Dia del maestro | homenajes – Educación – Vida



Hoy, Día del Maestro, recuerdo a varias personas con gratitud. Hace 40 años, en décimo grado, alguien nos enseñaba a hacer ¡algoritmos! A desmenuzar una rutina para resolver un problema o alcanzar un objetivo, expresándola, con sus diferentes desviaciones y alternativas, en un diagrama de flujo. Y, luego, traduciéndola en un programa en lenguaje Basic.

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Todo, con tiza y tablero. No teníamos forma de saber si los programas funcionaban. En esa época, ¡el colegio qué iba a tener computadores!

Con su experimento, el profesor fortaleció nuestras herramientas mentales, llevando a la práctica impenetrables textos sobre lógica, de filósofos a los que aún no habíamos leído.

Fue también, mi primer profesor de estadística. No recuerdo su nombre, pero gracias padre rector Jairo Armando Caro, por haber abierto las puertas del colegio Cisneros a esas locuras.

Partituras y tabla periódica

Antes, en cuarto grado, María Mercedes Guerrero intentaba enseñarnos a leer partituras y a solfear. Digo intentaba, porque la lógica de un algoritmo, la química o los textos abstrusos de los filósofos son pan comido si se comparan con la dificultad de poseer y ser poseído por la música.

María Mercedes estudiaba en el Conservatorio del Tolima, con la meta de ser maestra de oboe, y en el salón de ballet del Gimnasio Campestre, tocaba el piano y nos guiaba con una tonada para solfear:

“Do-Re-Mi Do-Mi Do-Mi… ”

Y con la misma melodía, a cantar:

“Dominenos nuestra voz… ”

Una canción del musical -y de la película- La novicia rebelde, que se convertiría en una de las herramientas predilectas para que los niños conquisten la música.

Científica y deportista

Ese mismo año, Alba Stella Riveros, nos animaba a competir en gimnasia, ajedrez y atletismo. Le seguí la cuerda en los dos últimos. En el debut me hicieron el jaque pastor, pero para el segundo juego, aguanté más.

Alba Stella enseñaba en el colegio ciencias, aritmética, historia… como se usa en colegios pequeños. Nos acompañaba al estadio a entrenar atletismo y, mientras tanto, cursaba la licenciatura en Biología y Química en la Universidad del Tolima.

Luego supe , por mi tía Lilia, que dirigía el colegio, que había partido a Bogotá donde hizo una maestría en Biología en Los Andes. Y apareció luego en Bélgica, donde terminó un doctorado en Fitopatología. Debe seguir enseñando, ya no a niños, los hallazgos de sus investigaciones.

Gracias María Mercedes, profesor de algoritmos, Alba Stella, dondequiera que estén.



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