¿Funcionan los productos para estudiar?


Una sola sardina contiene más fósforo que 3 cajas de ciertos suplementos que consumen los alumnos

José Manuel López Nicolás

Estamos en plena época de exámenes en la universidad y los grandes almacenes, farmacias y herboristerías se llenan de curiosos productos destinados a mejorar el rendimiento cognitivo, aumentar la concentración, incrementar la capacidad intelectual, estimular la memoria, etc. ¿Sirve para algo tomar estos suplementos que tanto éxito tienen entre universitarios e, incluso, entre personas de la tercera edad? ¿Merece la pena gastarse los casi 30 euros que cuestan de media estos productos?

Para responder esta pregunta es necesario conocer la efectividad de sus ingredientes. Me refiero a nutrientes como fosfatidilserina, taurina, teanina, jalea real, minerales y vitaminas. Veamos en qué consisten y si cumplen las propiedades que se les atribuyen.

La fosfatidilserina forma parte de los fosfolípidos que, generalmente, se encuentran en la monocapa lipídica interior de las membranas celulares. Diferentes marcas comerciales han aprovechado las funciones que desempeña la fosfatidilserina en nuestro organismo para introducirla en diversos complementos alimenticios y publicitar que mejoran la memoria, favorecen los procesos cognitivos, incrementan el rendimiento deportivo e incluso mejoran la salud de los niños afectados por el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

¿Están demostradas científicamente todas estas propiedades atribuidas a la fosfatidilserina? Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, no. Ni mucho menos. En un demoledor informe, su Panel de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos niega que la fosfatidilserina sirva para mejorar ninguno de estos procesos. Además, en dicho informe se deja claro que la ausencia de efectos positivos es común a todas las etapas de la vida: adolescentes, adultos o personas de la tercera edad.

Analicemos otro ingrediente estrella de estos productos: la taurina, un ácido orgánico que interviene en la formación de la bilis y que se encuentra de forma natural en muchos alimentos además de los suplementos que hoy estamos analizando. Un ejemplo son las bebidas energéticas. Concretamente esta molécula, cuyo nombre deriva de la voz latina ‘taurus’ (toro), es un derivado del aminoácido cisteína que contiene el grupo tiol. Aunque la UE dejó claro en 2009 que su ingesta es segura, niega que la taurina tenga un efecto positivo sobre la función cognitiva. Tampoco ayuda a retrasar la aparición de la fatiga tras el ejercicio físico ni tiene ningún efecto sobre la función normal cardiaca o la función muscular. Tampoco la taurina ‘da alas’. Sigamos.

La teanina es un compuesto abundante en el té verde. Se absorbe en el intestino delgado hidrolizándose en glutamato y etilamina. ¿Puede ayudar a optimizar las funciones mentales si la añadimos a complementos alimenticios? No. El Panel de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos de la UE ha dictaminado que la L-teanina de Camellia sinensis (L.) Kuntze no solamente no mejora la función cognitiva sino que tampoco reduce el estrés psicológico, ni mantiene el sueño normal ni nada por el estilo.

Otro de los ingredientes que forman parte de los complementos que prometen ayudar a estudiar o a mejorar la memoria es la siempre fascinante jalea real, una masa viscosa de un suave color amarillo y sabor ácido. Este producto es segregado por las glándulas hipofaríngeas de la cabeza de abejas obreras jóvenes y, mezclada con secreciones estomacales, sirve de alimento a todas las larvas durante los primeros tres días de vida. Sobre el misterioso fenómeno por el cual solo la abeja reina y las larvas de celdas reales que darán origen a una nueva reina son siempre alimentadas con jalea real no toca hablar hoy, pero sí es necesario indicar que este compuesto se encuentra formado por casi un 60% de agua, azúcares, proteínas, lípidos, ceniza, vitaminas, minerales y otros compuestos.

¿Qué ha dicho la UE sobre las múltiples propiedades atribuidas a la jalea real? Nada bueno. Su Grupo de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos ha sido claro. No existe la más mínima evidencia científica de que la ingesta de jalea real ayude al sistema inmune, ni al metabolismo, ni a la función vascular, ni a la salud de la piel, ni a los procesos relacionados con la menopausia, ni a mantener los niveles de colesterol, ni a mantener los niveles lipídicos… y ni mucho menos a mejorar la ‘vitalidad intelectual’.

¿Significa lo expuesto que ningún ingrediente típico de estos caros productos es útil a pesar de lo que publicitan? No. El truco se basa en introducir en su composición una mezcla de vitaminas y minerales que sí poseen propiedades beneficiosas. Lo que poca gente sabe es que esos micronutrientes se encuentran a muy alta concentración en la alimentación tradicional. Por ello no hace falta ningún tipo de suplementación para alcanzar la cantidad diaria recomendada salvo en casos muy especiales. Les pondré un ejemplo.

Uno de los minerales empleados en estos complementos es el fósforo, ingrediente que tradicionalmente se ha asociado a mejorar ciertos procesos relacionados con la memoria. De hecho está aceptado que el fósforo contribuye al funcionamiento normal de las membranas celulares. Pues bien, la cantidad diaria recomendada (CDR) de fósforo EN adultos es de 550 miligramos. ¿Sabían ustedes que muchos de estos complementos para estudiar poseen únicamente 2 miligramos de fósforo, es decir, un 0,36 % de la CDR de este mineral? Seré más contundente. Una sardina de tamaño estándar pesa unos 70 gramos y su contenido en fósforo es de 189 miligramos aproximadamente. Esto implica que una sardina tiene 90 veces más de fósforo que una cápsula de algunos de estos complementos alimenticios. Dicho de otra forma: ¡una sola sardina tiene más fósforo que 3 cajas de ciertos productos que consumen los estudiantes!. Sin comentarios.

Estimados lectores, en los últimos años se están comercializando infinidad de productos destinados a aumentar el rendimiento cognitivo, la memoria, la capacidad intelectual, etc. Estos complementos están inundando aulas, bibliotecas y salas de estudio… y no me gusta nada. Como profesor universitario me cabrea muchísimo que se vendan productos publicitando que pueden ser una ayuda extra para el alumno. Tras leer este artículo creo que queda claro que lo que hay que hacer es alimentarse correctamente, descansar y estudiar. Es decir, aplicar el sentido común.



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