Tinas llenas de petalos de rosa o con sales del mar Muerto, chefs las 24 horas con lechugas, rabanos y raíces orgánicas, asientos nuevos en los inodoros o sofás de cuero blanco. Las estrellas tienen exigencias excesivas y fama de hacer destrozos: el baterista de The Who dinamitaba los baños en sus giras y el cantante de Oasis varias terminó en la cárcel por sus endemoniadas fiestas en su ‘suite’ de turno, pero hay otras peticiones ‘non sanctas’, o definitivamente ridículas, que no quedan en manos de los ‘managers’ ni de los promotores, sino del universo subterráneo de cada ciudad.

Colombia, por desgracia, es un destino ‘exótico’ y con una fama que va más lejos de ‘Encanto’. Y los músicos, por morbo o por ignorancia, hacen peticiones que pueden considerarse un tanto ‘políticamente incorrectas’. Lana del Rey, en una de sus visitas, solicitó conocer la antigua Hacienda Nápoles de Pablo Escobar. Una banda de rock mundialmente conocida le pidió a un ejecutivo de la industria –que decidió no revelar el nombre del grupo– conocer un cultivo de coca. El pobre hombre, entre indignado y consternado, tuvo que explicarles –como si fueran niños– que eran ilegales. “¡No es un cultivo de café!”, les dijo en su momento.

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Hay otro nivel de peticiones que tienen que ver directamente con el bajo mundo urbano y que, por supuesto, no se lo piden a sus ‘managers’ ni a sus anfitriones: sexo y drogas. Y deciden moverse a través de una red subterránea. Luego de la muerte en Bogotá del baterista Taylor Hawkins, de la banda Foo Fighters, y tras conocerse el dictamen de Medicina Legal y de la Fiscalía, se ha vuelto a poner sobre la mesa los peligros de ese imaginario de que Colombia es la ‘meca de las drogas, el sexo y la rumba pesada’.

EL TIEMPO consultó algunos expertos de la industria, que anotan que esa es una realidad que no se puede ocultar, y que incluso se ha convertido en un atractivo turístico no solo para las estrellas de la música, sino para turistas extranjeros en general.

“Claro que los artistas que vienen al país se vuelen locos. Y no son solo ellos, los extranjeros en general. No sé hasta cuándo nos vamos a tapar los ojos y a seguir engañándonos de que la gente viene a ciertas ciudades por su belleza”, comenta Juan Arbeláez, gerente de la empresa de eventos y promoción de artistas 4DMusik.

Colombia –afirma– ofrece además una ventaja de tipo económico, lo que un artista busca en Bogotá o en Medellín, lo busca en cualquier país del mundo. “¿Cuál es la diferencia?”, dice, “que acá es demasiado barato. Compra más droga con lo mismo que vale un solo gramo de droga en Europa o Estados Unidos”, explica Arbeláez. Y lo mismo ocurre con ‘las acompañantes’.

Para Fernán Martínez, empresario de muchos artistas de talla internacional y gran conocedor de la industria, “esta es una realidad”. “Cuando llegan los artistas y las bandas a Colombia, les parece un paraíso”.

Para ilustrar el efecto psicológico que les produce a los artistas o turistas extranjeros llegar al país, Arbeláez lo compara con la misma sensación que un turista siente al llegar a un ‘outlet’ (estas bodegas con megadescuentos de mercancías comerciales) en Estados Unidos. “La gente se enloquece comparando. Es una cuestión de oferta y demanda”, anota.

Lana del Rey

Cómo operan las redes subterráneas

Como los artistas no pueden solicitar los estupefacientes de manera formal, hay algunos operadores de la industria que a veces les colaboran. En otras ocasiones, ellos mismos ya traen el contacto del ‘dealer’.

Con la globalización, nació una figura denominada ‘tour manager’, que es una persona que está todo el tiempo al lado del artista, para asesorarlo en restaurantes, hoteles, proveedores de sonido, de logística de seguridad, lugares turísticos o ayudarlo en requerimientos médicos, por ejemplo. Esta figura nació a raíz de que muchas veces, los artistas llegaban a los países a donde iban a presentarse sin tener mayor conocimiento de las ciudades.

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“Antes, un artista que venía a Colombia no tenía ni idea de dónde iba a tocar, no sabía si un sitio era bueno o malo, qué proveedor de sonido era bueno o malo. Entonces, generalmente, un ‘tour manager’ trabaja para varios artistas y es alguien que ya tiene experiencia y conoce la zona”, explica Arbeláez.

Muchas veces, estos ‘tour managers’, por la naturaleza de su trabajo o para ganarse la confianza de su artista, ya tienen contemplado hablar con colegas suyos locales en cada país, que consiguen el proveedor de sustancias alucinógenas o de servicios sexuales en las ciudades. “Pero al promotor, como tal, no se lo piden ni por contrato ni de manera formal”, aclara Arbelaez.

“Eso suele pasar, pero uno no se mete en nada de eso”, anota el empresario, al señalar que finalmente ellos no pueden interferir en la vida privada de los artistas. Muchas de sus actividades se salen del resorte del empresario que los trae.

