante califica la distracción, en la escucha, como un defecto, mientras que el oyente piensa que no se precisa una atención permanente, una concentración continuada. En música, se puede distinguir una amplia gama de clases de movimientos: extensión, retracción, coalescencia, extrusión, integración, desintegración, ritmos de desarrollo característicos de los seres vivos. Toda percepción requiere un ajuste físico y cualquier actividad física o mental, deja una huella residual, incluyendo los pensamientos. Un oyente, puede evocar situaciones de su propia vida, la biografía del compositor o las gafas del que está enfrente de él. Para un escuchante, esto son distracciones.

La música transmite emociones y una forma de hacerlo es con los acordes (tres o más notas simultáneas), cuyo arte de combinación se denomina armonía. Los acordes mayores y menores, no solamente suenan diferente, sino que la respuesta a nivel fisiológico es distinta, como evidencia la resonancia magnética nuclear funcional. Se activan zonas del cerebro diferentes. Un acorde mayor, transmite alegría, mientras que uno menor produce tristeza. Así se transmiten emociones. Un estribillo en tono mayor, nos transmite optimismo. No incide el ámbito cultural del sujeto, la percepción es universal. Convertir una partitura de un tono mayor a uno menor, altera la percepción. Todo cambia.
Samir Zeki, conoce mucho de esto. El cerebro empieza a ponerse a tono.



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