Fernán Martínez también explica que muchas de estas estrellas, ya cuentan con unas “redes increíbles”, para conseguir la droga, que puede moverse a través de los técnicos o incluso “ya vienen con el contacto que les tiene la droga y ‘las prepagos’ que necesitan. La fiesta completa”.

Recuerda, por ejemplo, que hace muchos años, los artistas que venían a la capital colombiana le solicitaban con insistencia que los alojaran en hoteles cercanos a la calle 86 con carrera 15. “Yo decía: ‘¿pero por qué me piden ese hotel?’ Luego supe que en ese sector se conseguía de todo”, anota Martínez.

“Y no solamente es para los artistas. Es conocido que hay operadores turísticos que traen, por ejemplo, a San Andrés, a italianos que son trabajadores normales, a los que les entregan apartamentos, mujeres y drogas. A Medellín y Cartagena también llegan. Lamentablemente es eso”, anota el empresario.

Martínez se sorprende hoy, no solo de la calidad, sino de la variedad de oferta que pude encontrar un extranjero en materia de drogas. “¿Quién se las entrega? Es lo que debemos preguntarnos. Llegan con las nuevas drogas. Lo último que hay”, comenta, al resaltar que también, de todas maneras, “las consiguen hasta en Japón”.

Famosos celibato 3

Lenny Kravitz, durante su concierto en Bogotá.

Foto:

Juan Diego Buitrago / EL TIEMPO

Seres humanos, no dioses

Nidia Escobar ha trabajado con artistas musicales durante años, desde diferentes aspectos: comunicaciones, planeación de shows, realización de giras promocionales y de conciertos. “Es un trabajo que desde fuera puede sentirse plagado de romanticismo, pero el acompañamiento de artistas tiene procesos largos y diversos detrás de cada acción o cada evento -dice-, en busca de un resultado que puede ser un concierto lleno o un disco exitoso. Lo primero que uno tiene que entender es que los artistas son seres humanos; uno tiende a idealizarlos, y cada uno tiene un manejo especial. No es lo mismo trabajar con Marco Antonio Solís o Raphael, que hacer una gira con un artista punk”.

De todas maneras, los casos por excesos suelen ser muy puntuales y resultan más coloridas y anecdóticas las peticiones que por lo general hacen esos seres que muchas veces sus fanáticos suelen endiosar, olvidando que son de carne y hueso, como cualquier persona.

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Escobar resalta que el artista viene con un equipo que también requiere atención. “He trabajado con artistas de todo tipo, desde pequeños hasta Aerosmith y, en general, las exigencias son similares en cuanto a temas técnicos de los equipos de sonido y logísticos, como los vuelos y los transportes internos. Hay algunos que tienen excentricidades. Recuerdo el caso de Lenny Kravitz, que en su visita del 2019 al país, puso como exigencia que todo fuera absolutamente orgánico. Incluso buscamos un agua y una miel que no se venden en Colombia, él viaja con su chef como parte del equipo, que compraba todo orgánico y cocinaba para él”.

La experta en manejo de artistas recuerda mucho a Marco Antonio Solís, ‘El Buki’, como un artista más bien tranquilo, porque se podía “llegar a acuerdos con él” y tenía un equipo con el que se podía trabajar con gusto y crear vínculos. También acompañó a Raphael, en la gira de ‘Simphonico’, en el 2016. Era una gira de varios conciertos por Colombia. “Raphael era el juicioso del grupo”, pero sus acompañantes querían salir, conocer y también fue una gira inolvidable para quienes trabajaron con ellos desde Colombia.

“Recuerdo a un artista que vino a Colombia cuando estaba empezando, hoy es muy famoso -dice Escobar, sin mencionar su nombre-. Vino de promoción y quería ir de fiesta. Dentro de mi responsabilidad en ese caso no estaba eso. Yo solo estaba haciendo comunicaciones, pero hicimos click con el equipo y los llevé a Theatrón. Al principio no les gustó el lugar, pero llegaron a divertirse tanto que después tratar de convencerlos de salir fue difícil. Tenían un show al día siguiente a las 2 de la tarde, en el Parque Simón Bolívar, y no querían irse porque estaban sorprendidos de encontrar en Bogotá un lugar tan diverso y divertido”.

A propósito de la edición que terminó el pasado fin de semana de Estéreo Pícnic, los organizadores de este festival recordaron también las exigencias que a lo largo de la historia de este evento han hechos algunos artistas.

“La altura de la sabana cundiboyacense pateó a Disclosure, y para poder hacer su show pidieron 20 tanques de oxígeno. La producción solo pudo conseguir 10 y los usaron todos”, recordaron los organizadores.

O el caso de The Weeknd que pidió imprimir una foto de un jugador de los Lakers y ponerla en el camerino porque los inspiraba, antes de salir al show.

En el año 2018, Damon Albarn, de Gorillaz, se enamoró de la papaya y se convirtió en su fruta favorita. En medio del Festival los integrantes del equipo pidieron tres antes del show y, al final, el cantante se llevó dos más para el hotel.

Pero, por desgracia, no todos se enamoran de las frutas colombianas.

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